Edición Impresa
Martes 09 de Diciembre de 2008

Esclavos

“Empapelados esclavos del día”. Así llamó a los periodistas el gran filólogo alemán Ulrich von Wilamowitz-Moellendorf en su afán de destruir a Friedrich Nietzsche, quien acababa de publicar su trascendental primer libro, “El nacimiento de la tragedia”.

“Empapelados esclavos del día”. Así llamó a los periodistas el gran filólogo alemán Ulrich von Wilamowitz-Moellendorf en su afán de destruir a Friedrich Nietzsche, quien acababa de publicar su trascendental primer libro, “El nacimiento de la tragedia”.

Lo interesante es que Wilamowitz trató de degradar al objeto de su furia comparándolo, justamente, con un periodista. Queda claro cuál es el concepto que se tenía de la prensa en tan altos niveles intelectuales.

Hoy las cosas han cambiado. A los intelectuales no los lee casi nadie y muchos periodistas se han tornado auténticos oráculos. Y los diarios ya casi no publican textos literarios. Manda la “noticia”.

Sin embargo, quienes trabajan en los medios suelen estar perfectamente conscientes de que existen no pocos días que, precisamente, no “existen” desde el punto de vista informativo. De que “no pasa nada”. Pero los diarios tienen que salir, los noticieros deben ser emitidos, el contenido de las páginas web necesita ser renovado. ¿Con qué? Mejor no pregunte.

En otras épocas, en los diarios escribían tipos como Roberto Arlt. Que cuando “no pasaba nada” salían a la calle a buscar algo. Y algo encontraban.

Claro, ese “algo” no tenía de manera necesaria un correlato en la realidad. Era Arlt el que a fuerza de pura garra y talento —“prepotencia de trabajo”, lo llamó él— producía un texto digno de ser leído, verdadera “realidad”, mucho más “real” que el blanco concreto de su mirada.

“Empapelado esclavo del día” entonces, sí. Pero qué esclavo.

Un esclavo que nos ayudó a ser más libres.

Comentarios