Selección argentina
Jueves 17 de Noviembre de 2016

Está en juego una guerra de narcisos

No se busca suprimir el ejercicio de la crítica. Nada más alejado de eso. Porque un periodista que nunca critica no merece reconocerse como tal.

No se busca suprimir el ejercicio de la crítica. Nada más alejado de eso. Porque un periodista que nunca critica no merece reconocerse como tal. Lo único que se intenta con estas líneas es no sistematizarla como si fuera siempre un ataque. Sobre todo porque los jugadores de la selección argentina la entienden de esa manera. Ninguno de los que el martes armaron la ridícula puesta en escena en la conferencia de prensa en San Juan tiene la valentía intelectual para comprender que los periodistas pueden opinar, siempre responsablemente, sobre situaciones futbolísticas o extrafutbolísticas que anden dando vuelta bajo la órbita de sus vidas deportivas. Eso sí, nunca es justificable caminar en el pantano de la falta de respeto. Esto viene a cuento porque Ezequiel Lavezzi está convencido de que el periodista Gabriel Anello lo dañó moralmente con el tuit que escribió y que afirma que él quedó afuera del banco del partido contra Colombia porque fumó un cigarrillo de marihuana. El Pocho hizo lo conveniente para estos casos: llevó la situación a la Justicia y ahora se inaugurará el tiempo en el que Anello deberá demostrar que lo que puso tiene el auxilio de las pruebas.

También es cierto, porque sería de hipócritas a esta altura negarlo, que en los últimos años el periodismo deportivo evolucionó hacia ciertas formas que su tradición desconocía. Tanto que el chisme y el puterío se introdujeron en las crónicas futbolísticas con la misma fuerza de un gol de Lionel Messi o una gran atajada de Sergio Romero. En ese sentido, hay algo de cierto en lo que dijo Messi cuando el martes agarró el micrófono frente al auditorio de periodistas y afirmó que el futbolista muchas veces se encuentra a merced de relatos o informaciones de las que no puede defenderse. Lo que sí se olvidó de decir Leo es que ellos también creen tener siempre derecho por encima de aquellos que los critican, adulan y hasta los ayudan a construir sus propios mitos personales. Dicho de otra forma para que nadie se haga el distraído y menos el ofendido en estos tiempos de susceptibilidades camufladas. Entre los periodistas deportivos y los jugadores de fútbol siempre estará en juego la vanidad de las partes. Siempre habrá algo personal. Porque, a la corta o a la larga, todo termina en una guerra de narcisos que a ambos bandos les encanta dar. Unos y otros fueron engendrados al mismo tiempo para eso y bajo la lógica de los siameses. Se odian, se aman, se confían, se desconfían, pero se necesitan. Se retroalimentan permanentemente por obra y gracia de la bendita conveniencia. Por eso esta medida que adoptaron los jugadores de la selección argentina durará hasta que se necesiten de nuevo.

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