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Martes 28 de Febrero de 2012

Extraños en su ciudad

Cualquier rosarino que ayer haya intentado asistir al acto por el Bicentenario de la creación de la bandera se habrá sentido extraño en su propia ciudad.

Cualquier rosarino que ayer haya intentado asistir al acto por el Bicentenario de la creación de la bandera se habrá sentido extraño en su propia ciudad. Sobre todo si no pertenece a algún grupo militante, esos que llegan en ómnibus, se identifican con remeras, pancartas y banderas que en muchos casos alternan colores verde, rojo, negro y gris.

Mientras los historiadores todavía debaten si la bandera izada por Manuel Belgrano en las costas rosarinas tenía dos o tres franjas, era azul o celeste, cientos de militantes no dudaron en teñir el frente del escenario con otros colores.

Observar la ceremonia fue casi imposible a menos de cien metros del palco, a pesar de haber asistido con tiempo. En las escalinatas del Monumento, o en sillones repartidos por el parque, esperaban resignados los vecinos que se acercaron al lugar del acto casi dos horas antes.

Es que al frente del escenario sólo quedó libre un angosto pasillo para que ingresara la bandera más larga del mundo. A los costados, los espacios se repartieron entre dos sectores kirchneristas: La Cámpora y el Movimiento Evita, que formaron una suerte de escudo militante con bombos que sonaban al mejor estilo de los barras en la cancha y cantos de apoyo a la presidenta.

Todos portaban cientos de banderas (muchas armadas en la plaza 25 de Mayo, donde se podía ver una montaña de cañas) que impedían la visual de cualquier desprevenido.

Por las inmediaciones del Monumento resultaba incómodo andar sin camisetas partidarias. Sólo quedaba pararse frente a las dos pantallas que permitían ver el acto por TV, aunque se desarrollara tan cerca.

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