AFIP
Miércoles 15 de Febrero de 2017

Factura sí, comanda no

La habilidad y destreza que tiene la Afip (Administración Federal de Ingresos Púbicos) para detectar lo obvio impresiona, apabulla.

La habilidad y destreza que tiene la Afip (Administración Federal de Ingresos Púbicos) para detectar lo obvio impresiona, apabulla. A través de un comunicado de prensa difundido anteayer, el organismo señaló que la Dirección Regional Rosario realizó en la ciudad un operativo de inspección en 29 bares y restaurantes durante las últimas semanas. ¿Y qué descubrió? Un "alto nivel de informalidad laboral" en los locales. Así, detalló que de los 177 trabajadores gastronómicos que se relevaron, 99 tenían irregularidades en su registración. Incluso 50 de ellos directamente no se encontraban declarados y seis comercios trabajaban con la totalidad de los empleados en negro. "Que la Afip detecte irregularidades en un negocio es como cazar en el zoológico". La irónica frase pertenece al titular de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario, Carlos Mellano, quien tras esos operativos advirtió que la presión fiscal es muy grande, aunque aclaró que eso no justifica que los empleados no estén en blanco.

La informalidad laboral en el rubro gastronómico está estrechamente ligada a la no emisión de tickets o facturas, es decir a la evasión fiscal, ese cáncer que afecta a la Argentina. Y para descubrir eso no hace falta tener la inteligencia, astucia y razonamiento deductivo de Sherlock Holmes. En el rubro gastronómico basta con consumir en numerosos bares y restaurantes no sólo de Rosario, sino de todo el país, para encontrarse con que el ticket fiscal o la factura aparecen muy de vez en cuando o salvo cuando el cliente se pone firme y lo exige. Lo que abundan son las famosas comandas, esas especies de notitas que funcionan a modo de cuenta de lo que se consume y que vienen con las leyendas "no válido como factura" o "indique al adicionista si el control es satisfactorio para la correcta emisión del ticket/factura". En resumen, estos papelitos no tienen ninguna validez legal. Incluso muchos de estos comercios ni siquiera aceptan tarjetas de crédito o débito, ya que los obligaría a facturar la venta. Así, esta situación genera una competencia desleal con los bares y restaurantes que sí cumplen correctamente con la emisión de tickets fiscales.

Si un comercio no hace la factura, deja de pagar el impuesto a los Ingresos Brutos, el impuesto a las Ganancias y, fundamentalmente, se estaría quedando con el 21 por ciento del impuesto al valor agregado (IVA), incluido en el precio que figura en los menús de los locales. El monto del IVA no pertenece ni al consumidor ni al comerciante, sino que debe ser ingresado a la Afip. ¿Está de más recordar que con lo que recauda de impuestos, el Estado en sus distintos niveles debe solventar los servicios públicos (como salud, educación, seguridad) y realizar obras de infraestructura?

La falta de facturación no se da exclusivamente en algunos pequeños o modestos locales gastronómicos, que en muchos casos quizás no serían rentables si pagaran todos los impuestos. Sino, y principalmente, esto sucede en los bares y restaurantes más cool y caros de Rosario. Esos donde cenar no sale menos de 350 pesos por persona. O, aún más grotesco, ocurre también en locales gastronómicos concesionados por la propia Municipalidad en la ribera del Paraná y donde, al margen, los precios no parecen muy accesibles para los bolsillos de todos los rosarinos por tratarse de un espacio público. En esos bares, por ejemplo, una porción de papas fritas cuesta 79 pesos y un café llega a cotizar a 42 pesos (2,50 euros), como en los bares más caros de Europa.

A fines del año pasado, en un programa de TV le preguntaron a la ensayista Beatriz Sarlo cuál sería un verdadero cambio cultural en el país, ahora que la palabra "cambio" parece estar de moda. Y sin titubear respondió: "Que no haya evasores impositivos, o que haya los menos posibles. Y que se realice una reforma impositiva. El kirchnerismo no la hizo. En todos los países donde hay redistribución de la riqueza se hace por vía impositiva, ya sea para financiar los planes sociales o para achicar las diferencias de la pirámide social".

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