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Viernes 05 de Noviembre de 2010

Final de Viaje

Venía viajando desde hacía casi 12 horas. Estaba cansada, agobiada y con todas mis miserias a flor de piel. Mientras esperaba la combi que finalmente me llevaría de Ezeiza a Rosario los ví, los observé.

Venía viajando desde hacía casi 12 horas. Estaba cansada, agobiada y con todas mis miserias a flor de piel. Mientras esperaba la combi que finalmente me llevaría de Ezeiza a Rosario los vi, los observé. Uno, barrigón y con bermudas, aún llevaba en la muñeca la pulserita de turismo all inclusive. El otro tenía una pila de valijas y un bolso alargado en su haber. A la zaga, sus parejas que los siguieron mientras ellos, orondos, se abrían paso con sus carros desbordantes.
 
Todos caminamos hacia el vehículo. Mientras cargamos el equipaje, comenzó la partida a viva voz. El panzón dijo que era de una localidad cercana a Rosario y que acaba de llegar de Panamá.
 
"¿No me diga?", le contestó el otro. "Nosotros venimos de Miami, de jugar al golf. Conozco a un psicólogo de allí, donde usted vive...y bla bla".
 
Subimos todos al vehículo.
Sin sorteo previo se ubicaron en la cancha: el panzón adelante, el golfista al final del coche.
Me tocó el lugar de la red, pero necesitaba dormir por mi salud mental, y lo intenté. Cerré los ojos.
 
Saca el gordo.
 
"¡No sabés lo barato que estaba todo! Nos compramos esta netbook, mirá la marca, bla bla, mirá qué estuche...¿Cuánto decís que me salió?, bla, bla, bla. ¿Podés creer? ¡Tres veces menos que acá! ¡Y no nos revisaron nada! Soy un boludo, cómo no me traje el plasma con   jon tiatra (sic), rebarato estaba!".
 
Recibe el golfista.
 
"Uh! Sí que compraste barato, más que en Estados Unidos. Aunque yo allá me traje los palos, varias chombas y zapatillas. Todo de marca y bla, bla, bla. Pero me revisaron, che. Y eso que me puse algunas cosas encima, ensucié los palos, escondí las zapatillas en el fondo de la valija...pero me revisaron. Ya caliente les ofrecí que vean el video del juego que traía para que se dieran cuenta que los palos estaba usados...mirá si se van a poner a ver...".
 
Pelota ajustada.
El gordo va a la red.
 
 "No a mí nada de nada, pasé tranquilo y traje cámara con filmadora, ipod,  mp bla, bla y bla".
 
15 a cero.
 
Creo que iban aún por el primer set cuando sonó un celular. El de barriga atendió y comenzó a charlar eufórico.
 
 "Hola, ¿qué hacés...recién salimos a la autopista...no, no me busques, llegamos a la Terminal de Rosario y una vez allá nos pedimos un remise. ¿Ustedes bien? ¿sabés todo lo que llevamos, no?, blablabla".
 
Sin dudas le hicieron una pregunta. El contestó: "Síííí. Claro que me enteré. Estábamos en la isla blablabla cuando nos dijeron que  murió Kirchner. ¿Sabés cómo festejamos?! ¿Sabés con qué brindé....blablabla?".
 
Abrí los ojos. Me incorporé y le toqué con el índice derecho apenas dos veces su inmensa e intimidante espaldaza.
 
_Señor...Disculpe, le pido que tenga un poco más de respeto. A mí me duele lo que usted está diciendo. Yo no festejé ni brindé como usted en estos días... 
 
El gordo dejó de lado el celular (creo que ya había cortado), giró su mejilla izquierda hacia mí y me contestó:
 
_Bueno, cada uno piensa como quiere...
_No señor, a mí no me importa lo que usted piensa. Sólo le digo que no crea por un segundo más que todos aquí compartimos su felicidad. Sólo eso...
 
Game over.
 
Volví a apoyar mi espalda en el asiento. Cerré los ojos. Antes de dormirme escuché un ringtone. Sonaba como al del mugido de una vaca y provenía del teléfono de la señora del golfista que atendió, pero en voz baja, mientras miraba una película en su notebook. Entre sueños me pregunté si la habría comprado en Miami o no y se me aparecieron los gritos acalorados de quienes piden que se cumpla la ley y se aplique mano dura. En un momento ya no supe si estaba dormida o no. Me importó poco. Tanto como dejar en claro si se es kirchnerista o no cuando una siente pesadumbre e indignación.
 
Final de viaje.

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