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Jueves 06 de Agosto de 2009

Fútbol intoxicado

Estoy cansado de ver a jugadores de fútbol besar la camiseta de su nuevo club sin tener ninguna historia en esa institución. Estoy cansado de las cosas turbias que hay detrás del futbol profesional, de los negocios y los negociados...  

Estoy cansado de ver a jugadores besar la camiseta de su nuevo club sin tener ninguna historia en esa institución.

Estoy cansado de esos directores técnicos que dicen actuar desde la pasión mientras se llenan sus bolsillos esquilmando las arcas del club.

Estoy cansado de escuchar a Grondona hablar de la crisis del fútbol como si él no fuera responsable de ella cuando hace 30 años que está petrificado en el máximo sillón de la AFA.

Estoy cansado de los arbitrajes dudosos que en más de una vez deciden campeonatos.

Estoy cansado de la falta de transparencia, de que sea un secreto de Estado cuánto gana cada jugador o técnico, y cuando alguien osa difundirlo haya directivos, jugadores, técnicos y hasta periodistas que se escandalizan porque supuestamente esto rompe con “los códigos del fútbol”. ¿De qué códigos hablan? ¿Los de contratos millonarios que terminan fundiendo a los clubes?, ¿el de los contratos parte en blanco y parte en negro para evadir al fisco? ¿Por qué si pedimos a grito transparencia en la cosa pública, los socios de los clubes no pueden saber cuánto se le paga a cada jugador y al técnico, qué se hace con su dinero? ¿Qué se quiere esconder? En el fútbol europeo sabemos, por ejemplo, lo que gana Messi por año, por mes, por día y hasta por hora y por minuto. ¿Por qué acá todos los clubes no difunden públicamente al inicio del torneo la cifra de todos los contratos?

El fútbol es por lejos el deporte más popular en la Argentina, y si queda algo genuino a esta altura es seguramente el sentimiento de los hinchas. Nunca nos olvidemos, los únicos que tienen puesta la camiseta por sentimiento son los hinchas y algunos directivos, nadie más, pero nadie más. Para todos los demás, el fútbol es un negocio, en el mejor de los casos; o un negociado, en el peor.

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