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Domingo 19 de Junio de 2016

"Está naciendo una nueva conciencia de lo femenino"

La periodista y escritora Sandra Russo vino a la ciudad para mostrar su último trabajo. Seis textos que desatan interrogantes —y acercan respuestas— sobre el alto costo de ser mujer en una sociedad machista que grita como nunca antes "Ni una menos" y encuentra en los jóvenes otra mirada.

Casi no hay spot de productos de limpieza sin una mujer que los sostenga. Madre abnegada y servicial, el estereotipo femenino sigue al pie de la letra los designios de un patriarcado que, para Sandra Russo, goza de excelente salud.

"La mujer publicitaria no dice nunca que no. Y el problema de la violencia siempre empieza cuando una mujer dice que no", apunta la periodista y escritora en uno de los capítulos de Lo femenino: aproximaciones a las mujeres como enigma (Debate), libro que presentó en Rosario la semana pasada, pocos días después del "Ni una menos", la concentración que convocó a una multitud frente al Congreso nacional y en distintas ciudades del país.

Fue la segunda marcha para concientizar y alertar sobre el horror de los femicidios. Entre una marcha y otra se produjeron 275 crímenes contra mujeres. En diálogo con Más, la autora hace foco en los medios como promotores y difusores de la violencia simbólica. Sostiene que existe una grieta entre las nuevas generaciones y ese pensamiento patriarcal heredado de siglos de sometimiento. Y se pregunta por los dispositivos inconscientes que hacen, por ejemplo, que muchas mujeres que fueron a la marcha, por la noche disfrutan viendo programas donde "a otras mujeres les cortan el hilito de la pollerita".

Lo femenino es el último libro de Sandra Russo y está dividido en seis capítulos o "pliegues", como bien señala su autora. Cinco ensayos y un cuento componen esta obra que bucea el registro femenino en distintas aproximaciones. El motor puede rastrearse en la historia personal de la autora, cuando en 2005 publicó una columna en Página/12 sobre los padecimientos de su madre, internada en una clínica psiquiátrica. La historia de Olga es la que abre el libro. El enigma de una mujer que recién cuando estuvo atrapada por la locura confesó su deseo insatisfecho de cantar.

"En lo personal tiene que ver con algo trabajado durante muchos años en terapia y que recién después pude objetivar para escribirla", dice Russo. El caso de Eduardo, un padre de familia y exjugador de rugby que un día asumió su identidad femenina y pasó a llamarse María Laura; un sorprendente ensayo sobre las hembras de los simios Bonobo y una mirada estético/política a modo de contrapunto entre la expresidenta Cristina Fernández y la canciller alemana Angela Merkel son otros de los textos incluidos en el libro.

En el capítulo en el que contrapone a Cristina con Merkel analiza, entre otras cosas, una potente foto que fue viralizada por los medios a modo de cotejar dos estilos. La imagen sólo muestra los zapatos de ambas mandatarias. Los de la alemana son chatos, desgastados: símbolos de austeridad. Los tacos altos de la exmandataria argentina lucen impecables y brillosos. Una lectura que va más allá de los zapatos, donde para Russo los medios les levantan o bajan el pulgar según el tipo de política que defiendan.

Zapatos Merkel Cristina
Los zapatos de Angela Merkel y Cristina Fernádez fueron blanco de análisis de los medios.
Los zapatos de Angela Merkel y Cristina Fernádez fueron blanco de análisis de los medios.

"El odio a la yegua es contra una mujer que se cree más de lo que es, que no es abogada y que la manejaba el marido. En todas esas descalificaciones de género lo que veo es a mujeres que no son dueñas de sí mismas, que no son autónomas, no son soberanas. Porque sino para cualquier mujer es admirable cierta capacidad de lucha de Cristina, porque evidentemente ha luchado, con las herramientas y convicciones que tiene", afirma la periodista.

"El odio a la yegua es contra una mujer que se cree más de lo que es, que no es abogada y que la manejaba el marido" / Sandra Russo

Si bien reconoce que hubo críticas sexistas en su momento también hacia Eva Perón, sostiene que "aunque suene un poco fuerte decirlo, Cristina tuvo un desarrollo histórico mucho más prolongado que el de Evita, tuvo muchas más oportunidades para equivocarse en ese sentido o aflojar, porque fueron ocho años de gobierno. Pero la estigmatización y acusación es la misma, es una acusación velada a la pertenencia de clase media de Cristina, a la que también acusan de grasa. Sólo le puede decir eso alguien que se cree superior. Y la estética de Cristina es absolutamente de clase media, porque las clases altas prefieren el maquillaje invisible y el de Cristina es como un tatuaje, como el de las mujeres de los setenta".


Ni una Menos
La marcha en Rosario convocó a miles de hombres y mujeres.
La marcha en Rosario convocó a miles de hombres y mujeres.

La contradicción

El 3 de junio el grito fue unánime: "Vivas nos queremos". También los varones se sumaron a esa voz desesperada y precisa contra el fin de la violencia de género y los femicidios. Como bien recuerda Julia Fiasco en una reciente columna para La Capital ("La escritura en el cuerpo de las mujeres"), en 2015 fue el crimen de Chiara Páez, la chica de 15 años asesinada en Rufino por su novio tras contarle que estaba embarazada, el que desencadenó la bronca contenida. Este año, y en los días previos a la marcha, se conocían los casos de tres nenas de doce años: Micaela, Guadalupe y Milagros. Las tres fueron asesinadas. Las tres tenían 12 años.

Quizás por eso, y al igual que en las marchas de cada 24 de marzo, muchos rostros infantiles y adolescentes se vieron debajo de las banderas y carteles. Los chicos también tienen un mensaje que merece ser escuchado. Las caras pintadas, las frases escritas a mano en cartulinas de colores llevaban impresa la contundencia de lo simple: "No me visto para provocarte, mi vida no gira en torno a tu pene" y "No son crímenes pasionales, son femicidios". Este último, un dardo que pone el blanco en el discurso de los medios de comunicación. El día de la marcha, en la Plaza del Congreso un concurrido stand de la Defensoría del Público repartía información sobre la violencia mediática y recomendaciones para evitar representaciones que naturalizan la desigualdad de género en radio y TV.

El capítulo cuatro de Lo femenino indaga precisamente al femicidio como "clímax del patriarcado". Para Sandra Russo no hay dudas de que el tratamiento de los medios sobre estos crímenes no escapa a lo coyuntural. Y por eso prefiere poner sus fichas en el reclamo genuino de sectores de la sociedad que viene pujando por un cambio del paradigma patriarcal.

—¿No ves una toma de conciencia en los medios respecto de esta violencia simbólica?
_Yo creo que eso no son los medios, es el feminismo. Los medios por sí mismos tienen una tendencia que siempre responde a lo patriarcal y a lo conservador. Cuando hay algo que los desvía de esa mirada es por una presión que llega desde abajo, es su propia audiencia la que demanda, corrige o se queja de tal vocabulario. Pero yo no tengo en absoluto fe ni confianza en los medios de comunicación como emisores de mensaje. Y menos en este momento, donde creo que son empresas que venden información como mercancía y que no cuidan ninguna linea editorial, o muy pocos lo hacen. Me parece que se va modificando en función de los intereses comerciales de los dueños.
—Incluso en estos temas
—Incluso en estos temas. Fijate lo que pareció ser una toma de conciencia sobre la indignidad de lo que está pasando con los refugiados en Europa cuando apareció el cadáver del niño en la playa. Hace casi 40 años que trabajo en medios y sé que eso los editores lo ponen los dos días que dura como noticia y en la televisión le ponen música sensible e incidental y al los tres días vuelven a olvidarse de esa agenda, porque no es la que les interesa a los medios. Y la agenda de de las mujeres tampoco.
—En la marcha participaron muchas adolescentes, dando cuenta de una cierta toma de conciencia social. Sin embargo los femicidios continúan ocurriendo.
—Bueno, ahí también hay una grieta. Entre eso que pasa y una conciencia que tiene que ver con un nuevo paradigma y que hace que uno pueda ver adolescentes con un discurso tan claro diciendo "no nos gusta que nos digan que tenemos buen culo".Porque eso es agresivo, es acoso. Es sólo desde un pensamiento patriarcal que se puede creer que a cualquier mujer se le puede decir "que buen culo que tenés". Que fue una frase del presidente y que entra dentro de esa categoría. Viniendo del presidente eso es una responsabilidad social porque ese mensaje baja desde la más alta investidura. Y culturalmente es muy importante que tenga conciencia de género para no decir ese tipo de cosas. Pero mas allá de eso, porque Macri es una anécdota en ese tema, es una grieta porque es toda una nueva conciencia que nace y su portadora mas fuertes son por un lado las víctimas y por el otro las chicas muy jóvenes que vienen con otra cabeza y que también son acompañadas por chicos de esa misma edad, que a su vez tienen madres que probablemente hayan tenido otra manera de criarlos. Son generaciones que vienen con otro chip.
—¿Y frente a esa mirada renovadora, qué ves?
—Por el otro lado está toda la cultura patriarcal que se sedimenta a lo largo de siglos, porque la cultura de masas es sexista y trabaja sobre mecanismos que están incrustados en la sociedad desde hace siglos. Y que hace que hasta las mujeres se diviertan viendo cómo a otras mujeres les cortan el hilito de la pollerita. Y no son audiencias masculinas, son audiencias mixtas, entonces ahí hay algo que al mismo tiempo que muchas mujeres se movilizan en una marcha como la del "Ni una menos", está esa otra mujer. Y yo pensaba: ¿será la misma mujer o serán distintas las que van a la marcha por un lado y las que se sientan a ver cómo bailan otras mujeres en pelotas? ¿Serán distintas o será la misma? Porque tal vez haya algún segmento de mujeres que así como van a la marcha después no llegan a conceptualizar que eso que está viendo a la noche con el marido aumenta la brecha de violencia, porque por lo menos es un camino que conduce a la violencia simbólica.

Sandra Russo 2
En la presentación de
En la presentación de "Lo femenino" acompañaron a Sandra Russo la psicoanalista Graciela Kait y la periodista Virginia Giacosa, habitual colaboradora de Más.
Bio
Periodista de larga trayectoria en gráfica y radio, Sandra Russo integró hasta fines del año pasado el staff del ciclo 678 (TV Pública) y condujo hasta febrero de 2016 el programa "Dejámelo pensar" (Radio Del Plata). Además es autora de ArqueTipos, Crónicas del naufragio y Contratapas. También escribió Jallalla (sobre Milagro Sala y el trabajo de la organización Túpac Amaru), La presidenta (biografía de Cristina Fernández) y Fuerza propia. La Cámpora por dentro.
"Con Lo Femenino quería hacer una transición entre esos libros muy políticos que venía escribiendo y un registro distinto. Por eso me pareció interesante también ver un poco cómo funciona el sexismo en los medios de comunicación", dice la autora.
Además de su labor periodística, dicta un taller virtual de texto breve para el interior y el exterior del país. Se trata de un taller de iniciación, sin requisitos previos y coordinado por Sandra Russo y Christian Rodríguez. Informes e inscripción: sucarames@gmail.com o en su muro de Facebook.


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