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Sábado 08 de Mayo de 2010

Good bye Lenin!... Hello Gramsci!

Por Alejandro Gelfuso (*) / En su libro "A propósito de Lenin. Ensayos sobre el capitalismo tardío", Slavoj Zizek dice que "repetir a Lenin no significa retornar a Lenin, sino aceptar que Lenin está muerto (...) pero había allí una chispa utópica que vale la pena salvar". A pesar de los debates en torno a su caracterización del "socialismo real", "Good bye Lenin!" (2003) dirigida por Wolfgang Becker, presenta una serie de sentidos que no pueden dejarse de lado.

En su libro "A propósito de Lenin. Ensayos sobre el capitalismo tardío", Slavoj Zizek dice que "repetir a Lenin no significa retornar a Lenin, sino aceptar que Lenin está muerto (...) pero había allí una chispa utópica que vale la pena salvar". A pesar de los debates en torno a su caracterización del "socialismo real", " Good bye Lenin!" (2003) dirigida por Wolfgang Becker, presenta una serie de sentidos que no pueden dejarse de lado.

Alex Kerner (Daniel Brül) es un veinteañero que, en los días previos a la caída del muro de Berlín, protesta en las calles de la República Democrática Alemana (RDA) contra la burocracia del gobierno de Eric Honecker. Su madre, Christiane, dirigente del Partido Socialista Unificado, pierde el conocimiento al verlo enfrentarse contra la policía estatal y despierta 8 meses después, cuando todo se ha derrumbado. Ya advertido por el médico de dejarla en reposo y sin grandes disgustos, ocultará a su madre que el Muro ha caído. Para ello montará, junto a su amigo Denis, una serie de falsos telediarios en los que escribirá su propia historia del país.

Hacia el final, Alex admite que el juego se le ha ido de las manos; los personajes afirman que "no basta con soñar con una sociedad mejor, es necesario darle vida". La ficción se convierte en una RDA alternativa, reinventada tal y como debería haber sido. Así, construye su propia ficción en paralelo a la ficción oficial de la unificación, coronada por la victoria en el Mundial de Fútbol de 1990. "Good bye Lenin!" va más allá de la nostalgia acrítica del pasado, recordándonos el potencial emancipatorio de Lenin, tan lejano al fetiche de la estatua que cae ante los carteles de Coca-Cola, pero tan cercano al Antonio Gramsci de La Ciudad Futura que nos llama, sin preámbulos, a "acelerar el porvenir".

(*) Movimiento Giros

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