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Viernes 25 de Marzo de 2011

Esto no debería pasar

En una ciudad donde el transporte funciona y quienes brindan un servicio público tienen claro qué implica ese concepto, tal vez una idea como el Nochebus hubiese sido descabellada. Pero en Rosario, donde no son pocos los taxistas que no entran al centro cuando llueve...

En una ciudad donde el transporte funciona y quienes brindan un servicio público tienen claro qué implica ese concepto, tal vez una idea como el Nochebus hubiese sido descabellada. Pero en Rosario, donde no son pocos los taxistas que no entran al centro cuando llueve, no levantan pasajeros si el viaje es muy corto y fruncen el ceño cuando a la hora de pagar asoma un billete de 100 pesos, el tema es distinto. Encima, a la madrugada esperar un colectivo implica un plantón eterno.

Así, cientos de jóvenes pueblan las calles buscando alguien que los lleve de regreso. Y por lo menos ayer, estas combis les evitaron ese peregrinar. Se podrá criticar que el sistema es anárquico, que las unidades fueron apenas dos y que dejar librado al juego de la oferta y la demanda el precio del pasaje puede acarrear inconvenientes. Pero la madrugada del jueves no fueron pocos los que volvieron a sus casas más tranquilos.

Tal vez sea un comienzo. Hay que pulir el sistema, pero es algo. Para un padre no es lo mismo saber que a su hijo lo dejarán en la puerta de la casa luego de salir del boliche que pasar la noche en vela esperando ese ansiado regreso.

La pregunta de fondo es por qué hay que implementar esta suerte de ayuda de emergencia y es tan difícil hacer que los servicios públicos funcionen como corresponde. En una ciudad que se jacta de ser "la mejor para vivir", estas cosas no deberían pasar. Pero pasan.

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