Ovación
Lunes 20 de Junio de 2016

Estados Unidos, a lo sumo, dará más trabajo que Venezuela

En un ambiente tan resultadista como el fútbol actual decir que la goleada de Argentina contra Venezuela por los cuartos de final se veía venir es como firmar un documento eterno con la soberbia.

En un ambiente tan resultadista como el fútbol actual decir que la goleada de Argentina contra Venezuela por los cuartos de final se veía venir es como firmar un documento eterno con la soberbia. Pero en tren de reconocer, tal vez pudo haber parecido engreído que desde estas mismas páginas se insista tanto con que a la selección nacional no se le ven rivales que puedan entorpecer la ruta hacia la final de la Copa América Centenario 2016. No obstante, lo que pasó el sábado en Boston sorprendió a aquellos que están acostumbrados a razonar en la selva periodística con los números en la mano y sin permitirse la perspectiva del análisis conceptual. Habrá que entenderlo por ese lado. De lo contrario, no hay manera de entrarle a la cuestión por otras filtraciones. No hay peor cosa que la que no se quiere ver. Argentina hizo todo tan fácil que no necesitó jugar a la altura de lo que puede hacerlo cuando está Lionel Messi en la cancha. La semifinal del martes contra Estados Unidos en Houston también asoma como otro recreo preparatorio del equipo de Martino antes del examen que está esperando desde que perdió la final el año pasado contra Chile. Y quién dice que las volteretas del destino no le ponen al mismo adversario enfrente que aquella vez. El equipo de Pizzi descuartizó los pronósticos con el 7 a 0 que le propinó a México, uno de los que pintaban para enfrentar a la selección argentina en Nueva York. A lo sumo, el conjunto de Jürgen Klinsmann le dará algo más de trabajo que Venezuela. Siempre ser local en este tipo de torneos entrega alguna ventaja, aunque no hay público más desinteresado por el fútbol que el estadounidense. Es un equipo que no jugará movilizado por una causa nacional, pero sí por la vena competitiva que siempre demostró tener el entrenador alemán. Que dicho sea de paso ya comprobó con sus propios ojos lo que significa verles la cara por el piso a los argentinos cuando los eliminó por penales en los cuartos de final del Mundial 2006. No es un dato que vaya a asustar a este grupo, que seguramente ya lo habrá procesado puertas adentro porque aquella selección de Alemania también la integraban nada menos que Lionel Messi y Javier Mascherano. Si usted va por la calle y escucha a alguien que le dice que el partido del martes será sinuoso para Argentina, haga dos cosas antes de contestarle con argumentos. Primero no le crea y segundo asegúrese que Messi sea titular y se levante en óptimas condiciones. Ahí tendrá la respuesta que está buscando. Eso sí, para la final del domingo tómese un tranquilizante o alguna medicación de ese estilo, porque hasta ahí llegaba el recorrido de trote inglés de la selección. Las finales siempre guardan sorpresas a la vuelta de cada esquina.

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