Edición Impresa
Lunes 11 de Enero de 2016

“Grafitangueros” en Rosario

En varias paredes del centro rosarino se pueden percibir las huellas de un erudito del tango que tiene por clandestina vocación la pintura de paredes.

En varias paredes del centro rosarino se pueden percibir las huellas de un erudito del tango que tiene por clandestina vocación la pintura de paredes. Este “grafitanguero”, quien indudablemente debe provocar la bronca de los propietarios o inquilinos de las casas o locales comerciales que decora con su prohibido arte, tiene como contrapartida la virtud de provocar la sonrisa de los amantes del dos por cuatro, que mientras vienen caminando distraídos de pronto se tropiezan con inscripciones como esta: “Es el viejo amor q tiembla bandoneón” (sic), evocación casi literal de ese clásico llamado “La última curda”, compuesto en 1956 por la inefable dupla Aníbal Troilo-Cátulo Castillo. Pero los aplausos se los lleva una cita de “Sur” (Troilo-Manzi) que contiene una inesperada sutileza: “Y tu nombre florando en el adiós” (sic) reza la inscripción, acaso no casualmente perpetrada sobre calle San Juan. Se revela así que el autor del grafiti conoce que la versión original de la letra, escrita por el gran poeta de Añatuya, decía “florando” en vez de “flotando”. Fue nada menos que Edmundo Rivero —quien primero entonó los versos— el que cambió la “r” por la “t”. Manzi aceptó la modificación y desde entonces se canta “flotando en el adiós”. Pero nuestro “grafitanguero” es todo un experto. Y según queda claro, va a las fuentes.

No le gusta el romance

La mediática relación entre José Ottavis, diputado del Frente para la Victoria, y la espectacular Vicky Xipolitakis, que escaló al podio de la fama tras compartir la cabina de una aeronave con dos solícitos pilotos, sigue levantando polvareda. El que se enojó en serio con el hombre de La Cámpora fue el ex dirigente piquetero Luis D’Elía, quien según se sabe no es afecto a la delicadeza a la hora de expresar sus opiniones. En Twitter, D’Elía no dejó dudas: “Esto nos frivoliza, nos menemiza”, disparó furibundo. El bueno de Ottavis, enamorado, piloteó la situación con ingenuidad de adolescente: “Con Vicky nos conocemos hace poco, estamos felices”. Sin embargo, para el fundamentalista D’Elía no quedan dudas: “Ottavis debe renunciar”. Qué falta de romanticismo.

Comentarios