La ciudad
Viernes 19 de Agosto de 2016

Eva, el ícono peronista, pone en diálogo arte y política en el Macro

Inaugura esta tarde la muestra de Nicola Costantino que, envuelta en polémica, representó a Argentina en la Bienal de Venecia 2013.

No hacía falta la polémica para que "Rapsodia inconclusa", la muestra centrada en la figura de Eva Perón que representó a Argentina en la Bienal de Venecia 2013, generara admiración y temor, fascinación y espanto. La exhibición de una de las obras más complejas de la artista rosarina Nicola Costantino, que quedará inaugurada hoy a partir de las 19 en el Museo de Arte Contemporáneo (Macro), incluye en esta puesta —piso por piso del silo Davis— las cuatro estaciones de Eva. Los Sueños; Eva. El Espejo; Eva. La Fuerza, y Eva. La Lluvia, más tres niveles de copiosa información escrita y audiovisual sobre el montaje de la Bienal que tanto revuelo político causó en su momento. También se podrá ver "La artefacta", la película biográfica de la artista.

"Rapsodia inconclusa" era el sutil nombre que Costantino había dado a su obra, pero curiosamente no fue el que llevó a Venecia en el 2013, donde Argentina estrenaba pabellón propio, después de 112 años de participar (si bien en forma discontinua) de la Bienal, a muy poco tiempo de su primera edición.

Ese nombre original mutó a "Eva-Argentina, una metáfora contemporánea", obra que se desplegó en el Arsenal veneciano.

Los siete pisos del Macro. En el primer nivel de la muestra (el séptimo y último del Macro) la propia artista se despliega como una "encarnadura" en cinco imágenes espectrales o momentos de la vida de Eva, que conviven en una misma escena (o varias encadenadas).

La Evita de los trajes sastre entallados, diligente y activa; la Evita de los vestidos floreados y vuelo amplio; la Evita del vaporoso atuendo de noche; la del deshabillé. La Eva ocupada, abanderada de los pobres; la Eva dolorida y trémula por el avance de la enfermedad que la derribaría a los 33 años. Costantino las habita una por una.

En el nivel siguiente se exhibe la instalación Eva. El Espejo, el dormitorio estilo francés de la propia Eva donde un juego de imágenes enfrentadas (de un tocador y uno de pie) captura las figuras y genera en el espectador una suerte de percepción alterada.

El quinto piso es el de la "autómata", un vestido-máquina siniestro que evoca el "corset" supuestamente usado por Eva bajo el también legendario "tapado de visón" para salir al balcón manteniéndose erguida, ya gravemente enferma. El esqueleto metálico, encerrado, con un soplo de vida propia, avanza, tropieza una y otra vez contra las paredes de vidrio que lo aprisionan, y vuelve a arrancar.

Luego llegan las lágrimas, otra instalación que remite al llanto multitudinario por la muerte de Evita y los 14 días de lluvia en que la gente acudió a su funeral.

Los dos niveles siguientes concentran un interesantísimo cuerpo documental sobre la 55ª Bienal, donde se entra de lleno en la tensión —incluso cortocircuitos— entre arte, política y medios de comunicación que desató el envío.

Una vez que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner eligió la obra de Costantino (creada originalmente para el Centro Experimental del teatro Colón, recordó ayer el productor de la muestra, Blas Lamagni) para que representara al país en Venecia, aparecieron algunos imperativos.

El primero, aceptado por la artista, fue el cambio de nombre. El segundo —incorporado con desacuerdo de Costantino y el curador del envío, Fernando Farina— encendió la polémica, que rápidamente ganó la tapa de los diarios, en especial los opositores.

Se debió a que la obra se expuso en el pabellón argentino acompañada (o "intervenida") por un tríptico de videos "sin autor" que tenían a Eva Perón como figura central y aludían a la militancia del movimiento La Cámpora.

A tal punto llegó el malhumor de autora y curador, que decidieron colgar un cartel en la muestra donde se afirmaba que el espacio incorporado por decisión de la Cancillería (conocido como "cuartito del fondo") era "innecesario" y podía "confundir la interpretación de la obra". De hecho, en diálogo con LaCapital Costantino afirmó ayer que esa intervención "la perjudicó muchísimo".

"La obra de arte es una experiencia sutil, no es gritona; los políticos gritan, y si al lado de una obra se ponen a gritar...", sugirió. Por eso, recordó que en la Bienal al final se mostraron "dos experiencias que no debían estar juntas".

Sobre esos desacuerdos ayudarán a pensar los dos pisos dedicados a la documentación, algo que la artista aceptó "porque después de tres años está bueno reflexionar sobre algo que efectivamente pasó". En un texto, Farina apunta que, "Costantino sabe que la polémica es inevitable y que su acción también será leída políticamente".

En el primer piso se podrá ver (días hábiles a las 18 y fines de semana a las 16 y las 18) "La artefacta", el filme biográfico de la artista de la cineasta Natalie Cristiani.

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