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Domingo 10 de Mayo de 2015

Europa parece desechar un viraje a la izquierda

Hasta hace poco parecía que Europa giraba decididamente a la izquierda radical. El auge de Podemos en España y el triunfo de Syriza en Grecia anunciaban ese volantazo.

Hasta hace poco parecía que Europa giraba decididamente a la izquierda radical. El auge de Podemos en España y el triunfo de Syriza en Grecia anunciaban ese volantazo. Pero esto está quedando atrás rápidamente. Por suerte para los europeos. David Cameron logró este jueves una victoria neta. “Inexplicable” para los autores de sondeos fallidos. También para quienes, en el poderoso periodismo progresista europeo, creyeron a ciegas y con entusiasmo en esas encuestas erradas. Culpa, dicen, del fenómeno del “voto vergonzante o escondido”. El hecho es que la sociedad británica eligió seguir con Cameron y su dura fórmula de adelgazamiento y tonificación muscular. Gran Bretaña crece y baja el desempleo como ningún socio continental. Es cierto que tiene costos en términos de distribución del ingreso. Pero mientras la Eurozona creció 0,9% en 2014, Gran Bretaña lo hizo 2,8 %. La Francia de Hollande creció apenas 0,4%. Y esto tiene grandes costos sociales: el desempleo en la Eurozona es de 11,3%; en las islas británicas está cayendo por debajo de 5.6%. En suma, el modelo de Cameron funciona. Y dado el actual panorama económico mundial impuesto por la globalización, no hay chances para un retorno al pasado que, confusamente, proponía el laborista Ed Miliband, “el Rojo Ed”. Aunque hay que decir que también prometía combatir el déficit fiscal, de manera que estaba lejos del radicalismo juvenil de Podemos y Syriza.

   España, en tanto, crece —espera hacerlo este año a niveles británicos— y se recupera después de años de crisis y del ajuste inevitable de su nivel de vida y del gasto público. El sondeo de abril del estatal instituto CIS (creíble para todos: en Europa no hay un Indec) indica que Podemos cayó al tercer puesto. Mientras los “populares” logran 25,6% y el PSOE, 24,3%, Podemos cae a 16,5%, al tiempo que lo asedia el centrista Ciudadanos, que crece a 13,8%. El quiebre puede anunciar un cambio de tendencia. En cuanto a Grecia, luego del mes inicial del gobierno de Syriza con giras del ministro Yanis Varoufakis como si fuera una estrella de rock, ahora el premier Alexis Tsipras ha comprendido —al parecer— la gravedad de la situación y se ha sentado a negociar seriamente con Europa y el FMI. Varoufakis es uno más del equipo negociador, que ya no preside. Todo está por verse, pero la etapa consignista parece superada.

   Así, Europa va dejando atrás la breve euforia de la izquierda radical, que llevó al éxtasis veraniego a cierto periodismo argentino. Los europeos vieron con alarma cómo el gobierno de Syriza estaba enterrando a Grecia en un aislamiento creciente, mientras los únicos que celebraban su “rebeldía” eran la Rusia de Putin, la Venezuela de Maduro y otros actores similares. Muy sintomático. Mientras, resulta cada día más claro que Europa, o gran parte de ella, está dejando atrás finalmente lo más agudo de su crisis, aunque falta muchísimo para que sea un recuerdo. Y cuanto más pesen partidos como Syriza y Podemos, más difícil y lento será el proceso de recuperación. Es simple: estos radicales son enemigos abiertos de la economía de mercado. Y la economía de mercado es la única salida que tiene Europa, como evidencia el caso británico. El modelo del Estado de Bienestar de los tiempos de De Gaulle y Willy Brandt ya no volverá. Pero los europeos aún pueden tener una protección social y un bienestar en niveles más que apreciables, muy por encima del resto del mundo, como prueba la Gran Bretaña de Cameron. Está claro que Francia e Italia, entre otras muchas naciones de la UE, tendrán que cambiar drásticamente, mucho más de lo poco que han hecho hasta ahora.

   ¿La lección europea sirve de algo en América latina y Argentina o es un caso enteramente aparte, propio? Es claro que Europa no tiene muchas cosas en común con la América latina emergente. Salvo que los dos continentes se mueven en el mismo marco: la globalización. Acá es donde caben algunas traslaciones. El radicalismo anticapitalista, cuando es tomado como algo mas que un divertimento de cátedra, no funciona, ni allá ni acá, y en cambio sí hace mucho daño a las sociedades que lo aplican.

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