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Domingo 20 de Noviembre de 2011

Gobierno de nuevos tiempos

La composición del gabinete de gobierno de Antonio Bonfatti es la pulimentada demostración de los nuevos tiempos que atravesará el Frente Progresista, en general, y el socialismo, en particular, durante los próximos cuatro años.  

La composición del gabinete de gobierno de Antonio Bonfatti es la pulimentada demostración de los nuevos tiempos que atravesará el Frente Progresista, en general, y el socialismo, en particular, durante los próximos cuatro años. La incorporación de numerosos radicales en todas las líneas del Ejecutivo hubiera sido impensable en un horizonte despejado de turbulencias respecto a la gobernabilidad.

El fresco institucional que quedó pintado tras los comicios provinciales, con el peronismo dominando las dos Cámaras en la Legislatura, sumado a la exigua diferencia con que el Frente Progresista derrotó al PRO de Miguel Del Sel, obligó a los socialistas a extremar los movimientos de cintura a la hora de confiarles tres ministerios a la Unión Cívica Radical que, por esta hora, a excepción del sector que lidera Jorge Boasso (claramente dejado al margen), celebra el buen pago recibido.

Cargos y nombres. Cerradas las designaciones en los ministerios, Bonfatti, Rubén Galassi (e incluso Hermes Binner) ataron ya la incorporación de las fuerzas menores al gobierno. A la Coalición Cívica, puntualmente a Pablo Javkin, le fue ofrecida una secretaría en Justicia. Aunque Javkin no aceptará el cargo (se dedicará desde el llano a ser una de las caras visibles de la nueva conducción de su partido), la Coalición Cívica participará activamente del Ejecutivo y, desde su interior, admiten la buena predisposición del socialismo para encarar la nueva etapa. Lo propio sucede con el GEN y el PDP.

La gestión de Bonfatti deberá extremar los consensos desde el mismo momento en que asuma, con los sentidos atentos en la Legislatura, ámbito en el que se deberán negociar todas y cada una de las leyes atento a la nueva realidad política. Por esa cuestión matemática es que el socialismo necesita, primero, evitar movimientos díscolos en el interior del Frente Progresista para luego sí encarar las negociaciones con el PJ.

En paralelo con los nombramientos y designaciones, hay vías de diálogo con diferentes sectores del Partido Justicialista. Desde la Casa Gris se siguen con creciente expectativa las derivaciones de la interna opositora respecto al aval que podría recibir María Eugenia Bielsa para presidir la Cámara de Diputados. En ese sentido, se reproducen a la velocidad de la luz los comentarios que, por lo bajo, muestran poca predisposición del rossismo a aceptar sin beneficio de inventario que Bielsa sea la referencia máxima del peronismo.

Agustín Rossi admitió que la hoy concejala es la que más chances tiene de presidir Diputados, pero también envió un mensaje que busca condicionar cualquier intento de rúbricas de cheques en blanco, atando esa posibilidad a una tarea colectiva. En el socialismo comparten con el kirchnerismo alguna tirria hacia las posibilidades de Bielsa, quien tiene el inmejorable aval y legitimidad que otorgan los votos de los santafesinos.

La Legislatura tendrá desde el 10 de diciembre una visibilidad que nunca antes logró desde 1983 a esta parte. Antes de lo previsto surgieron versiones sobre "funcionalidades" potenciales entre el gobierno nacional y el socialismo santafesino de cara a objetivos que, lejos de bifurcarse, podrían llegar a emparentarlos. En efecto, Bonfatti confirma hoy en la entrevista concedida a LaCapital (ver páginas 14 y 15) que la reforma constitucional en Santa Fe es un anhelo que el socialismo mantiene vigente, aun con limitaciones al proyecto original que contemplaba la unicameralidad, posibilidad que se eliminó del bosquejo por la reacción negativa del radicalismo.

Sabe Bonfatti que ese interés por la modificación de la Carta Magna santafesina podría empalmar desde el Ejecutivo nacional con el intento hoy guardado bajo siete llaves de reformar la Constitución nacional para incluir el sistema parlamentario, instancia que podría convertirse en atajo para que se perfile la ilusión de una "Cristina eterna", como alguna vez planteó la diputada nacional Diana Conti, inmediatamente convocada a silencio desde las más altas esferas de la Casa Rosada.

La mancomunión de intereses potenciales entre kirchneristas y socialistas va de la mano con cierta mirada positiva que baja desde el poder nacional hacia Binner por el hecho de que los diputados nacionales del Frente Amplio Progresista que ingresen a la Cámara de Diputados el 10 de diciembre constituirían una plataforma para la habilitación de una "agenda progresista" de cara a la voceada "profundización del modelo" que la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, se encarga de resaltar cada vez que le toca hablar desde una una tarima.

El tono contemporizador de Bonfatti en las vísperas de su asunción y la admisión de que piensa incorporar a dirigentes justicialistas a algunas estructuras de la administración hacen correr los rumores sobre acuerdos que, sin embargo, hasta ahora no han salido a la luz ni se han corroborado en designaciones. Apenas faltan unos pocos días para saber si los corrillos tienen alguna entidad en la práctica.

La hora de Fein. La articulación que el socialismo le ha dado al futuro gabinete se completará en Rosario con las designaciones que planea Mónica Fein, encargada de compensar al radicalismo rosarino con algunos cargos que limiten las críticas de Boasso o, al menos, impidan que se amplíe el radio de acción. A diferencia de Bonfatti, Fein logró una victoria amplísima sobre la oposición, brecha que le permite una mayor amplitud de movimientos, a pesar de que el Concejo Municipal muestra coloraturas de diverso origen.

Tras interminables negociaciones, rondas de café, vetos y admisiones, la política santafesina deja atrás un año saturado de campañas, elecciones y nombramientos. Se viene el tiempo de gobernar.

 

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