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Domingo 30 de Agosto de 2015

Fragmentos de vidas rotas

Los que siguen son datos de los rugbiers desaparecidos y asesinados. Apenas retazos vertidos por amigos y familiares que intentaron reconstruir sus retratos.

1- Adolfo Strappa
De Sagrado pasó a Universitario y terminó jugando en Maristas. Se desempeñaba como centro o wing forward. Militaba en la Organización Poder Obrero (Ocpo). Había cursado el secundario en varios colegios. Estudiaba filosofía en la UNR. Desapareció a los 21 años, el 4 de noviembre de 1975. Estaba casado con Noemí Aguado, con quien tuvo un hijo, Javier. “No era un gran deportista, era vago para el deporte. Pero era un tipazo: solidario con los humildes y la lucha obrera”, dijo su mujer, quien fue secuestrada con cuatro meses de embarazo. “En realidad lo buscaban a él, que un día se fue de casa, dijo que volvía a cenar y nunca más volvió”.

2- Horacio Ferraza
Jugaba en Universitario, de pilar. Le decían Chachi, cursó el secundario en el Superior de Comercio y cursó arquitectura. “Jugó poco tiempo porque no veía un pomo, usaba anteojos culo de botella. Como rugbier era rudo y fortachón, no muy hábil pero con una voluntad increíble. En realidad era un buen esgrimista, un capo”, dijo Carlos Pérez Rizzo. “De hecho hay una Copa de la Federación Santafesina de Esgrima que lleva su nombre”, dijo otro ex compañero de Ferraza, Daniel Nasini. Chachi era militante de la JUP y Montoneros. Un grupo de tareas lo baleó el 23 de septiembre de 1976.

3- Luis Bonamín
Jugador de Universitario como centro o wing forward. Un ex entrenador recordó que Luis formó parte de su escuelita de rugby desde la quinta división. “No se hablaba de la militancia por esos días. Cuando comenzaban a militar, se iban. Supe más tarde que su familia le pidió ayuda tras su desaparición a su tío, que era sacerdote y se negó a prestársela”. El ex técnico se refirió así a su tío, el provicario castrense Victorio Bonamín, de vinculaciones con el gobierno militar de la época. Luis había sido alumno del San José y cursaba ingeniería. Lo secuestraron el 16 de marzo de 1976, mientras realizaba una pintada. Lo llevaron a una dependencia policial de Catamarca y Corrientes, dato que le constaba a su tío el sacerdote, quien había apuntado en un diario que hasta allí se lo había visto “todavía vivo”. Su cuerpo apareció acribillado al costado de una autopista. Se publicó en la prensa que había sido parte de un enfrentamiento.   

4- Fernando Alberto Belizán
Jugaba en Universitario de wing forward o ala. Iba al Sagrado Corazón al mismo curso que el represor José Rubén Lofiego, “un loco por demás de desagradable”, dijo José Belizán, uno de los hermanos de Fernando. Y un amigo que jugó con el en la quinta división de Uni lo retrató como “un tipo entrañable y cariñoso, alegre, gran amigo de sus amigos y un excelente ser humano. La última vez que lo vi fue a la compañía de seguros donde yo trabajaba. No duró mucho la conversación. Había ido a despedirse. Nos abrazamos, se nos cayeron unas lágrimas y no volvimos a vernos”. Fernando fue alumno del Sagrado, se casó con Analía Arriola (también secuestrada y desaparecida) y tuvo dos hijos, Nicolás y Mauricio, entregados a sus familiares. Fernando fue asesinado en Tucumán, a los 27 años, el 16 de agosto de 1976.

5- Juan Carlos Vicario
Universitario, forward, pilar. Había sido estudiante del Superior de Comercio. Tenía 29 años, era comerciante y estaba casado con Stella Gallicchio, de su misma edad, cuando lo secuestraron. Su mujer y su hijita Ximena habían sido detenidas horas antes, el 5 de febrero de 1976, en Capital por un grupo de tareas del Primer Cuerpo de Ejército. Ximena fue abandonada en la Casa Cuna con un cartel que decía “Soy hija de guerrilleros”. Susana Siciliano se la apropió, pero finalmente fue restituida el 3 de febrero de 1989. Sus padres permanecen desaparecidos.

6- Roberto Enrique Darío De Vicenzo
Old Resian, wing. Había sido estudiante en el Superior de Comercio y militó en la JUP. En el ambiente del rugby lo conocían como el Linyera. “Era muy rápido como jugador de rugby”, dijo Gerardo Rico, quien cursó materias con él en Ciencias Económicas y también compartió con él el servicio militar en Prefectura. “Recuerdo que una vez pasaron lista y el sargento gritó: «¡De Vicenzo!». Un soldado quiso hacer una broma y contestó por lo bajo que estaba jugando al golf, porque se llamaba igual, Roberto De Vicenzo. ¡Por esa broma nos bailaron dos horas!”. Tenía dos hijos y 24 años cuando fue raptado el 27 de septiembre de 1976, horas después de su mujer, Miriam Moro, embarazada de tres meses. Sus restos fueron recuperados en 2010 tras estar enterrados como NN en el cementerio de Barracas. Posteriormente fueron sepultados por su familia en el cementerio de Granadero Baigorria.

7- Palmiro Labrador
Jugó en Tacuara, un club que se desintegró tras la muerte de un jugador: algunos rugbiers se fueron a Universitario y otros a Duendes. Militaba en la JUP. Los asesinaron a él y a su mujer Edith Koetz en octubre de 1976 en un simulacro de enfrentamiento. Bajo las órdenes del comandante en jefe del Segundo Cuerpo de Ejército, Leopoldo Fortunato Galtieri, el 10 de octubre de 1976 unos veinte hombres encapuchados y armados, al frente de José Lofiego, invaden el domicilio del padre de Palmiro y su esposa y les informan que ya han dado muerte a su hijo y su mujer. Posteriormente son asesinados también su padre y hermano. Cuando el general Galtieri le concedió audiencia a su madre Esperanza Labrador (Madre de Plaza de Mayo) le dijo que la muerte de su marido había sido “un lamentable error” y que a su hijo y su nuera los mataron “por montoneros”. Esos hechos estuvieron incluidos entre los fundamentos por los cuales se le requirió, en 1996, al juez español Baltasar Garzón que abriera una causa penal contra los perpetradores del terrorismo de Estado de la dictadura argentina entre 1976 y 1983.

8- Rodolfo Segarra
Sagrado Corazón y Jockey, wing forward. “Jugó en Sagrado Corazón, donde jugaba Daniel Baetti, luego él se fue a Jockey y Baetti a Plaza”, recordó su hermano Nicolás, ambos ex wing forwards. “Chiquitos y movedizos, habremos jugado unos siete años cada uno”, agregó. A Rodolfo le decían Hueso. “Era bastante bueno pero tuvo que dejar de jugar porque tuvo tres convulsiones cerebrales. Jugó desde la sexta a la primera división”, recordó Nicolás, quien apuntó que ambos iban al Liceo Militar de Funes. “Él cursaba en cuarto y yo en segundo. Recuerdo que hasta un teniente del ejército trataba de convencernos de que nos fuéramos de allí, teníamos otras ideas frente a la misma realidad. Nos fuimos al Normal 3 y militamos en la UES”. La vida de club para ellos también se hizo contradictoria. “No se hablaba de política, era como traicionar la tradición. Incluso en mi casa se hacía difícil. Yo tenía lindos recuerdos del rugby pero cuando salí de la cárcel, salvo dos o tres personas, nadie volvió a acercárseme. A mí me secuestraron antes, en el campo de mi viejo, pero a él lo fusilaron en un supuesto intento de copamiento en Ibarlucea con cinco más. Hoy en día no me gusta el ambiente del rugby, pero el deporte es mi pasión, no me pierdo un partido por la tele”. Rodolfo Segarra fue detenido a principios de 1977 y asesinado en Ibarlucea. Su padre, Mario Segarra, denunció que el enfrentamiento no existió y que las víctimas fueron previamente secuestradas, estuvieron en la ex Jefatura y luego fueron asesinadas y transportadas allá en un plan elaborado entre Galtieri y Feced.

9- Jorge Araya
Echesortu, Jockey, wing forward. Le decían Woki Toki. Era militante montonero y abogado. A él y a su mujer, Adriana Estévez, los asesinó la Triple A. Él tenía 27 años y ella 26. El 23 de julio apareció el cuerpo de Jorge en el paraje El Espinillo, del río Carcarañá, con una maceta de veinte kilos atada a su cuerpo y los ojos vendados con cinta adhesiva. Su mujer apareció antes. Era estudiante de psicología. Su cuerpo tenía impactos de bala y trozos de mármol atados al cuello para evitar que flotara.

10- Juan Hernández Larguía
Jockey, tres cuartos. Le decían Canche. Lo mataron el 5 de octubre de 1975, cuando tenía 19 años. Pertenecía a una familia tradicional de la ciudad,  su padre era un prestigioso abogado y socio del Jockey Club. Juan había cursado el secundario en el colegio Stella Maris y era militante de la UES. Tomó parte en el asalto al Regimiento de Infantería 29 de Monte, en Formosa. Días antes de partir hacia aquella provincia se despidió de todos sus amigos y conocidos y nadie entendía por qué. Su cuerpo sin vida fue retirado por sus familiares, y velado en la capilla Cristo Rey de Fisherton. No se les permitió la entrada a sus amigos militantes. Fue enterrado en Rosario luego de que su padre, a días del ataque al regimiento, fue cruzado por un desconocido en la calle que le dijo: “Su hijo murió como un héroe. Vaya a buscar su cuerpo a Formosa”.

11- Hugo Alberto Megna
GER. Fue militante montonero. Cuando se proletarizó se fue a trabajar a una fábrica y en un accidente laboral perdió un dedo anular. Él decía que parecía que tenía la mano del Pato Donald. “Sólo me molesta cuando quiero atarme las zapatillas porque me paso de largo el cordón”, bromeaba. Se casó con Adriana Tasada. Ambos, con 20 años de edad y junto con su hijita, fueron secuestrados en Villa Gobernador Gálvez el 4 de septiembre de 1977, cuando estaban a punto de comer una raviolada. Él trabajaba en una fábrica y ella en la Aduana de Rosario y cursaba derecho. Su hijita, María Laura, fue apropiada, pero seis meses después la abuela materna la recuperó. La hermana de Adriana, Laura, recuerda a Adriana como muy distinta a ella: “Ella se desmayaba ante la sola mención de Serrat y a mí me gustaban los Beatles, y el combinado de la pieza comenzó a ser nuestro objetivo de batalla”. A mediados de octubre del año de su desaparición Rubén Lo Fiego mostraba la foto de los cadáveres de Adriana y su marido Hugo a los que estaban detenidos en la ex Jefatura durante los interrogatorios.

12- Héctor Larrosa
Logaritmo. “Aún lo veo... inmenso, con la camiseta granate de Loga”, recordó un ex compañero, Roberto Rivarola. Le decían Gordo. Cursó el secundario en el Politécnico, colegio que lo homenajeó en 2010 junto a otros estudiantes desaparecidos. Fue asesinado luego de ser secuestrado en 1976 y padecer torturas. Fue visto con vida en el centro de detención conocido como la Quinta de Funes. “Le decíamos Hetito. Tuvo problemas en la cervical por jugar al rugby, pero nada serio. Era lo más hermoso y cariñoso del mundo. Se preocupaba por los que menos tenían, como su papá que era socialista y como yo, que trabajé como maestra en La Forestal”, dijo su tía abuela, Delia Larrosa, de 91 años.

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