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Viernes 03 de Junio de 2016

Facebook, ¿máximo oráculo o centro social?

En debate. Luego de que se revelara que la lista de "temas en la tendencia" está a cargo de un grupo de periodistas y que la misma contiene prejuicios respecto de las perspectivas conservadoras, reapareció la discusión en torno a cuál es la verdadera función que cumple.

En una historia que se cuenta sobre los medios informativos, hemos pasado de una era de consolidación y autoridad a otra de fragmentación y diversidad. Alguna vez había tres grandes cadenas de televisión, y todo el mundo creía lo que Walter Cronkite le dijera como si fueran las tablas de la ley. Después llegaron la televisión por cable y el auge de los programas de entrevistas por radio. De pronto fue posible encontrar fuentes informativas con las que se congeniara ideológicamente y apagar a las viejas autoridades de la cultura de masas. Luego, Internet acabó con los monopolios informativos que quedaban, desperdigó a los lectores de noticias a los vientos en línea y abrió una era de consumo de noticias estrictamente personalizadas. ¿Es convincente esta historia? Depende de lo que veamos cuando entramos en Facebook.

Por un lado, Facebook es una fuerza poderosa que impulsa la fragmentación y el surgimiento de nichos. Les da a sus usuarios noticias de innumerables fuentes, adaptadas a su proclividad individual. Permite que, en cierto sentido, el mismo usuario sea el proveedor de noticias, jugando a ser Cronkite cada vez que "comparte" una noticia con sus amigos. Y le ofrece una plataforma a cualquiera, de cualquier antecedente o perspectiva, que trata de hacerse de un público partiendo de cero.

Pero visto bajo otra luz, Facebook representa una nueva era de consolidación de los medios, un regreso a la autoridad centralizada en la forma en que se reciben las noticias. Desde esta perspectiva, el imperio de Mark Zuckerberg se ha convertido en una poderosa empresa de medio por derecho propio, si bien con la modalidad de que subcontrata a otras organizaciones para que se encarguen de recabar las noticias. Y su potencial de influencia se amplifica por el hecho de que su papel de máximo oráculo está disfrazado en la definición que hace Facebook de sí misma como un "simple" centro social.

Esos dos conceptos rivales se han enfrentado en las últimas semanas, a raíz de que se reveló que la lista de "temas en la tendencia" está a cargo de un grupo de periodistas. Es decir, que no es producto de un algoritmo impersonal. Y luego un ex curador sostuvo que las decisiones sobre las notas que "son tendencia" están prejuiciadas en contra de las perspectivas conservadoras.

La noticia indignó a algunos conservadores, pero otros simplemente se encogieron de hombros. Zuckerberg convocó a un grupo de expertos de derecha a su sala de juntas de Silicon Valley para que expusieran sus motivos de quejas. Uno de los participantes, Glen Beck, criticó a sus colegas conservadores por tratar a Facebook como si fuera un bastión monolítico de la izquierda, y no una plataforma que les ha servido muy bien a muchos conservadores, entre ellos él mismo.

Ben Domenech, autor de un popular boletín conservador llamado The Transom, replicó que Facebook obviamente no es solo una plataforma abierta, pero el hecho de que se curen las noticias lo convierte automáticamente en un importante censor y, por tanto, aseguró que es "un acto de tontería o de cobardía" no tomar en cuenta las muestras de prejuicio.

¿Quién tiene razón? Bueno, Beck tiene razón al decir que Facebook es diferente en naturaleza de cualquier empresa informativa que hubiera habido antes, y que las críticas tradicionales de los prejuicios de los medios no se aplican claramente a lo que está haciendo.

Entre el carácter algorítmico de su nueva diseminación (o buena parte de esta), el papel descentralizador de las decisiones del usuario y los imperativos comerciales de personalización, hay pocas posibilidades de que la experiencia en Facebook llegue a tener el sello ideológico que, por ejemplo, llevaba el imperio Time-Life en los buenos tiempos de Henry Luce.

Pero Domenech tiene razón en que el imperio de Zuckerberg necesita de organismos de control y críticos rigurosos. Es verdad que cualquier prejuicio de Facebook va a ser más que sutil. Pero ya que mucha gente vive efectivamente dentro de su arquitectura cuando está en línea, hay un poder en la sutileza de una red social que ningún periódico o noticiero de televisión podría igualar.

En un período de crisis, ese poder sutil podría ejercerse de manera definitivamente inquietante. Consideremos, por ejemplo, el reporte de una conversación durante una reunión de Facebook, sobre si la compañía tendría la obligación de intervenir contra un personaje como Donald Trump. Esto es algo que, al menos teóricamente, podría llevarse a cabo ajustando el algoritmo de noticias o incluso el aviso del día de las elecciones.

Pero el ejercicio del poder de Facebook más viable sería básicamente inconsciente, como sospecho que lo pudo haber sido también la supresión de noticias conservadoras.

Siendo la naturaleza humana lo que es, una red social manejada y mantenida por personas que tienden a tener en común una visión del mundo particular —libertaria de izquierda y espiritual pero no religiosa, a juzgar por los prejuicios de la derecha de Silicon Valley— tendrá la tendencia a adoctrinar a sus usuarios dentro de esa perspectiva. Y, por supuesto, esto va más allá de la política. La forma en que está ajustado un algoritmo, por muy "impersonal" que se quiera, el tipo de noticias que presenta y que esconde, es también una forma de adoctrinamiento, una forma de enseñarles a los demás lo que deben de pensar acerca del mundo.

La arquitectura virtual narra historia al igual que la arquitectura real: como los vitrales en las catedrales medievales, incluso lo que parecen ser decisiones inconsecuentes —como el tema del Doodle de Google, por citar otra entidad de medios informativos— encaminan a la gente hacia iconos particulares, hacia ideales precisos. Así que, aunque no nos importe la forma en Facebook trata a las fuentes informativas conservadoras, de todos modos nos conviene que su poder esté controlado continuamente, que sea criticado y observado, no solo por el bien de la política de sus usuarios sino por nuestro mismo ser.

Fallo. La Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Laboral lo dictaminó en tres causas que se originaron de manera separada a mediados de 2015.

Fundación Libertad

El pasado 20 de mayo en Reconquista, mediante resolución emitida por la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Laboral, los tres camaristas sentenciaron lo que ya afirmamos oportunamente en algunas columnas: el descanso dominical es inconstitucional.

El fallo encuentra su origen en tres causas separadas iniciadas a mediados de 2015, que transitaron cada una su propio camino hasta que el juez de primera instancia decidió unificarlas al momento de pronunciarse negativamente: "Castets y Tanino SRL c/ Municipalidad de Reconquista s/acción de amparo", "Supermercado de Reconquista SRL c/Municipalidad de Reconquista y/o Q.R.J.R. s/ amparo y medida cautelar" y "Foschiatti, Marcelo René c/Municipalidad de Avellaneda s/amparo".

Las dos primeras causas fueron contra la Municipalidad de Reconquista, y la última contra la Municipalidad de Avellaneda, aunque todas tuvieron la finalidad de que se declarara la inconstitucionalidad de la ley provincial N° 13.441, conocida mediáticamente como "ley de descanso dominical obligatorio", y las ordenanzas municipales que adhirieron a ésta. Asimismo, a este pedido se sumaba la solicitud de medidas cautelares que suspendieran la aplicación inmediata de la normativa aprobada.

Contra todo pronóstico, ambos municipios pretendieron lavarse las manos y desligarse de la responsabilidad de lo efectuado, denunciando la legitimación pasiva de la provincia de Santa Fe, argumentando que fue la Legislatura provincial la que sancionó la ley en cuestión, y que ellos sólo dictaron una normativa que posibilitara la implementación de la misma.

En primera instancia se pretendió defender la constitucionalidad de la norma aludiendo a un supuesto poder de policía reservado a los legisladores provinciales. Sin embargo, en la Cámara primó la sensatez y el respeto a las normas, y abundaron las referencias a resoluciones de la Corte Suprema de la Nación como las que mencionamos en su tiempo (por caso, "Fábrica Argentina de Calderas c/provincia de Santa Fe").

El art. 75, inc. 12 de la Constitución nacional veda a la Legislatura provincial reglamentar algo que es potestad absoluta del Congreso de la Nación, como siempre lo han sido y siguen siendo las regulaciones en materia de jornada de trabajo. Ponerle cualquier otro nombre no exime de respetar las normas de jerarquía superior, se cuente el relato como se lo cuente.

El camarista Aldo Pedro Casella falla en voto propio también por la inconstitucionalidad, y se encarga de remarcar el carácter discriminatorio de la ley de descanso dominical, desde que la mayoría de los afectadas son pymes locales sin demasiada distinción con el resto de negocios que sí podrán permanecer abiertos. En definitiva, que no sólo el descanso dominical era inconstitucional, sino también discriminatorio.

Quienes escriben señalaron desde el inicio la inconstitucionalidad de la norma y cargaron con los costos de la incorrección política. ¿Es que acaso pudimos ver una flagrante inconstitucionalidad que la mayoría no percibió? ¿Es que detectamos una sutileza que se les pasó por alto a políticos, funcionarios, sindicalistas y muchísimos periodistas? Para nada. La cuestión era tan visible como un elefante en el living. Pero muchos prefirieron hacerse los distraídos, sabiendo, aunque no lo reconozcan, que les importa menos la Constitución nacional que defender sus propios intereses con chapuceros argumentos populistas.

Más allá del destino de la ley en cuestión, la sola existencia de tamaña mayoría para la que la Constitución no es más que un estorbo, debería preocuparnos y mucho.

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