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Domingo 27 de Diciembre de 2009

Fair play

Jugar limpio es respetar el reglamento y al rival, porque sí importa cómo se llega al triunfo. No obstante, la filosofía de “ganar a cualquier precio” está arraigada en muchas sociedades, y la tristemente famosa viveza criolla argentina es un ejemplo de ello. Pero esto no ocurre sólo en el fútbol, sino también fuera de las canchas, en casi todos los órdenes de la vida. ¿O acaso la política, los negocios, las relaciones laborales y la vida cotidiana no están minadas muchas veces de trampas, zancadillas, deshonestidades…? 

Jugar limpio es respetar el reglamento y al rival, porque sí importa cómo se llega al triunfo. No obstante, la filosofía de “ganar a cualquier precio” está arraigada en muchas sociedades, y la tristemente famosa viveza criolla argentina es un ejemplo de ello. Pero esto no ocurre sólo en el fútbol, sino también fuera de las canchas, en casi todos los órdenes de la vida. ¿O acaso la política, los negocios, las relaciones laborales y la vida cotidiana no están minadas muchas veces de trampas, zancadillas, deshonestidades…?

El juego limpio (fair play), algo que desgraciadamente ocurre muy rara vez, se vio el sábado pasado en el fútbol europeo. El gesto que no supo tener el francés Thierry Henry, que desoló a toda Irlanda por su gol con la mano en la clasificación gala para el Mundial, sí lo concibió un equipo de la primera división francesa. El jugador de Auxerre, Valter Birsa, hizo que el árbitro Philippe Malige dejara sin efecto una expulsión contra un rival de Olympique Marsella, Bakary Koné. El juez vio un empujón de Koné y le mostró la tarjeta roja, pero Birsa se acercó y le explicó que sólo había apoyado la mano sobre su espalda, por lo que Malige anuló la expulsión. 

El 7 de diciembre se dio otro ejemplo del fair play en el fútbol, esta vez en Italia. En la Serie B de ese país, el club Ascoli abrió el marcador cuando los jugadores de la Reggina se quedaron clavados pidiendo que tiren la pelota afuera porque un compañero estaba caído en el piso lesionado. Concientes de que habían actuado mal, los jugadores del Ascoli se quedaron parados cuando se reanudó el partido para que la Reggina convirtiera el empate.

Y más allá en el tiempo (25 de marzo de 2006), pero más cercano a nosotros por lo conocido del protagonista, recuerdo el gesto del ex jugador canalla César “Chelo” Delgado. En el partido en México entre el Cruz Azul y Necaxa, el Chelito tropezó dentro del área con el arquero contrario y el árbitro cobró penal. De repente el juez cambió su decisión y reanudó el juego. ¿Por qué?, porque el argentino se acercó y le dijo que se había tropezado, que la falta no existía, por lo tanto no era penal.

Una sociedad que se vanagloria del gol con la mano de Maradona a los ingleses, en el Mundial 1986 de México, no es precisamente un terreno fértil para el juego limplio. Por ello, habrá que seguir insistiendo con el fair play rescatando y resaltando las buenas actitudes, los buenos ejemplos. Esos que a muchos nos conmueven y nos reconfortan.

 

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