Edición Impresa
Lunes 20 de Abril de 2009

Espanto

Hace diez días escribía unas líneas sobre la respuesta popular, los recuerdos de otros tiempos, que había despertado la muerte de Raúl Alfonsín. Hoy, tan pocos días después, tengo la mandíbula destrozada (por apretada, pero sobre todo por caída) ante los hechos de Valentín Alsina, el asesinato de Capristo...

Hace diez días escribía unas líneas sobre la respuesta popular, los recuerdos de otros tiempos, que había despertado la muerte de Raúl Alfonsín. Hoy, tan pocos días después, tengo la mandíbula destrozada (por apretada, pero sobre todo por caída) ante los hechos de Valentín Alsina, el asesinato de Capristo, el chofer de Andreani acribillado por un chico de 14 años a quien antes de morir la víctima también había intentado disparar con su propia arma. Porque por allí, parece, hay mucha gente armada.

Y recuerdo, hoy, que hace diez días, en esa otra columna, escribí sobre marchas a las que definí como fascistas. Es cierto que la amargura me hizo simplificar y soslayar otra dimensión de esas marchas que, repito, temí y temo fascistas.

Y ahora, tras el asesinato de Capristo, veo una. Sobre todo la miro por tevé con estupor. Veo la brutal paliza que El Justiciero, El Pueblo Enardecido, le dio a un fiscal hasta dejarlo internado. Es decir, nada menos que a quien debe investigar, y acusar al responsable de esa muerte. Y escucho, con más estupor todavía, al periodista de un canal de noticias que sentencia: "No se explica, pero se entiende". Lo escucho decir eso. Qué horror, pienso, al periodista ni lo explico ni lo entiendo.

Y me agarro la cabeza, casi-casi me mareo.

Por si fuera poco, es hoy, mientras escribo estas nuevas líneas, el mismo día en que Néstor Kirchner se promociona en un acto donde parece levantarle el brazo al gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli en su candidatura "testimonial".

En el mismo acto, K explica a quien quiera escucharlo que su esposa no hace más que reclamar "la ley penal del menor". O sea, todo parece indicar que Cristina clama y clama por la baja en la edad de imputabilidad. La culpa, dice K, es de la Justicia. No de la mayoría parlamentaria que todavía es suya. Cuánta hipocresía. ¿Pero qué otra cosa podría decir hoy K, si el clamor pasa por ahí y él tiene que juntar votos como mejor o peor pueda? El "proyecto" lo exige.

Y vuelvo a la "pueblada" de Valentín Alsina, como la llamó ya no sé qué otro canal. Intento ponerme en el lugar de esas personas a quienes les mataron al que más querían. Pero no sé... me sale otra cosa. Si me quieren tildar de aristocrática, elitista, intelectual, progresista, poco empática con el sufrimiento ajeno y el "sentir popular", llámenme como gusten, pero a mí me sale otra cosa: espanto.

Y les juro. El espanto es por la muerte del chofer de Andreani, por esa otra muerte en vida que es la del pibe que lo mató con apenas 14 años, un pibe -qué duda cabe- que está frito, pero es espanto sobre todo lo que me sale cuando veo esa "reacción" de parientes y vecinos del muerto pegándole brutalmente a un fiscal, de quien seguramente ni entienden qué papel le toca en el asunto. Qué grave es, qué grave es, qué grave es. Qué nivel de brutalidad.

Comentarios