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Jueves 12 de Marzo de 2015

Estar cerca de los chicos y confiar en la escuela, claves para aprender mejor

Un grupo de educadoras asegura que el valor que las familias le den a la educación favorece el tránsito por la vida escolar y les ofrece confianza a los hijos.

¿Cómo acompañar a los chicos en el año escolar? ¿Qué pueden hacer las familias? Un grupo de educadoras, consultadas por La Capital, coincide en que es decisivo mostrar el valor que tiene aprender, el conocimiento en sí, ofrecerles a los hijos una presencia de calidad y mantener un diálogo permanente. Es clave la confianza en la escuela y sus docentes.
  “Siempre les digo a mis alumnos que el saber es lo que nos va a quedar, lo que nadie nos puede quitar”, opina Ana Funes, quien lleva más de 30 años en la docencia, de los cuales 25 enseñando en el Hogar Maternal Nº 2 de Rosario. También que es sustancial que los padres tengan “conciencia de la importancia de la educación”. Y para afianzar ese vínculo necesario con la casa, es clave “acercar a los padres a la escuela, que participen en las distintas actividades, y que en ese acompañamiento vayan viendo el progreso de sus hijos, el entusiasmo” por aprender.
  Señala que “los chicos están muy atentos a la participación de los papás”. Por eso, más allá de las obligaciones laborales, es necesraio hacerse un rato para estar cerca. Un ejemplo que rescata es que aún llegando cansados del trabajo haya un tiempo “para conversar con sus hijos, mirar las carpetas, ver qué hace falta”. “El mensaje no es la cantidad sino la calidad de tiempo, porque por ahí estuvimos todo el día y no propusimos nada”, reflexiona.
     “La relación de diálogo favorece la construcción de lazos con nuestros hijos, la autoestima y les dan seguridad”, dice y advierte que eso requiere de paciencia y hasta de placer, “para no caer en la obligación por la obligación misma, que termine siendo una carga”.
  “Siempre  —suma— hay que ofrecer “un mensaje positivo” de la escuela, sus docentes y los distintos actores que están todos los días”.

Mensaje optimista.Cristina Castañeira es supervisora de nivel primario. Tiene 16 escuelas a su cargo que reciben a diario a unos ocho mil alumnos. En sus 32 años de docencia ha pasado por los distintos cargos, desde maestra hasta la función actual de supervisora. Comparte con Ana Funes que siempre hay que tener un mensaje optimista sobre el aprendizaje de los chicos y los logros que se pueden conseguir con las familias. Y para que eso sea posible “hay que confiar en la escuela”.
  “Hay que empezar desde la confianza, para que el chico se sienta seguro y le guste ir a la escuela, que lo haga con alegría”, se entusiasma. Nada mejor entonces que la escolaridad que se transite como vivencia propia más que por las expectativas de las familias. Algo que requiere de padres que “acompañen y muestren confianza en sus hijos y en los docentes”. Para favorecer esa tranquilidad, es bueno “observar, preguntarles cómo les fue, sin fomentar la competencia ni haciendo comparaciones”, y entendiendo que “cada niño tiene sus tiempos de aprendizajes”.
  Su experiencia de trabajo le muestra que hay padres que no colaboran con la escuela porque no saben cómo hacerlo. Lo ideal es que cada institución encuentre su camino. “Las escuelas a mi cargo son de zonas muy desfavorables. Quizá no pueda pedir  que se contribuya con determinado material, pero sí que acompañen, que confíen, que los lleven a la escuela todos los días”, menciona.

Valores. La profesora Diana Urcola también cree que lo primero que hay que saber es “qué valor le otorga la familia al conocimiento”. Según reflexiona, “es ahí donde se juegan cuestiones cotidianas, desde la valorización o no de la palabra del maestro, de crear las condiciones para que los chicos puedan realizar sus tareas, de acompañar en el cumplimiento de determinados materiales necesarios para resolverlas, hasta sentarse junto a ellos cuando no las pueden resolver solos”. Y los padres, los adultos referentes de los chicos —aprecia— “son sostenes afectivos importantes”, como aquella mamá que sin saber cómo resolver un problema, se sienta junto a su hijo y lo intenta igual.
  Urcola hace más de 25 años se dedica a la educación inicial. Ha trabajado en jardines, y actualmente lo hace en la formación de docentes de este nivel, en los tres Normales de Rosario. Trae a la charla el concepto de “la participación guiada”, de la educadora norteamericana Bárbara Rogoff, para marcar la importancia de favorecer la autonomía de los más pequeños. “Rogoff plantea que al hacer junto con los niños se les va mostrando el camino, hasta que lo pueden resolver solos”. Un ejemplo de cómo se va logrando esa autonomía se refleja en las tareas escolares. Eso sí, para que eso ocurra es necesario que lo que les proponga la escuela permita eso, porque “a veces (las tareas) parecen más una interpelación a los padres o tienen un nivel de complejidad que son una real dificultad para que los chicos puedan resolver o implica aprender cosas que no se enseñaron”.
  Una posibilidad de acercar vínculos, y en particular en el nivel inicial, es invitar a las madres y a los padres a compartir lo que saben hacer, sus trabajos y profesiones. “Es una manera de acercarnos y de validar el conocimiento práctico que tienen los padres en el campo del saber”. Si una tarea tiene la escuela en relación con las familias, es la de “trabajar en los valores”. “Podemos generar la búsqueda de información, pero la formación en actitudes, la tolerancia, la cooperación con el otro, el respeto, el aprender juntos son cuestiones que hay que trabajar en especial”. Esto para “generar acuerdos que puedan ser sostenidos, es lo que fundamenta el disenso y permite tolerar las diferencias”. concluye.

Responsabilidades. La presencia, la seguridad, la confianza son esenciales para “acompañar el crecimiento de los chicos”, expresa Florencia Dietrich, vicedirectora de la Escuela San Luis Gonzaga y docente en el profesorado de Educación Primaria, del Verbo Encarnado. Asocia sus palabras con una preocupación creciente: un cierto corrimiento de las responsabilidades de padres. Algo que alcanza igual a los chicos de inicial, primaria o secundaria. “Es cierto que la escuela puede hacer mucho, redefinirse en sus tareas, pero hay cuestiones que son ineludibles y necesitamos contar con la ayuda de los padres”, precisa.
  “El simple hecho de disponer de algún ratito del día, de sentarse, desarmar la mochila, mirar el cuaderno, pedir que les cuenten qué hicieron, implica un rato que va más allá de una ayuda puntual. Ese rato hace que el chico se sienta querido, respaldado, valorado. Genera un marco de seguridad y confianza”, se explaya la docente (con más de 27 años de enseñanza) sobre muy valiosas acciones cotidianas.

Diferentes caminos. Propone buscar distintos canales de participación de las familias en la escuela, para reforzar esa alianza necesaria: “Hay que encontrarles la vuelta en función de la realidad en la que estamos trabajando y de manera que la escuela cuide y respalde a las familias y las familias avalen a la escuela. A lo mejor algunas se entusiasman con las reuniones de padres, otras con una clase abierta, una feria de ciencias o simplemente ornamentar un acto”.
  Avanzar en esa alianza es una meta que ve como necesaria, sobre todo para que sostener la relevancia de la educación. Cuando eso no ocurre —se inquieta Dietrich— aparecen, por ejemplo, las inasistencias, las llegadas tardes a clases y hasta los chicos del secundario que quedan libres en su materias. Propone no temer a “ejercer la autoridad” de padres e insiste en que hay acompañar a los hijos en sus aprendizajes. “Si no hay un discurso adulto que acompañe, que diga «la escuela es importante», eso el chico no lo adquiere solo, es un entrenamiento que se va desarrollando en el grupo familiar”.

Selfie familiar

“De familia en familia” es el nuevo libro de Ediciones Iamiqué. Reúne 15 relatos “de familias muy distintas entre sí (o no tanto)”. Los autores son los psicólogos José Nesis y Paula Szuster. Cada relato fue cuidadosamente graficado por diferentes ilustradores. Se cuentan la historia de “Julia a quien cuida Isabel que también cuidó a su mamá cuando era pequeña”; la de “Facundo que vive con sus dos mamás”; “la de Santiago que vive con sus abuelos porque sus padres viajan por todo el mundo”, la de “Zoe que vive con su mamá, su iguana Rosita y su gata Luna” y la de “Tomás que en junio celebra su cumpleaños y el día en que fue adoptado”, entre otras. Los autores son investigadores universitarios y docentes. Los relatos fueron recogidos en su trabajo con las familias. “De tanto escuchar y conocer, pensaron en contar y compartir algunas de esas historias”, anticipan de esta edición.

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