Cartas de lectores
Lunes 10 de Octubre de 2016

Gobernantes de manual

Cuando enciendo la radio o veo TV espero escuchar a profesionales de la comunicación diciendo algo un poco más esclarecedor de lo que decimos los legos. No sólo tienen la capacitación para estar delante de un micrófono sino el acceso a muchas fuentes de información, que no tenemos los ciudadanos comunes, como para esbozar un esquema más completo de lo que sucede con distintos temas, por ejemplo "la inseguridad". Porque para escuchar lo mismo que dice mi vecina que sólo opina por lo que ve o repite lo que otros regurgitan (no es su obligación estar al tanto de todo) no sé para qué sirven la instrucción y educación específica de tantos comunicadores que hay. Aunque la capacitación es tan importante, la diferencia —como en todas las profesiones— entre unos y otros es la "capacidad" que es propia de cada uno y en el caso del periodismo creo que también es vital tener avidez por averiguar, investigar y tratar de responderse inquietudes para así poder transmitir lo mejor posible, si no sólo son leedores de noticias. Todos los ciudadanos somos opinadores y sabedores de lo que hay que hacer, somos "gobernantes de manual", incluso muchos, que han sido oposición, muy críticos e intolerantes cuando aún no eran gobierno, una vez que les tocó gobernar, empiezan a ver todas las áreas que tienen que controlar y los "frentes" que tienen que equilibrar y necesariamente deben sopesar las dificultades a enfrentar, entonces allí se caen aquellas recetas infalibles y mágicas que tenían, deben retrotraer medidas apresuradas, empiezan a justificarse con frases como "el año que viene", "no soy mago", "nos ponen palos en la rueda" o "estamos aprendiendo". Las multitudinarias marchas por la inseguridad demuestran lo hastiados que estamos de sentirnos tan vulnerables, pero creo que es peligroso alentar remedios caseros que sería fomentar que estemos armados y que gane el más fuerte, hay que pensar que generalmente somos los perdedores, primero porque un sólo miembro de nuestra familia estaría armado y se enfrentaría a más de uno (generalmente los delincuentes son más de uno y todos armados), segundo porque a la hora del "mano a mano" el más fuerte siempre es el que menos tiene para perder, el que "está jugado" como dice mi tía, y tercero porque no sólo basta tener un arma sino que hay que ser un experto tirador, lo más probable es que sólo alcancemos a "ostentar" el arma para recibir la respuesta fatal. Además, y fundamental, viviríamos en un caos aún con más inestabilidad temiendo que cualquier persona enojada y fuera de sí por cualquier motivo nos pegue un tiro. Tampoco garantiza más seguridad la aplicación de la pena de muerte que tanta gente desesperada pregona como solución, por algo en muchos grandes países ya no la aplican. Es mejor seguir viviendo en estado de derecho pero para eso necesitamos que el Estado y el Derecho nos protejan, el uno arbitrando los medios posibles para "impedir el facilitamiento del delito" y el otro para castigar fehacientemente a los que los cometen. En eso sí tenemos que poner nuestra energía más potente, en reclamar y exigir soluciones. Hay que volver a enaltecer la función policial como defensores de la ciudadanía, ser policía tendría que ser una profesión honrosa y no como hoy una mera salida laboral. Los ciudadanos podemos contribuir, por ejemplo, enseñándoles a nuestros hijos que no hay que comprar objetos sospechados de ser robados (usados o mucho más baratos) pues estamos fomentando a que nos roben también y el círculo vicioso nunca se rompe.

Marta Demarchi

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