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Sábado 02 de Octubre de 2010

Estudio y profesión, otras razones para aprender la lengua italiana

El italiano ya no es sólo la lengua que se aprende por razones afectivas ligadas casi siempre a los espacios familiares, también resulta una motivación más para crecer profesionalmente. Tan es así que en Santa Fe su enseñanza ha crecido, ya sea en la educación escolar o en cursos no formales. En Rosario funciona el único profesorado provincial del idioma.

El italiano ya no es sólo la lengua que se aprende por razones afectivas ligadas casi siempre a los espacios familiares, también resulta una motivación más para crecer profesionalmente. Tan es así que en Santa Fe su enseñanza ha crecido, ya sea en la educación escolar o en cursos no formales. En Rosario funciona el único profesorado provincial del idioma.

El pasado y presente de esta lengua extranjera fue justamente el tema sobre el que durante los primeros días de septiembre (del 6 al 11) más de 220 docentes, académicos y especialistas debatieron en Rosario, con motivo de la celebración del centenario de la Asociación Cultural Dante Alighieri.

Algunas de las conclusiones que dejó esta movida educativa y cultural no pasan para nada inadvertidas en una provincia como Santa Fe, donde la inmigración italiana tuvo su epicentro.

La coordinadora académica de la enseñanza del italiano en la Escuela Dante Alighieri, Adriana Tomé, contrapone a ese imaginario colectivo que muestra a los inmigrantes como personas ignorantes, “una historia que muestra que eran de vanguardia, que estaban al frente de experiencias innovadoras”.

Y para repasar estas iniciativas no sólo hay que remitirse a la propuesta pedagógica de las hermanas Cossettini en Rosario,  Tomé recuerda que en cada pueblo de la provincia donde llegaban inmigrantes se instalaba un centro donde la cuestión educativa era una preocupación.

“En 1910 se crea la Asociación Cultural Dante Alighieri, y en 1912 empieza a funcionar la escuela con nivel inicial y los tres primeros grados. Era una escuela laica, mixta, revolucionaria para la época”, repasa la educadora.

Más allá del capítulo que la lengua y cultura italianas suman a la historia santafesina, a nivel global el estudio de la lengua ha tenido modificaciones provechosas. “Así como el francés era la lengua de la diplomacia, el italiano estuvo asociado a las motivaciones afectivas, a los espacios familiares, o a la lírica; sin embargo, hoy las motivaciones por aprenderlo son muy variadas y heterogéneas”, explica Tomé.

Acreditación

Se refiere entonces a la posibilidad de sumar otro valor a los estudios académicos, interesarse por el placer que genera aprender esta lengua “armoniosa”, y acompañar el desarrollo de nuevas carreras como las de diseño, muy influidas por los estudios italianos.

Un aporte para que este aprendizaje tenga doble valor es saber que desde hace diez años en la Dante funciona un centro de certificación del examen Plida (Proyecto Lengua Italiana Dante Alighieri), que se realiza con el acompañamiento de la Universidad de la Sapienza. Por año se presentan entre 300 y 350 aspirantes para obtener la certificación en este centro, provenientes de los egresados de las secundarias donde se dicta el italiano y cursos no formales, entre otras instituciones.

Además, en la Dante funciona desde 1982 el único profesorado de italiano que otorga títulos oficiales, depende del Ministerio de Educación de la provincia y ofrece una titulación hoy de definida salida laboral. “No damos abasto con las clases”, confiesa Adriana Tomé.

Y para dar cuenta del crecimiento —paulatino pero sostenido— de la enseñanza del italiano en la educación formal hay que saber que en Rosario se dicta en escuelas públicas y privadas como la Dante, el  Normal, Edmondo de Amicis, Giuseppe Garibaldi, Jesús de Nazareth, San Miguel Arcángel, Técnica Santa Fe, Basilicata, la Bernardino Rivadavia y el ex Nacional Nº 1.

Lengua y cultura

“Lengua y cultura son las dos caras de la misma moneda. No se puede enseñar una sin la otra”, advierte Tomé, la especialista de reconocida trayectoria de esta educación. Enseguida agrega que por eso lo correcto ahora es hablar de “interculturalidad”. Una manera —asegura— “de hacer una aproximación a otros y descubrir similitudes y diferencias, algo muy enriquecedor”.

En consonancia con esta idea, apoyada en una metodología “humanística, afectiva, lúdica y multisensorial”, desde 1983 se desarrolla en el nivel inicial de la Dante una experiencia de bilingüismo precoz. Alcanza a la sala de 5 años (en 2012 inaugurarán la sala de 4 años), donde las profesoras de castellano e italiano comparten todo el tiempo. “Eso permite que el pasaje de una lengua a otra sea con naturalidad, sin pedir traducción”, explica.

Pero sobre todo destaca que  “el aprendizaje de otras lenguas contribuye a una educación integral, de respeto y tolerancia”.

 

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