Educación
Sábado 13 de Junio de 2015

Estela y el bastón de la maestra que se convirtió en doctora de la UNR

Esta semana, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo recibió el título Honoris Causa. Fue elegida por su lucha por los derechos humanos.

La planta alta del palaciego Espacio Cultural Universitario (ECU) lució lleno. Al principio los pibes de los centros de estudiantes se agolparon en el fondo del salón, pero ante el desborde en la convocatoria, se abrieron los accesos laterales para colmar el piso superior. Desde allí decenas de chicos y chicas siguieron el emotivo pero preciso discurso que brindó Estela de Carlotto el miércoles por la tarde, cuando la Universidad Nacional de Rosario (UNR) le otorgó el título de Doctora Honoris Causa. La eligieron por su vida y ejemplo de lucha por los derechos humanos. Los allí presentes, y fundamentalmente los pibes, la adoptaron desde hace rato como la abuela de todos. La que a sus 84 años sigue enseñado. Porque nunca dejó ser esa maestra que acaricia con su sonrisa. La abuela cercana. Estela.

El acto protocolar mutó en un abrazo colectivo. Hasta en más una ocasión en locutor que ofició en la ceremonia se quebró y no pudo contener las lágrimas. Parecía que todo era poco para Estela, símbolo de Abuelas que, junto a las Madres, Hijos y demás organismos de derechos humanos, mantienen viva la lucha por la memoria. Sin rencores, sin odios, pero con la firme convicción de la búsqueda de la justicia.

Y allí estaba Estela, que acompañada por su bastón, se sentó y saludó a todos los presentes que la fueron a escuchar. "El bastón lo tengo, como otras abuelas, porque nunca nos arrodillamos. Siempre caminamos. Y no hay que arrodillarse ante quien quiere dominar la voluntad del pueblo", dijo en medio de su charla ante un ECU repleto de rostros que, por lo emotivo del acto, pasaban de un segundo a otro de la alegría al llanto.

Si hasta la propia Estela sonrió orgullosa como una maestra recién egresada cuando recibió de manos del rector Darío Maiorana el diploma del doctorado que la reconoce como profesora de la UNR. Agitó el diploma en lo alto y se los dedicó a todos los presentes. Una sonrisa joven en un cuerpo y un corazón lleno de historias.

Presenciar una charla o conferencia de Estela de Carlotto es estar frente a una de las historias de lucha más significativas del pasado reciente. La vida de esa maestra normal y luego directora de una escuelita de La Plata que festejó el golpe de 1955, pero cuyos hijos le "enseñaron" —así lo dice ella— a ver otra realidad. Y a entender que "con el terror y los fusilamientos quisieron apagar un país".

"Aprendí de mis hijos, porque era una mujer que estaba muy confundida y en la vereda de enfrente de mi país, festejando lo que no debía festejarse nunca, porque así me había formado la historia. Nací en el 30 y estaba educada por una dictadura y esos medios monopólicos que nos desinforman", dijo sobre esos años de docencia, mientras sus hijos e hijas crecían al calor la militancia. La última dictadura cívico militar secuestró primero a su esposo Guido y luego se llevó a su hija Laura, quien fue asesinada en un centro clandestino de detención. Allí nació Guido —o Ignacio Montoya Carlotto— quien 36 años después lograría abrazarse con su abuela al recuperar su identidad.

Vocación. La lucha por hallar a su nieto obligó a Estela a dejar la dirección de la escuela. Pero nunca abandonó del todo su vocación de ser maestra. "Siempre estamos haciendo docencia, para que la gente sepa lo que nos pasó, que nos tocó a todos la dictadura, que de una manera u otra todos perdieron, perdió la cultura", dijo minutos antes de la conferencia, en un cuartito del ECU donde casi ni alcanzó a tomar el té que le sirvieron. Estela es cálida y sabe del cariño que despierta. Es más, no se considera una mujer "especial" ni mucho menos: "Me asusta un poco cuando con cariño nos sobrevaloran. Nosotros hacemos lo que debemos, lo que sentimos que tenemos que hacer. Y también lo que pudimos".

La presidenta de Abuelas dijo que el Honoris Causa significaba para ella "un honor y un mimo" que le hacía la Universidad, de reconocimiento personal pero que prefería transferirlo a toda la institución de Abuelas, "ese grupo de mujeres que nos juntamos hace 38 años para hacer algo inédito y doloroso, para inventar, juntarnos y caminar". Recordó también a Darwina Gallicchio, la Abuela de Plaza de Mayo de Rosario que falleció en 2008. Su nieta, Ximena, colabora hoy con la institución.

Estela celebró que la distinción provenga de los claustros universitarios, porque considera fundamental "la enseñanza y la formación de nuestros jóvenes", a los que no dudó en llamar "una juventud maravillosa, aunque algunos otros digan lo contrario". Cree fundamental enseñar "a saber leer entre líneas y quedarse con una lectura válida". Por eso sostiene que la batalla cultural hay que seguir dándola. "Tenemos que hacer docencia y educar, porque hay un grupo, que no es grande pero muy poderoso que es el económico".

En todo momento su mensaje fue de paz. De ayudar a entender que "en la Argentina es posible vivir en paz a pesar de las diferencias". Que "no todo es blanco y negro, y que en ese gris nos vamos a dar las manos".

Cuando terminó la charla, Estela se reunió con autoridades, funcionarios de la provincia y con el obispo emérito Federico Pagura, de la Iglesia Metodista. Se pidió un mate caliente, que ni alcanzó a probar. Otra vez, todos querían abrazarla, darle un beso y cruzar al menos una palabra con la abuela. Afuera de esa sala, poco más de un centenar de personas, sobre todos jóvenes, la esperaban para saludarla y sacarle una foto. Como una personalidad destacada —que lo es— pero a la vez casi familiar.

Con la custodia que la acompaña desde el atentado a su vida que sufrió en 2002, Estela abandonó el martes a la tardecita el ECU en el auto que la trasladó desde su casa de La Plata, no sin antes seguir saludando a los chicos que hasta se animaron a pedirle una selfie desde la ventanilla del auto. En ningún momento paró de reírse. Se la veía feliz con ese cariño juvenil.

Mientras los pibes se pasaban las fotos, una chica flaquita con una remera turquesa le contó a otra amiga que había ido con ella a la charla: "¿No te pareció que a Estela la conocés de toda la vida, como que es alguien re cercano?". Tal vez por eso sea la abuela de todos. Y quizás en ese cariño sincero que le tienen, haya más de una respuesta. La misma Estela la dio cuando, tras agradecer el reconocimiento de la UNR, confesó: "Ese amor me da más vida y me ayuda a caminar".


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El rector Darío Maiorana, Estela de Carlotto y el decano José Goity.
El rector Darío Maiorana, Estela de Carlotto y el decano José Goity.

La universidad que se honra

La distinción que otorgó la UNR a Estela Barnes de Carlotto fue propuesta por la Facultad de Humanidades y Artes, y apoyado por unanimidad por el consejo superior. En 2003, Carlotto había recibido un reconocimiento similar en Rosario, pero en nombre de Abuelas de Plaza de Mayo.

José Goity, decano de Humanidades y padrino del Honoris Causa, señaló que la distinción era para Estela en su carácter de educadora. “Es un potente agente educador, una persona que logra captar nuestra atención y cuando aparece dejamos lo que estamos haciendo y le prestamos atención. Y eso es el primer paso de toda trasmisión educativa”.

Dijo además que la presidenta de Abuelas “tiene un compromiso con la educación y la transformación de los corazones y las mentes” y que “apela a una educación como práctica de la libertad, la paz, la memoria y la justicia”. Y que lo hace “maravillosamente bien, en un fenómeno transgeneracional que atraviesa edades, intereses y personalidades que encuentra en ella una referente en quien creer y confiar. Una maestra. Y eso no es poca cosa”. Sostuvo además que al distinguirla e incorporarla con este título al claustro de profesores “es la Universidad también la que se honra”.

A su turno, el rector de la UNR Darío Maiorana, dijo que de los más de 40 títulos que le tocó presidir en sus ocho años de gestión este era “el de los más gozosos”. Y recordó que el Honoris Causa es el único caso “en el que la Universidad le pide a la persona que forme parte de su claustro docente”. Según la ordenanza de la UNR, el título se otorga “por los aportes de mérito de la persona o por sus aportes en la defensa de los derechos humanos y la democracia”. “Méritos ambos que sin duda cubre con creces Estela”, resumió.

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”Siempre estamos haciendo docencia, para que la gente sepa lo que nos pasó, que nos tocó a todos la dictadura, que de una manera u otra todos perdieron”. dijo Estela ante una multitud en el ECU.
”Siempre estamos haciendo docencia, para que la gente sepa lo que nos pasó, que nos tocó a todos la dictadura, que de una manera u otra todos perdieron”. dijo Estela ante una multitud en el ECU.

La abuela que “se la rebanca”

“Cada nieto recuperado es un premio Nobel”, dijo Estela el martes en el ECU. Quizás una de las frases más potentes que sintetizan la alegría que genera cada joven recuperado.

El año pasado Estela encontró al suyo. A ese que soñó durante años como Guido. Se llamaba Ignacio y cada vez que lo nombra se le ilumina el rostro y se le cae la baba como toda abuela “orgullosa y enamorada” de su nieto.

Ignacio es el recuperado Nº 114. En total ya son 116 los nietos apropiados por civiles y militares durante el Proceso que ya conocen su verdadera identidad. Pero el manto de silencio fue tan brutal e inhumano que aún quedan unos 400 chicos ya adultos que restan por encontrar. Estela misma se sumó a la campaña “Necesito verte hoy” lanzada por la filial Rosario de Abuelas de Plaza de Mayo y posó con el cartel que apunta a llamar la atención y concientizar sobre esta búsqueda.

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Estela apoyó la campaña
Estela apoyó la campaña "Necesito verte hoy", de Abuelas Rosario.

Las abuelas no están solas y lo saben. Detrás están los nietos, algunos de ellos que tomando la posta se sumaron a la institución. Aunque Carlotto aclaró con una frase que contagió ternura y determinación: “Mientras exista una abuela vamos a estar al mando nosotras, por supuesto”.

Como en esos hechos históricos de la vida del país, es difícil no recordar dónde estaba o qué estaba haciendo cada uno cuando los canales de noticias confirmaron esa tarde de agosto de 2014 que había aparecido el nieto de Carlotto. “Todos —cuenta— siempre me dicen que cuando eso pasó lloraron, o me dicen que estaban haciendo algo, cocinando, leyendo o descansando. Y cómo les impactó la noticia del nieto de Estela, porque era buscado por todos, porque todos nos ayudaron, desde buscar información hasta el cariño cordial. Por eso ese nieto fue parte de una conquista nacional también”.

Durante años, cuando iba a las escuelas a dar charlas, los nenes le decían a Estela que “ya iba a encontrar” a su nieto. Hasta una nenita de jardín un día le pidió: “Estela, no aflojes”. Ese encuentro llegó y ese abrazo postergado se concretó. “Lo más maravilloso que me pasó”, afirmó la presidenta de Abuelas sobre ese “triunfo de la perseverancia, de la tozudez y del amor”.

Nerina Barraza es docente del colegio Nuestra Señora de Itatí de barrio Las Flores, y junto con otro profe acompañó a los chicos del centro de estudiantes de la escuela a la charla de Estela. “Me encantó todo, es muy emocionante cuando habla ella y me llamó la atención que los chicos la escuchaban muy atentos y sorprendidos”, contó la docente.

La fortaleza, “lo bien que se la ve” y la serenidad con la que transmite su historia fueron algunos de los comentarios recibidos de sus alumnos. “Para mi —agregó— fue una oportunidad que no pueden dejar pasar los chicos. Ellos están armando su centro de estudiantes y nos pareció importante acompañarlos a escucharla, como ejemplo de lucha, esperanza y de que nunca hay que bajar los brazos”.

Agustina Muñoz, presidenta del Centro de Estudiantes de la Itatí, dijo que decidieron ir porque les pareció buena “la idea de conocer a Estela”. De la charla rescató cuando habló de su bastón “porque nunca se arrodilló y siempre está de pie” y que les encantó “su fortaleza y que se la rebanca”.

“En la escuela hablamos de estos temas, y son oportunidades que capaz que no vamos a tener más. Por eso estuvo bueno que escuchemos su historia”, resumió Agustina.


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