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Sábado 26 de Julio de 2014

"Falta más debate sobre el modelo agropecuario"

(Por Jorgelina Hiba / La Capital). _ El agrónomo Guillermo Montero aseguró que no se puede reducir el tema a "productivistas versus ambientalistas".

La facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario que funciona en Zavalla fue ocupando, de un tiempo a esta parte, un espacio cada vez más importante en el debate que genera desde aspectos ambientales, técnicos y económicos el modelo de producción adoptado en la agricultura pampeana.

Con un planteo de trabajo abierto que incorpora otros actores presentes en el terreno y que busca abrir el juego a temas hasta ahora poco presentes en ámbitos académicos formales, desde la dirección de la facultad la intención es plantarse como lugar de reflexión sobre las externalidades que genera el modelo agrícola con una única certeza inamovible: la profesionalización.

"Buscamos una facultad diferente que esté abierta a la discusión porque sentimos que no se estaba dando cierto debate, sin querer criticar hay que ser conscientes que los contextos cambian y que hoy en día ya no es posible no discutir sobre las externalidades del modelo agropecuario pampeano, ya que cultivamos soja hasta el límite mismo de los pueblos", aseguró Guillermo Montero, decano de esa facultad.

El ingeniero agrónomo destacó que justamente el debate es algo que está "en la esencia misma de la universidad", ya que los métodos científicos siempre deben ser sometidos a la validación. "Acá faltaba debatir sobre la indiscutibilidad del modelo de la agricultura pampeana y no se trata de productivistas versus ambientalistas, ese es un dilema que me enoja, porque no se puede producir sin cuidar el ambiente. A estos sistemas hay que ponerlos en debate, y si el debate no se da en la universidad, dónde entonces", sintetizó.

El especialista repasó algunos de los mayores problemas que presenta en la actualidad el modelo agropecuario pampeano, caracterizado por la expulsión casi total de la ganadería —lo que elimina la rotación que dan los sistemas mixtos—, la agriculturización extrema de los últimos 15 a 20 años basada en un cultivo de alto rendimiento sin alternancia, y el efecto de las pulverizaciones sobre la salud y el medio ambiente.

Con un discurso centrado en la necesidad de profesionalizar al máximo la tarea agrícola, Montero clamó a favor de volver al monitoreo de plaga: "Hubo una falta de monitoreo notable durante los años 90 y eso que veníamos de una tradición de manejo integrado desde los 70. Hoy se está fuertemente volviendo a eso, a lo que ahora llamamos manejo integrado de adversidades".

En el camino, se preguntó sobre las responsabilidades compartidas entre Estado, productores y empresas respecto a la sustentabilidad del modelo agropecuario.

El experto alertó sobre el deficiente control estatal, y se mostró a favor de pensar que hay otras agriculturas posibles. "Necesitamos otra agronomía, todo en el marco de la profesionalización. También precisamos planificación territorial, si no todo esto no sirve de nada. Hay que sentarse a planificar las ciudades y los pueblos".

—¿Cómo abordan desde la facultad toda esta multiplicidad de temas que vienen acoplados al actual modelo de producción?

—Nosotros lo que nos propusimos fue juntarnos los agrónomos y convocar también al Inta y a las organizaciones sociales, para crear una comisión de estudio de problemáticas ambientales para la detección de problemas. Nuestro posicionamiento se construye sobre el principio de prevención: la toxicidad de los productos cambia con el tiempo, y hoy el problema se multiplicó. La provincia también comenzó a recibir estos problemas. En base a todo esto estructuramos un plan y marcamos ejes de trabajo.

—Las formas de las aplicaciones de los agroquímicos y sus efectos sociales y ambientales parecen ser algo recurrente en el debate...

—Nuestro primer eje tiene que ver con la oportunidad del uso de las aplicaciones de agroquímicos, ya que vemos un sobreuso en la aplicación de los productos. Una de las preguntas que nos hacemos es quién hace la receta, algo que no siempre queda en manos de un profesional. El manejo integrado de plagas es un sistema que, en el contexto del medio ambiente asociado y de la dinámica de población de las especies de plagas, utiliza todas las técnicas disponibles para mantener la plaga a niveles inferiores a aquellos que causa daño económico al cultivo. Tenemos que ir en contra de la visión reduccionista que propone que toda planta que no es cultivo es maleza o podría serlo, y que todo herbívoro es una plaga potencial.

—Usted menciona la ecuación económica como una de las variables importantes a tener en cuenta

—Exacto, lo que llamamos el umbral de daño económico (UDE) es fundamental como criterio de toma de decisiones para aplicar una medida de control. Lo que hay que tener en cuenta es que la planta es capaz de tolerar cierto grado de perjuicio sin sufrir pérdidas económicas, y que la densidad de población de la especie plaga debe ser evaluada antes de intentar su control. Pretender destruir el 100 por ciento de una plaga no es biológicamente posible, ni económicamente factible. Por eso no hay que aplicar cuando no es necesario, si el costo de aplicación es mayor al beneficio obtenido no se debe aplicar y no sólo para no perder plata, también para cuidar la salud propia, de la familia y de los vecinos, y para cuidar el medio ambiente. A pesar de los cursos y capacitaciones de todo tipo, desde 1985 hasta el año 2011 se siguió aplicando preventivamente y sin monitoreo, por razones relacionadas con la profundización de un modelo de agricultura industrial con mercados desregulados y fuertes asimetrías internas. Esto ha llevado a la minimización del pastoreo, y al incremento del monocultivo de soja transgénica glifosato-dependiente.

—¿Qué parte de responsabilidad le cabe al Estado en esto?

—En este contexto, tanto los estados comunales como los municipales, provinciales y nacional han demostrado que faltan normativas, que son escasos los organismos de control, y que falta personal capacitado dentro de sus gestiones para abarcar la totalidad del problema.

—¿Cuál es el rol de los ingenieros agrónomos?

—Otro de nuestros ejes de trabajo gira en torno a la necesidad de que la disciplina agronómica acepte estudios sobre la toxicidad de los productos, ya que todos los productos lo son, con diferencias notables. Hay productos cuya toxicidad cambia. Hoy tomamos el criterio de toxicidad "crónica", y a partir de allí elaboramos el principio de prevención. Aquí aparece una responsabilidad primaria también de las ciencias médicas, para que puedan transmitir eso.

—¿Qué otras medidas de control pueden implementarse en el territorio?

—Es importante reconocer y aplicar el uso de medidas mitigatorias de externalidades ambientales a través de la instalación de cortinas forestales multiestratos y multipropósito en los núcleos poblacionales santafesinos. Los bordes con árboles brindan diversos servicios ambientales a la agricultura, y cumplen un importante rol productivo con emprendimientos que pueden ir desde la apicultura, hasta la obtención de maderas y de energía. En definitiva, mejoran la calidad de vida urbana y rural. Es necesario desarmar la idea de la práctica de remoción de la vegetación espontánea y de las cortinas forestales porque son reservorios de plagas. Por el contrario, la incorporación de bordes con diferentes tipos de vegetación puede mitigar los efectos de la extrema homogeneización del paisaje, permitir la formación de parches y corredores biológicos de alta heterogeneidad microambiental y mantener o fomentar la biodiversidad en las áreas de cultivos, con su consecuente provisión de servicios ecológicos en los agroecosistemas, sin incorporar costos adicionales. Estamos desarrollando proyectos en la facultad, para que puedan ser reconvertidos en áreas productivas. Trabajamos fuertemente en el tema arbolado, con la idea de entregar las propuestas a los municipios y comunas.

—Otro tema con fuerte presencia en las comunas rurales santafesinas es la reconversión de las franjas periurbanas donde ya no se puede aplicar agroquímicos...

—Hay que pensar la reconversión productiva de las áreas periurbanas, explotar la horticultura, pensar en otras producciones como las aves, porcinos, forrajes, y en otros cultivos como la chia. Tenemos que pensar que hay otras agriculturas posibles porque necesitamos otra agronomía. Debemos formular estrategias de uso de tierras periurbanas para su reconversión productiva, a través de la planificación y ordenamiento del territorio. Esto puede adoptar formas diversas como una agricultura tradicional que tenga en cuenta el manejo integrado de adversidades a través del control mecánico y el control cultural; sumar producciones alternativas como aves y granjas; el cultivo de forrajes; actividades ganaderas con bovinos, porcinos u ovinos; sumar cultivos orgánicos y agroecológicos; y también cultivos intensivos como frutas, hortalizas, aromáticas, o flores. Se trata de desarrollar microemprendimientos que permitan el agregado de valor.

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