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Sábado 26 de Noviembre de 2011

Escuelas bajo la "emergencia educativa" por las adicciones

El psicólogo y director del Instituto Vínculo, Horacio Tabares, advierte sobre una problemática social que golpea a las escuelas. Asegura que habría que declarar la “emergencia educativa” en algunas situaciones y que estas problemáticas sociales "exceden al trabajo docente".

Para atender a los problemas de adicciones y violencia que impactan en la educación "en un conjunto de escuelas, sobre todo de la periferia, habría que declarar la emergencia educativa". La afirmación es del psicólogo Horacio Tabares, director de Vínculo, Centro Comunitario de Salud Mental, y un especialista en el abordaje de estas problemáticas.

Afirma que la próxima gestión educativa que asume en diciembre debería convocar a todos los sectores a trabajar en la prevención. También considera que estos males "exceden las posibilidades de trabajo individual de los docentes".

¿Cómo impacta el consumo de drogas en los aprendizajes? ¿Cómo influye en la calidad de la enseñanza? ¿Qué hacer? Son algunas de las cuestiones que Tabares desarrolla en su nuevo libro "Sobre consumos y violencias. Estudios socioculturales que impactan en la escuela y la comunidad" (Editorial Gabas), que presentará el viernes 2 de diciembre, a las 19.30, en Zeballos 2146.

En diálogo con La Capital , dice que los problemas de consumo se dan tanto en las escuelas de la periferia como del centro de la ciudad.

-¿Pueden docentes y profesores encarar solos problemáticas tan complejas como adicciones y violencias en el aula?

-La problemáticas de consumos de sustancias y violencias en las instituciones escolares exceden las posibilidades de abordaje individual del docente. Es más, en nuestro enfoque no debe ser así, pues la cuestión atraviesa a la institución y es consecuencia de contextos altamente conflictivos. Esto plantea escenarios inéditos para las prácticas educativas, pues lo que recogemos en nuestras recorridas por muchos establecimientos es la dificultad de muchos docentes para el desarrollo normal de la currícula, debiendo en muchos casos dedicarse a lo que denominamos "apaciguar el aula". Desde ya esto plantea un serio problema, pues son justamente los alumnos provenientes de los sectores más castigados por pobrezas e indigencias quienes más necesitan de los saberes que les puede proveer la escuela.

-¿Cuál es la consecuencia cuando esto no ocurre?

-Lo que se produce es una situación de inequidad en la apropiación del conocimiento social, en desmedro de estos sectores, que al no poder acceder a ellos pueden quedar condenados a repetir el perverso círculo de la pobreza, pues sabemos que los circuitos laborales exigen de los jóvenes postulantes cierto nivel de capacitación. La vigencia de un enfoque democrático y de construcción de ciudadanía exige que absolutamente todos los niños y adolescentes tengan asegurado, no sólo el derecho a la escolaridad, sino que ésta se realice en condiciones que todos puedan apropiarse del conjunto de saberes escolares, que por cierto están amenazados por la proliferación de violencias y consumos. Creo que de fondo la sociedad debería abocarse a un debate profundo en relación al paradigma educativo deseable en estos tiempos, pues la cuestión interpela a todo el sistema educativo. Por ejemplo, ¿de qué vale postular 180 días o más de concurrencia a las escuelas si los docentes están imposibilitados del desarrollo normal de las clases? De allí que venimos planteando algunas medidas, que deberán ser debatidas por los trabajadores de la educación y escuchadas por los funcionarios del sistema educativo.

-¿Cuáles son esas medidas?

-En un conjunto de escuelas, sobre todo de la periferia, habría que declarar la emergencia educativa. ¿Para qué? Para que el Ministerio de Educación pueda destinar fondos, y otras medidas urgentemente, sin tener que someterse a papeleos burocráticos, para completar la planta de los establecimientos (faltan cargos docentes, trabajadores en los comedores, en el sector de servicios, etcétera). Hay escuelas que funcionan con baños químicos, con edificios totalmente deteriorados, que necesitan material didáctico. Y básicamente que tienen que tener equipos profesionales interdisciplinarios de la salud que los asistan y apoyen en su actividad pedagógica. Y, además, en esas escuelas la educación debe ser personalizada, con grupos de no más de 15 alumnos en el aula, pues dada la conflictividad de los mismos el docente queda impotente para abordar problemáticas de esta complejidad.

-¿Qué otras medidas considera clave para que los docentes puedan enfrentar estas problemáticas?

-En primer lugar docentes y directivos deben ser capacitados para estas situaciones inéditas. Hoy el perfil del educando medio ha variado de cuando ellos cursaron sus estudios en los institutos terciarios; y no sólo ha cambiado en escuelas de la periferia, sino también de las del centro. Hemos testeado situaciones de consumo en algunas escuelas del centro y los resultados son realmente alarmantes. También proponemos que en todos los establecimientos educativos se organicen consultorías para abordar estos temas, que estén integradas por profesionales competentes, como psicólogos, psicopedagogos, técnicos en adicciones, operadores comunitarios, entre otros. Pero además por docentes, administrativos y que se abran las puertas a padres y madres que quieran participar de esta tarea. Conjuntamente con esto proponemos que en los establecimientos escolares se den espacios para formar "adolescentes preventores" y "madres preventoras", experiencias que venimos realizando y estimamos pueden ayudar a revertir, juntamente con otras medidas, esta critica situación.

-Comienza en diciembre una nueva gestión ministerial, ¿qué lugar de la agenda educativa esperan para estas problemáticas?

-Esperamos de la próxima gestión apertura y diálogo. Podremos revertir esta situación con el concurso de todos los sectores de la sociedad. Nadie por sí solo tiene el patrimonio de la verdad absoluta, y esto excede las pequeñas vanidades a las cuales somos, a veces, proclives los profesionales. Aquí lo que está en juego es el futuro de niños y adolescentes. Nosotros, como siempre lo hemos postulado, estamos dispuestos, en la medida de nuestra humilde experiencia, a aportar. Sabemos que los gremios docentes y las organizaciones de padres tienen la misma vocación. Hay además muchísima capacidad en los colegios profesionales y en las Instituciones educativas superiores. De allí que la próxima funcionaria (a la cual le deseamos el mejor de los éxitos) tiene la palabra. Si convoca al trabajo mancomunado de la comunidad tendrá propuestas que pueden revertir la situación.

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