Economía
Domingo 04 de Septiembre de 2016

Gradualistas, ortodoxos y el clima de la calle

Como Jason contra Fredy o Allien vs. Depredador, la guerra de egos también abre grietas entre los monstruos del ajuste.

Como Jason contra Fredy o Allien vs. Depredador, la guerra de egos también abre grietas entre los monstruos del ajuste. Mientras las cifras oficiales volvieron a marcar caídas históricas en sectores sensibles a la actividad económica, como la construcción y la industria, Alfonso Prat Gay y Federico Sturzenegger expusieron sus disputas en torno de la inflación de agosto. Un indicador que, como consecuencia de la recesión, promete desacelerar. El gobierno interpreta el dato como un éxito algo pírrico.

"La inflación de agosto será la menor en diez años, se cumple así lo que dijo el gobierno, por lo cual ya no es un tema", dijo el ministro de Hacienda. Es la misma persona que aseguró en octubre que los precios no se moverían con la devaluación porque ya toda la economía se indexaba al dólar blue y que, dos meses después, vaticinó una inflación de 25% anual. "No hay evidencias de que la baja de agosto se sostenida", lo cruzó el presidente del Banco Central, que prometió no relajar su política de sacar pesos de la actividad económica a través del negocio financiero de las Lebac.

La guerra entre el gradualismo fiscal y la mazorca monetaria divide aguas en la city y fue parte del debate entre los oradores del precoloquio de Idea en Rosario. Pese al impacto del jubileo fiscal a los sectores económicos de mayor peso en el país y la parálisis de la obra pública por seis meses, el relajamiento del ajuste presupuestario seria el programa de los gradualistas. Poner en marcha un plan de obra apalancado con deuda para reactivar algo la economía sería la llave para tener un transito aceptable en las elecciones de 2017. Recién allí, consolidado el nuevo mapa político, vendrían las inversiones. El economista Miguel Kiguel dijo en el auditorio de la Bolsa: "El déficit es tolerable por el margen para financiarlo con deuda, dado el desendeudamiento que dejó el gobierno anterior". El politólogo Sergio Berenztein, colega de panel, se ubicó del otro lado. Advirtió que "dramatizar la elección del año próximo" podría postergar y poner en riesgo, según el resultado de los comicios, las reformas que debe llevar Mauricio Macri.

Estas reformas son básicamente las incluidas en la batalla cultural que lanzó el presidente. Esto es, convencer a la población de que flexibilizar y precarizar el empleo, bajar el salario, reducir el consumo y las condiciones de vida, resignar la aspiración de desarrollar un tejido industrial propio y convertir derechos colectivos en negociaciones individuales, son condiciones necesarias para mejorar la rentabilidad de los empresarios ganadores del modelo, que alguna vez derramaran sus beneficios sobre el resto.

"No pongan palos en la rueda", les dijo Macri a los trabajadores. Luego de las alusiones de Prat Gay sobre el trabajo sucio, pocas frases fueron tan descriptivas del programa en juego. Un plan que no discuten ni gradualistas ni ortodoxos en el gobierno. Sí lo puso en discusión un sector importante del sindicalismo, los movimientos sociales y las entidades representativas de las entidades que participaron de la marcha federal de la semana. Reivindicaron la centralidad del movimiento obrero en esta etapa, metieron presión a la CGT por un paro nacional y llamaron a articular un frente multisectorial que resista el ajuste y contribuya a combatir el modelo económico en las elecciones de 2017 y 2019.

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