Central
Jueves 03 de Noviembre de 2016

Espaldarazo a Coudet

El Chacho encontró la respuesta que buscaba del equipo para desechar la idea de fin de ciclo de la que se hablaba.

Un espaldarazo a Coudet. De eso se trató lo de anoche en el Kempes, que fue el corolario de unos días con cierto grado de agite en el barrio de Arroyito. La aparición de un juego (sólo en el primer tiempo) que hacía rato se pegaba ciertos faltazos, una instancia eliminatoria, los goles para cierto desahogo. Esos ingredientes y muchos más. En el medio una bocanada de aire puro para un equipo que lo necesitaba como el agua, pero un respaldo tan grande como el mismísimo Mario Alberto Kempes para un técnico, el de Central, que estaba en el ojo de la tormenta por una idea que el propio DT había instalado puertas adentro en el club. Por eso los abrazos furtivos con sus asistentes en cada gol canalla, por eso el sufrimiento en el complemento, cuando sus dirigidos no respondían en la medida de lo esperado. Todo eso no hizo otra cosa más que armarle un sostén elocuente, sin necesidad de mirar más allá de un escenario que podía tranquilamente haber sido decididamente oscuro.

   Había un futuro que se podría haber instalado con todas las letras en Central. Porque desconocer las aristas traicioneras que pudieron entregar los 90 minutos de ayer aquí en Córdoba es pecar de ingenuo en esto de hacer la vista gorda y pensar que nada podía suceder en caso haber puesto la mejilla. "Este triunfo se lo dedicamos a él (por el Chacho). Tiramos todos para el mismo lado", dijo Ruben tras el partido. A buen entendedor, pocas palabras.

   Coudet era uno de los grandes protagonistas de la noche. Quizá a la misma altura de la figura de Patricio Loustau. Necesitaba una señal positiva, que incluso iba más allá del desenlace que podía parecer como consecuencia de un buen rendimiento futbolístico. El mismo buscó esa señal. Con decisiones importantes, como por ejemplo la apuesta de mandar a Germán Herrera a la cancha y a Teófilo Gutiérrez al banco.

   Y sí, el fútbol tiene estas cosas raras. No impredecibles, pero dignas de una historia propia de un cuento de un Negro Fontanarrosa en su máximo esplendor. Porque cuando las papas parecían quemar en serio apareció un bálsamo de aquellos. Y este Central, como tantas otras veces desde que Coudet tomó las riendas del equipo, vuelve a meter protagonismo. Hay 180 minutos que separan a su equipo de la posibilidad de un título. ¿Muy lejos? Puede ser. ¿Muy cerca? También. Y además esa posibilidad de jugar la próxima edición de la Copa Libertadores, que de darse podría ser con o sin Coudet por este acuerdo tácito con la dirigencia de analizar el cuadro de situación semestre tras semestre.

   Se trató apenas de un capítulo más en esta historia de marchas y posibles contramarchas. Pero hay respiro. Hay confianza. Hay respaldo. Hay convicción. Hay también pasos que se darán de forma medida, estudiando el escenario cada vez que se corra el telón de esta Copa Argentina, que parece que es leitmotiv de un equipo que de aquí a fin de año trabajará para levantar la puntería en el torneo local, pero que tiene ya demasiado en claro dónde anida el gran y verdadero objetivo.

   Vendrá Belgrano ahora. Y allí se verá si será necesario tirar líneas sobre el papel o palabras al aire acerca de un posible fin de ciclo del que los hinchas parecen no estar para nada de acuerdo. "Y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de Coudet", cantaron los más de 10 mil hinchas en las tribunas mientras los jugadores festejaban aún en el campo la clasificación a semifinales. Fue un firme veredicto.

   Coudet escribió un nuevo capítulo en su vida como técnico. No menor, pese a que jamás quiso hacer referencias públicas a lo que se suponía podía pasar. El sostén que esperó del otro lado de la línea de cal llegó. Con zozobras, claro, aunque al final eso a esta altura cuente poco y nada. Fue lo que debía ser. Un espaldarazo a Coudet.

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