Opinión
Miércoles 16 de Noviembre de 2016

Escombros "rosarigasinos"

Pensar la ciudad. Las decisiones de políticas urbanas influyen decididamente sobre el futuro colectivo. Rosario se ha vuelto inconexa, injusta, mal abastecida de servicios y peor resuelta en la práctica.

Administrar es decidir. Gestionar es decidir. De un verbo se pasa al otro pero el juego es sencillo. La ciudad, como un cuerpo, no se queda quieta ni es perenne. El que administra sabe que mañana, ay, lo que decida hoy difícilmente pueda deshacerse. Las decisiones urbanas resuelven sobre el mañana colectivo. Resuelven sobre los que aún no nacieron.

Dos ejemplos "rosarigasinos" nos ayudan. Sobre la década del '90 la liberación de la traza ferroviaria (Menem lo hizo) permitió que se mirase el río de otro modo y aún hoy, segunda década del siglo XXI, aparecen negocios privados que esa decisión estatal facilitó. Aguas abajo el enclave boliviano remite a otras autoridades. Esa zona sigue siendo, en estos días, una rémora y consolida el argumento: decidieron en un momento e incidieron en el porvenir.

Cuando se requiere una razón urbanística para el crecimiento por pujos individuales, con alturas diferentes y la base mercantil (el menor costo y el mayor beneficio) condicionando sospechosamente el crecimiento en altura de la ciudad, con expedientes amarillos y vetustos que sirven de justificación para emprendimientos nuevos, dolarizados y especulativos que enloquecieron la ciudad confirman que Rosario se ha vuelto inconexa, injusta, mal abastecida de agua, luz, gas y peor resuelta. Ante la pregunta la respuesta es corta: "El daño ya está hecho". Deberíamos reflexionar sobre esta crueldad del hecho consumado. Ese argumento irrita.

El socialismo tiene una razón filosófica para el tratamiento de hombre y sociedad. Si la respuesta es Rosario urbano deberíamos revisar la ideología. Que una cosa ha sido la salud pública y otra muy diferente la construcción privada autorizada. Una sola administración. Dos criterios muy diferentes.

La ciudad es generosa en ejemplos: Ayacucho y San Juan y una amplia vereda nueva (2015/16) sobre un edificio construido hace 30 años, una ampliación contra natura y contra peralte resuelve cuestiones que alteran (mal) algo que ya estaba pésimamente gestionado.

La bicisenda de calle Salta, resuelta sobre la puerta izquierda de los autos, demuestra que abundan los decretos contra natura. Podría extenderse al olvido para la ejecución del pavimento de calle Wilde hasta Circunvalación, aliviando el Mercado de Fisherton y resolviendo otra entrada franca a la ciudad, que es una demostración doble. Entrarían / saldrían camiones fácilmente, pero hay pocos habitantes en el límite de la ciudad.

Las argumentaciones para construir en el centro de las manzanas y/o sobre la vereda común servidumbres de paso, de uso, de conveniencia comercial particular, tornan injusta y caprichosa a la ciudad. Hay paredones grises considerados patrimonio histórico y fenomenales e históricas casonas demolidas ante la distracción y el desamparo de los administradores de la cosa pública.

Los escombros en el centro de la ciudad (Rioja, Entre Ríos, Sarmiento) para volver peatonal el casco céntrico a un costo que nadie aclara, con un fastidio que nadie consuela y un fin que suponemos, pero que nadie cuenta de modo explícito, permiten un ejemplo claro de una coyuntura que será definitiva. Hoy complican y mañana no se sabe si resolverán para el bien de todos, pero serán poco menos que perennes las reformas que hoy irritan

Mirar las entrañas de Santa Fe y Sarmiento es desnudar 100 años de ciudad. El strip tease de las cañerías es triste y peligroso, muy peligroso si es inútil, ya que muchos de esos conductos no se cambiaron, simplemente se corrieron de lugar para rellenar y nivelar. Abrir el cuerpo hasta las coronarias para pintar un tatuaje en el pecho, un maquillaje, parece poco menos que ridículo. Eso sucede.

Los cráteres urbanos muestran las entrañas de una ciudad que no agrandó el diámetro de sus cañerías de agua ni ha resuelto gas y luz para los próximos 30 años. Que va, ni siquiera para el mes que viene. Cuando se insiste pidiendo argumentaciones la respuesta aparece y clausura la conversación: el daño ya está hecho.

Constituyen, estos escombros, un buen motivo de debate. Quiere la ciudad peatonalizarse… si, no… Con qué costo, con qué beneficios, dispuestos así, con calles peatonales, para que porvenir urbanístico, que es y será social, comercial, vital y que es, ay, definitivo. Vamos a los bifes: cuánto costaba/cuesta/costará el m2 construido sobre calles peatonales, cuánto el local comercial, cuánto una cochera. Cambia, todo cambia.

Se anuncia la llegada a Rosario del trolebús que se había ido. Habían quedado pocos, casi históricos. Bienvenido un transporte que intoxica poco y define calles (la electrificación es insoslayable) y velocidades. ¿Lo dejaron ir? ¿por qué? Nadie puede argumentar honradamente que ahora se dieron cuenta de sus bondades.

Confronta esta realidad con los carteles publicitarios, como el que todos recordamos, previo a las elecciones de 2015, cuando remodelamos una plaza a un costo de 18 millones de pesos (dólar 9 pesos) y dichos carteles ostentaban el orgullo por esa inversión.

Hay un emblema inatajable. Para la ciudad y la región se pagó un proyecto al arquitecto brasileño más famoso. Varios millones se fueron en un proyecto del que hoy nadie sabe nada.

En el paso de la renuncia de Horacio Usandizaga a la toma de la Municipalidad por el entonces socialista popular Héctor "Tigre" Cavallero, quedó claro que era Rosario quien decidía sobre su Salud. Una administración socialista sin coimas, con el énfasis sanitario, puso a Binner en juego y el concepto socialista de Salud Pública entusiasmó. Tal vez el escombro de las calles céntricas sea un emblema del paso del tiempo. No basta la salud.

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