Edición Impresa
Domingo 19 de Enero de 2014

Francia y sus tardíos arrebatos de lucidez económica

Hoy Europa está severamente bloqueada por un Estado desmesurado y sobreendeudado que lastra a su economía, la que hasta hace 20 años fue modelo para el mundo.

Los que en Argentina aún defienden al senil régimen cubano y al calamitoso chavismo venezolano diagostican con solemnidad que Europa se hunde en una crisis tremenda, voraz, inhumana. Crisis del capitalismo, faltaba más. No del Estado hipertrofiado, pese a la evidencia abrumadora en este sentido.

   Hoy Europa está severamente bloqueada por un Estado desmesurado y sobreendeudado que lastra a su economía, la que hasta hace 20 años fue modelo para el mundo. El caso más en boga últimamente es Francia. En medio del affaire por sus novias oficiales y clandestinas, el presidente socialista François Hollande anunció el pasado martes un plan de ajuste del gasto por 50 mil millones de euros en un trienio y de recorte de los aportes patronales por 30 mil millones, a cambio de una real creación de empleo de calidad. En sus primeros 18 meses en el cargo Hollande aplicó la ortodoxia socialista, con pésimos resultados. Ahora anuncia lo que hace seis años Nicolas Sarkozy prometió pero nunca se animó a concretar.

   El plan presentado por Hollande ante 600 periodistas fue de inmediato fulminado por la “gauche” del establishment, reina de los medios y los aparatos culturales, y también por la izquierda en serio, radical y plebeya.

   Ocurre que al menos desde 1995 Francia se resiste al “ajuste”: o sea, sencillamente, a sincerar sus gastos en relación con su capacidad contributiva. Cuadrar ingresos con egresos es blasfemo para esta intellighentzia francesa, tan parecida a la argentina, a la que ha abastecido durante medio siglo de “maîtres á penser”, todos rigurosamente anticapitalistas y antiliberales.

   Hollande, después de un año y medio de golpearse la cabeza contra la realidad, se dio cuenta: así no va. Francia vive por sobre sus posibilidades desde hace décadas (el último superávit fiscal es de 1973), y eso se cubre con deuda pública.    

   La deuda pública de Francia ha crecido, sólo en el segundo trimestre de 2013, en 41.911 millones de euros, y se sitúa en la pavorosa cifra total 1.912.205 millones, casi dos billones de euros. Este número supone el 93,5% del PBI. Preocupa también su ritmo de crecimiento: en el primer trimestre de 2013 era el 91,90% del PBI. Y si comparamos la deuda a fines de 2012 con la de un año más tarde, se ha incrementado en 79.788 millones de euros.

   Creer que esto puede sostenerse sin fin, o cubrirlo con más y más impuestos cuando la presión fiscal francesa ya es altísima (casi 46% en 2012), es falaz por donde se lo mire. Los insultos lanzados desde Nueva York por Paul Krugman (típico economista de campus que jamás trabajó en un Ministerio de Hacienda ni en la economía privada) son sin dudas un excelente síntoma: si Krugman descalifica violentamente a alguien, es casi seguro que el blanco de su ira va por el camino correcto. ¿Significa el planteo del presidente galo “desmantelar el Estado de bienestar” como denuncian los izquierdistas de salón? Hollande respondió con claridad: no, al contrario, y agregó: “Soy socialdemócrata”. Tremenda blasfemia para el PS francés, cuya base militante ve en el término maldito una concesión al pragmatismo y a los mercados. En Francia “socialdemócrata” remite de inmediato a Alemania, donde hoy el SPD gobierna por segunda vez en pocos años bajo el mando —¡horror!— de Angela Merkel. Que un término como “socialdemócrata” sea anatema para una gran parte de la sociedad francesa es todo un síntoma. El PS francés debe tener finalmente su congreso de Bad Godesberg (1956), aquel en el que el SPD alemán abandonó la doctrina marxista y su carácter clasista-obrerista y aceptó la economía social de mercado. Es hora: corre el año 2014.

Comentarios