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Sábado 12 de Marzo de 2016

Espacios para retomar vínculos con el afuera

“Hay algo más puro, genuino y salvaje en los artistas de Oliveros” dice Fabiana Imola, del taller de plástica.

“No es una educación formal y se intenta brindar herramientas que permitan recrear el vínculo con el afuera. Hay una producción de subjetividad, el que es un autor, un pintor, y el crear lo convierte en un sujeto productor de arte”, resalta Fabiana Imola, coordinadora del taller de plástica.
    Explica que los coordinadores de los talleres debe ser, más allá de un título de profesor, “alguien que pueda transmitir, enseñar y compartir la pasión en la actividad. Buscamos despertar el sentido y las ganas de hacer”.
  “Estoy desde 1999, me formé con el doctor Hugo Boggio, psiquiatra y el primer director del área cultural que generó con equipos el trabajo en los pabellones. Antes no existía el trabajador social, el abogado y un área cultural” relata. También destaca a Miriam Boggini, quien sigue en el hospital y Oscar Pellegrini, ex director de la Colonia.
  “El funcionamiento del taller es casi individual, se trata de una actividad que se ofrece dos veces por semana, en el horario de 9 a 14. Vienen cuando quieren y está abierto para quien quiera venir”, explica.
  “Como en cualquier otro taller, —explica— hay usuarios que hacen dibujos y se vinculan con la técnica y lo artístico, se enganchan con hacer una producción. También se trabaja con estímulos y los materiales que le son más adecuados en su acción a cada uno”.
  Sobre la modalidad de la actividad, señala que “utilizo imágenes de la historia del arte, como herramienta para superar la angustia de la hoja en blanco. En lugar de los dibujos sobre casitas o arbolitos, empezamos ya con cuadros antiguos o contemporáneos. Vemos las figuras, el fondo, el color”.
  “Hay quienes tienen un gesto personal y una habilidad propia. Hay algunos que son artistas y los veo fuera del taller. En la oficina de una enfermera vi dibujos de un paciente, luego empezamos a trabajar juntos. Se trata de Aníbal Brizuela, quien tenía una mesita en el pabellón y dibujaba todo el día. Hoy está afuera, en un geriátrico de Oliveros, tras vivir 50 años en el hospital”, cuenta la licenciada en Bellas Artes. Especialidad Escultura. Escuela de Bellas Artes (UNR).
  Brizuela participó en muestras en galerías rosarinas y porteñas, y ahora expone en el espacio de arte Mal de archivo, de Moreno 477.
   Sobre la actitud de los artistas del lugar, indica que “hay una particularidad, algo más genuino, más puro y salvaje. Algunos empiezan a pintar y no paran cuando se sueltan, es algo fluido. Hallan algo para hacer y ocupan un lugar”.
  En 2014, el taller de artes visuales, coordinado por Imola, presentó una muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, a partir de obras de 31 artistas que participaron en el taller en los últimos 15 años. Enciclopedia Oliveros, fue el nombre de esa selección de obras los artistas de la colonia, con curaduría de Imola, la participación de Max Cachimba y Claudia del Río.

Sin manicomios. La lucha contra la desmanicomialización llevó a que en 1991 los organismos de derechos humanos reclamaran un mejor trato en todos los manicomios. Tras movilizaciones y largos debates, en 2010, los trabajadores de la salud mental logran que sea sancionada la ley de salud mental, donde se indica que, además de sustituir a los manicomios,  “las autoridades de salud de cada jurisdicción, en coordinación con las áreas de educación, desarrollo social, trabajo y otras, implementen acciones de inclusión social, laboral y de atención en salud mental comunitaria”. 

Cambios en la formación

“No se puede formar a los estudiantes como cuando la práctica era el manicomio. Aplicar la ley de salud mental implica un cambio de paradigma en la forma de posicionares ante el padecimiento mental y el usuario del servicio”, indica Marité Colovini, psicoanalista y psiquiatra, docente en carreras de grado y posgrado en Psicología y Medicina de la UNR.
  Admite que “en la Universidad todo cambio es lento, hay tironeos y algo de inercia”. Resalta que “el gobierno anterior formó un organismo con representantes de universidades y organizaciones de salud mental para abordar la ley desde equipos interdisciplinarias”.
  Pero advierte que ahora “al despedir a trabajadores de programas de salud mental,  caen esos espacios territoriales sustitutos del manicomio. El temor es queden sólo los hospitales”.
  Preocupan a la posible designación de Andy Blake como director nacional de Salud Mental y Adicciones. Durante su gestión en Buenos Aires se recuerda la represión al Borda cuando se quería realizar allí una inversiones inmobiliarias”, señala Colovini.

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