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Sábado 22 de Febrero de 2014

Formar ingenieros: un desafío de cambio e innovación

Es una meta compartida que los profesionales que se gradúen aporten sus conocimientos y creatividad al desarrollo del país

Históricamente, las carreras de ingeniería se han caracterizado por la constante búsqueda e incorporación del desarrollo y la innovación en la formación de sus estudiantes. Esta tradición nos define y marca un rumbo de acción para quienes hacemos docencia, investigación y/o gestión en unidades académicas en las que se dictan carreras de ingeniería.

En un contexto mundial de constante cambio, se vuelve imprescindible la revisión permanente de contenidos y metodologías de enseñanza. Los estudiantes que ingresan hoy serán ingenieros varios años después, y deberán desempeñarse en un mundo muy distinto al que conocieron cuando ingresaron a las carreras. Nuestro desafío es formarlos con bases sólidas, con conocimientos lógicos suficientes para poder aplicarlos a diferentes tecnologías.

La experiencia nos muestra que se requieren profesionales capaces de trabajar en equipo, vincularse interdisciplinariamente, ser emprendedores, creativos, capaces de adaptarse a los cambios, adecuarse a cambios tecnológicos y proponerlos, comunicarse eficientemente y ser capaces de continuar su formación de manera autónoma.

Esto crea un verdadero desafío, ya no pensamos en un modelo académico puramente técnico, pensamos en ingenieros que puedan desarrollar su profesión de forma amplia, incorporando competencias variadas y formándose para un desarrollo sostenible. Ingenieros que tienen un rol fundamental en lo que hace a la sostenibilidad y cuidado del medio ambiente. Profesionales con una visión amplia, abarcativa y sistémica del mundo, tanto desde lo técnico como desde lo social.

Queremos ingenieros emprendedores, que sueñen con lograr desarrollos e innovaciones, que se animen a generar sus propios proyectos laborales, que sepan cómo afrontar este proceso y desempeñar su profesión con ímpetu y voluntad de crecimiento. Las facultades de ingeniería del país compartimos esta visión, y compartimos también la meta de formar cada vez más ingenieros que se queden en el país, que aporten sus conocimientos y creatividad para el desarrollo. Aquí nunca la cantidad puede ir en detrimento de la calidad, por el contrario, necesitamos más y mejores profesionales de la ingeniería.

Esta realidad se plasmó en el Plan Estratégico Nacional, que plantea como objetivo duplicar la cantidad de graduados para 2021. En 2005 se graduaba 1 ingeniero cada 6.700 habitantes, la meta es 1 ingeniero cada 4 mil habitantes. El desarrollo sostenible del sistema productivo y del sistema científico, tecnológico y de innovación requiere inexorablemente el logro de este objetivo nacional.

Pero para que más estudiantes finalicen la carrera se requieren políticas articuladas, capaces de despertar vocaciones tempranas, facilitar la transición entre la escuela media y la universidad, retener a los alumnos, apoyarlos económicamente y generar las condiciones necesarias para que la captación temprana por parte de las empresas no signifique el abandono de su formación universitaria.

Vocaciones. Despertar vocaciones tempranas es fundamental. El ingreso a la universidad es libre, irrestricto y gratuito en el sistema público. En parte, este es el motivo por el cual nuestro país se ubica entre los primeros de América latina en cantidad de ingresantes. Pero este número contrasta con la alta tasa de deserción, especialmente en los primeros años.

En ese sentido, cursos de apoyo al ingreso, sistemas de tutorías, becas, forman parte del esfuerzo que las unidades académicas implementamos para que todo aquel alumno que desee ser ingeniero o ingeniera pueda lograrlo, pueda cumplir su sueño y el país afiance sus posibilidades de crecer sólidamente y desarrollar sus capacidades.

La articulación con la escuela media es mucho más que un mero concepto, que una declaración de voluntad. Es un proceso en el que trabajamos y aportamos recursos, poniendo la ciencia y la tecnología como una posibilidad, como una alternativa de formación, despertando la curiosidad y habilitando espacios de interrogación.

Por todo ello, el desafío de las carreras de ingeniería del país no es situacional, forma parte de un proceso estratégico en el que nos hemos comprometido, convencidos de la necesidad de formar ingenieros generalistas, con capacidades que exceden lo meramente técnico, adoptando medidas que colaboren para que los estudiantes puedan ingresar, permanecer y graduarse y, ya como profesionales, realizar aportes y desarrollos que brinden posibilidades de crecimiento al país.

En ese contexto afrontamos un nuevo ciclo lectivo, con la fortaleza del recorrido realizado y con el ímpetu necesario para continuar en este camino, como parte de un desafío compartido y con el compromiso asumido como actores fundamentales para el logro de estas metas.

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