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Domingo 22 de Febrero de 2015

Ese dorado objeto del deseo

Como todo fenómeno global nunca habrá acuerdo sobre el aporte de los Oscar.

Habría que imaginar el cine sin el Oscar. Ante todo, ¿qué es el Oscar? Objetivamente es el primer premio con el que la Academia de Cine de Estados Unidos, y primera institución en su tipo, reconoce a la actividad desde 1929. Y es anterior a sus pares del mundo y sus respectivos premios: el Cesar francés (1976), el Goya español (1987), el Bafta inglés (1947), el Ariel mexicano (1946), el premio de la Academia de Brasil (2002), el David de Donatello italiano (1963) y el Sur argentino (1941-1955 y reinstaurado en 2004).

Es también una fiesta que reúne una vez al año, durante cuatro horas, a 2000 millones de personas frente al televisor en 50 países. Toda esa gente ¿no tiene nada mejor que hacer? ¿O se trata sólo de saber cómo van vestidas las estrellas o quién tropieza en la alfombra roja o ver cómo será este año el preshow sin el ingenio malicioso de Joan Rivers? ¿O cómo es una fiesta que cuesta 100 millones de dólares? ¿O será que simplemente les gusta el cine?

Pero, lo que premian los Oscar ¿es cine?, se podrán preguntar legítimamente algunos. En ese caso, ¿la industria está reñida con lo que el consenso califica como cine arte? Pero ¿acaso los premios para el cine extranjero no tienen un sello claramente de cine arte? Un buen ejemplo este año es "Ida", la única de las cuatro candidatas a película en lengua no inglesa que fue estrenada en Argentina. El filme representa a Polonia con la historia de una chica educada en un convento que descubre que es hija de judíos asesinados durante el nazismo. Y es una película en blanco y negro, con apenas diálogos, tanto o más radical que algunos trabajos de Bergman, Wajda o Sokurov.

Como todo fenómeno global nunca habrá acuerdo sobre el aporte de los Oscar. No lo hubo ni lo hay sobre si la Pepsi o la Coca, mucho menos sobre un premio votado por 6.100 miembros de la Academia. Se trata, además, de un premio que reconoció a los directores de América latina en 18 ocasiones. Nueve estatuitas fueron a México y dos a Argentina, una en 1985 para "La historia oficial", y la otra en 2009 para "El secreto de sus ojos", de Juan José Campanella (foto), nominado en 2001 por "El hijo de la novia". Tal vez hoy sea la tercera para "Relatos salvajes". Mientras, con un presupuesto de 20 millones de dólares, se está rodando la remake de "El secreto..." con Nicole Kidman, Julia Roberts y Chiwetel Ejiofor (nominado por "12 años de esclavitud"), y dirección de Billy Ray, guionista de "Capitán Phillips" y "Los juegos del hambre".

Algunos podrán considerar que el primer Oscar argentino fue un premio de ocasión, teniendo en cuenta el tema de la película de Puenzo y la democracia recién recuperada. Pero en realidad la primera nominación fue para "Dios se lo pague", de Luis César Amadori, en 1948. El Oscar empezó a entregarse en 1929 en lo que fue una fiesta para apenas 270 invitados, casi una fiesta familiar. Y menos de veinte años después el cine argentino se mostraba en el living de la industria más poderosa del mundo. ¿Y cuál es el mérito?, se podrán preguntar otros. Primero, económico. Según el sitio Quartz, las películas nominadas al Oscar ganan un promedio de 12 millones de dólares más que las no nominadas. Y segundo, artístico. En 1974 Sergio Renán con "La tregua" perdió contra Federico Fellini, que ganó nada menos que con "Amarcord". Perder contra los mejores siempre es un éxito.

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