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Sábado 10 de Octubre de 2015

Esos sueños recurrentes donde se reprueban materias

¿Qué tienen en común? ¿Qué significan? El psicoanalista Sebastián Grimblat habla también de lo que representan las disciplinas cuco.

Ana se despierta perturbada: soñó que adeuda matemática de la escuela secundaria y que —aun siendo una graduada universitaria— debe volver a cursarla para hacer válido su título. El caso de Ana no es el único: otros se desvelan con historia, con clases de educación física a las que no se asistió y hasta con ejercicios de contabilidad que nunca cerraron. El psicoanalista y profesor de la Facultad de Psicología (UNR) Sebastián Grimblat habla sobre qué significan estos sueños recurrentes, más comunes de lo pensado. También de aquellas disciplinas que pueden volverse traumáticas para un estudiante.
  “Como psicoanalista lo primero que tengo que decir es que el sueño es del soñante y que el contenido del sueño y su elucidación es personal, vienen a partir de las asociaciones del paciente”, aclara al iniciar su charla y seguido muy de cerca por la figura de Freud que cuelga en la pared de su consultorio.
  Luego acepta analizar lo común que tienen estos “sueños recurrentes” ligados a la escena de lo escolar y los relaciona con “no sentirse preparado para enfrentar ciertas cosas, como con los pies de barro ante determinadas circunstancias”. “Tiene que ver con el crecimiento, con sentirse contenidos, aptos; tocan muchas inseguridades: «¿Y yo cómo voy a ser un ingeniero si debo matemática de primero?»”, explica para sumar un ejemplo.
  Psicólogo, ex vicedecano de Psicología, Grimblat recuerda que es Freud quien habla de los sueños recurrentes con personas fallecidas, donde el soñante vuela, se le caen los dientes o hay otras particularidades. También dice que tanto por lo propio de la profesión como por el material onírico que le aportan sus pacientes, bien entran en este campo de las reiteraciones aquellas en las que se presenta una situación escolar: “Una situación generalmente vinculada a un examen, a no aprobar una materia por ejemplo y pensar que en realidad su título universitario es un fraude. Y por lo general esa materia tiene algún sentido significativo de lo que ha sido su transcurso por la escuela”.
  Detalla que en estos sueños repetidos se manifiesta una relación entre lo íntimo y lo público de una persona: “Todo el mundo cree que es doctor, ingeniero o la profesión que haya logrado, pero en realidad adeuda geografía de segundo año, por lo tanto todo lo que sigue es un fraude”. Grimblat dice que lo que se pone en juego es un aspecto de la intimidad del individuo “donde él sabe que no es así, que no ha completado los estudios, pero el resto de la gente está persuadida de que es una persona de bien”.

Malos recuerdos. “Hay algo que ocurre en el interior de un ser humano que esa persona conoce pero el resto de las personas no y esto pone un conflicto de culpa. Como sueño recurrente tiene este aspecto de lo no elaborado, de conflictos que persisten y se despiertan —valga la expresión— precisamente en un sueño, cuando uno no está despierto”, analiza el psicoanalista desde una perspectiva bien freudiana.
  Grimblat opina que el medio escolar es un lugar de reedición de muchos aspectos de la vida de las personas, de allí que no es extraño que haya situaciones vividas como traumáticas y se relacionen con malos recuerdos del paso por la escuela, como las de un examen o alguien que fue hostigado. Otra cosa son los sueños recurrentes que hablan de otros sentimientos de las personas como “la desprotección, la búsqueda de afecto, del reconocimiento, el trabajo por la propia identidad, la autoestima”.

Materias cuco. Soñadas o no, hay disciplinas que para bien o para mal ocupan más atención que otras en la vida de un estudiante. También pueden llevar a frustraciones y hasta el abandono de una carrera. “Hay materias —dice Grimblat— en las carreras universitarias, también en la escuela, que no pueden evitar entrar en el orden de cierta jerarquía. Son las famosas materias cuco o filtro, las emblemáticas, aquellas que de alguna manera dicen «la aprobaste y ya te recibiste»”.
  Como ejemplo recuerda que en la carrera de medicina, previa al cambio del plan de estudio, quien aprobaba “anatomía”ya se sentía médico o bien en psicología estaba el mito de que quien aprobaba “Individual III” ya era psicólogo, que lo que seguía era muy sencillo de transitar.
  “Eran materias muy significativas en la estructura curricular”, explica sobre esas áreas simbólicas. Agrega que así como hay cátedras que provocan cierto temor, también hay docentes que “inspiran terrores reverenciales”.

Ciencias duras.  Las llamadas ciencias duras, como la matemática, la física o la química, son las que más suelen inquietar a los estudiantes. Grimblat señala que esto ocurre porque las currículas no pueden evitar convivir con ciertas supersticiones: “Por ejemplo, aquellas que aseguran que «El que es bueno en matemática es inteligente». No sé por qué, pero eso se sostiene. O que «Si es buen alumno en matemática pero no es buen alumno de lengua es inteligente, pero no tanto si es bueno en lengua y no en matemática»”.
  El docente de la UNR considera que mucho ha contribuido la psicometría para que se generen estos mitos o supersticiones curriculares, donde se resalta la lógica formal sobre cierta sensibilidad interpretativa que propone la palabra. “Difícilmente un padre se ponga más contento porque su hijo se sacó un 10 en dibujo y no un 10 en biología”, dice para graficar cómo juegan estas jerarquías curriculares.
  El educador analiza como inevitable que ocurran estas diferencias de criterio, ya que hay procesos en las instituciones que no se pueden controlar, que serán siempre inevitables: “Hay docentes que tienen fama de ser más rigurosos que otros. Y no está mal que un docente inspire que un estudiante ponga un plus de esfuerzo para estudiar. Distinto es que tenga fama de ser arbitrario en las evaluaciones, en la calificación”.
  Las situaciones de exámenes, la vinculación con los otros, la relación con la autoridad son algunos de los aspectos que constituyen lo cotidiano del medio escolar. Y en algunas situaciones también pueden derivar en un diván.
 

Enseñar a pensar

En este debate por aquellas disciplinas que suelen tener más peso que otras en el imaginario social, el psicólogo Grimblat considera importante recordar que por diversas razones, hoy los conceptos de inteligencia son más amplios que hace 50 años, cuando sólo estaban abocados a la lógica matemática. Lo cual permite pensar en un equilibrio mayor de las currículas y una valoración más pareja en relación a los contenidos. De todas maneras reconoce que hay cuestiones difíciles de trabajar, por lo menos desde el campo de la psicología, como por ejemplo determinar cuántas horas debe tener una currícula de la escuela secundaria entre asignaturas vinculadas con las ciencias exactas o las ciencias sociales.
  Por otro lado, considera que de alguna manera la escuela ha sido atravesada por cierta cultura del éxito social, y en ese caso habría que conversar hasta dónde el conocimiento como base del pensamiento tiene valor cultural y hasta qué punto la exaltación de los contenidos no están relacionados con ciertas formas de ese éxito social.
  En esta discusión, Grimblat se inclina por el desafío de enseñar a pensar al mencionar la reflexión que hace Vigotsky cuando dice que “la escuela no tiene que enseñar cosas útiles sino enseñar a pensar”. Se explaya en este concepto con un ejemplo de actualidad: “El acceso a la información se da hoy de tal forma que cualquier chico se mete en Wikipedia y tiene una cantidad de información que el mismo docente no tiene. Ahora ¿quién le enseña a pensar esa información?”.

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