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Sábado 24 de Noviembre de 2012

¿Evaluar o narrar en el nivel inicial?, entre la preocupación y la ocupación

Una reflexión sobre el pedido del Ministerio de Educación de realizar "Narrativas evaluativas de los aprendizajes" con los más pequeños.

Desde el año pasado el Ministerio de Educación de Santa Fe solicita a los docentes —por calendario escolar— realizar "Narrativas evaluativas del proceso de aprendizaje" de cada niño y niña y "Narrativa evaluativa sociopedagógica grupal" en tres instancias del año (marzo, julio y noviembre). Al ser pedidas por calendario escolar les otorga un carácter prescriptivo.

Su confección ha generado entre docentes y directivos preocupación, inquietud y, a veces, hasta cierto malestar. ¿Por qué se ha generado esto? Me atrevo a hipotetizar que se produce este estado de "preocupación" en los docentes y directivos porque se encuentran solos frente a la tarea de producir narrativas sin orientaciones ni lineamientos que ayuden a "sostener" los procesos de evaluación. Aún no se ha instalado en los jardines una cultura evaluativa sistematizada. Esto trae como consecuencia que se generen intentos evaluativos a medio camino entre el registro y la comunicación, quedando muchas veces reducidos a la mera descripción o al completamiento de unas grillas o listas de control.

Consideraciones. De esto se desprenden dos cuestiones a considerar. La primera remite a las narrativas y su vinculación con la evaluación. Pero ¿qué significa narrar? ¿Narrar es evaluar? ¿Es parte del proceso evaluativo? ¿Qué vinculación tienen con la evaluación? Dicen Hunter McEwan y Kieran Egan que "la función de las narrativas consiste en hacer inteligibles nuestra acciones para nosotros mismos y para los otros, el discurso narrativo es fundamental en nuestros esfuerzos de comprender la enseñanza y el aprendizaje". Las narrativas constituyen materiales inigualables para conocer lo que hacen, piensan y sienten quienes habitan y hacen la escuela. Su relevancia radica en el potencial que contienen para enseñarnos a interpretar el mundo escolar desde el punto de vista de sus protagonistas.

En este sentido, la narrativa aparece más como un material valioso a la hora de investigar el pensamiento del docente, en tanto instrumento que permite una comprensión más amplia de lo que sucede en la escuela, que para comunicar los aprendizajes de los alumnos. Por su parte, Elisa Spakowsky plantea —con mayor claridad— que el registro narrativo es un escrito que da cuenta de los procesos de aprendizaje de los alumnos en las diferentes áreas del conocimiento y en los distintos momentos del proceso de evaluación. Estos registros contribuyen a la escritura del informe final pero en sí mismos, no son un instrumento de comunicación, diferenciando claramente "informe" de "registro".

La segunda cuestión nos introduce de lleno a la problemática de la evaluación en el nivel inicial. Si entendemos a la evaluación como "un instrumento de investigación del docente que, a través de la obtención y el tratamiento de datos, permite comprobar hipótesis de acción con el fin de conformarlas o de introducir modificaciones" (A. Antúnez), se necesita tener en claro que conlleva momentos. Estos son ineludibles para poder confeccionar informes que superen el sentido común y la intuición, y ayuden a instalar paulatinamente una cultura evaluativa en los jardines.

Momentos.Veamos sintéticamente cada uno de estos momentos, los cuales deberían ser trabajados en un marco institucional desde el inicio del año, con ayuda bibliográfica específica y/ o algún documento de apoyo emanado del nivel central. El primer momento supone determinar a quién y qué se va a evaluar. Supone identificar los sujetos y objetos de la evaluación. En este caso serían los niños y sus aprendizajes. La tarea entonces estaría centrada en identificar qué contenidos han sido objeto de enseñanza (en cada propuesta didáctica) y cómo los niños se han apropiado de ellos (nivel de dominio, de comprensión, etc.) orientados por la formulación de indicadores, teniendo en cuenta sus puntos de partida. Esto es, identificar qué información es necesario relevar para llevar a cabo la evaluación de los aprendizajes.

Técnicas.El segundo momento conlleva seleccionar las técnicas y elaborar los instrumentos adecuados que brinden información respecto de cómo el alumno se manifiesta frente a situaciones sencillas o complejas, incidentales o programadas. Definir las técnicas (cómo) permiten elaborar los instrumentos de evaluación (con qué) para obtener información del proceso de aprendizaje de cada niño —en función de los propósitos planteados—, en el contexto del aula y del jardín. La técnica por excelencia que se utiliza en este nivel es la observación, además del análisis de las producciones infantiles (dibujos entre otros) y expresiones y comportamientos de los niños. Los instrumentos pueden ser: actividades propuestas con la intención de evaluar, escalas de actitud, producciones gráficas (individuales y colectivas), cuaderno de clases y el diálogo e intercambio colectivo (entrevista).

Registros. La información que se va recogiendo por medio de estas técnicas debe ser registrada, para luego poder analizarla. Los modos de registro pueden ser: notas de campo (cuaderno del maestro, diario de clase), registros anecdóticos, registros etnográficos, registros narrativos, filmaciones y grabaciones, grilla de seguimiento de los alumnos (lista de control, entre otros.

El tercer momento supone analizar la información obtenida. El registro de la información permite objetivar lo sucedido, tomar distancia y analizarla a la luz de criterios o referentes (indicadores formulados en el primer momento). La evaluación, en tanto proceso, supone la lectura e interpretación de los datos. En esta instancia juega un papel importante el marco teórico del docente desde el cual lee e interpreta dicha información. Este proceso culmina con la elaboración de conclusiones y la emisión de juicios de valor ya que "evaluar no es describir, es emitir un juicio de valor".

Comunicar las conclusiones obtenidas a los padres, a otros colegas, directivos y supervisores es el cuarto momento. Implica la elaboración de informes "cualitativos" —diferenciales en función del destinatario— que den cuenta del análisis realizado o "la interpretación pedagógica" de la información relevada. Cabe aclarar que los registros narrativos son insumos para elaborar informes cualitativos.

Contribución. Por último, se toman decisiones a partir de las conclusiones. Tal como plantea Santos Guerra "la evaluación debe contribuir a mejorar los procesos de enseñanza y debe estar al servicio de los procesos de cambio. Los maestros asumen la tarea de elaborar las narrativas evaluativas solicitados por el nivel central con esfuerzo, dedicación y preocupación. Si no se los acompaña con la producción de documentos que sirvan de marco conceptual para saber qué hacer y cómo, sin duda harán «lo que pueden» o «lo que les parece»... Para superar la preocupación por la evaluación es fundamental que las autoridades políticas se ocupen primero de ello. Ocuparse implica despejar conceptualmente qué significa evaluar y qué significa narrar, además de ayudar a los docentes en la previsión y anticipación de qué se va a necesitar a la hora de poder confeccionarlos, entre otros quehaceres. El equipo directivo también requiere orientaciones para poder asesorar a los docentes en esta labor. Es tarea ineludible de las autoridades ministeriales sostener estos procesos seriamente y con profesionalismo. Ocuparse es su responsabilidad..."

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