Escenario
Viernes 01 de Septiembre de 2017

"Todo lo que hemos construido conspira contra el deseo"

Lucrecia Martel presentó ayer en la Mostra su última película, "Zama", basada en la novela "existencial" de Antonio Di Benedetto.

Lucrecia Martel aspira con gusto su puro cubano. Los fuma desde los nueve años. No parece nerviosa, pero la directora argentina estrena hoy en el Festival de Venecia su primera película en casi diez años: "Zama".

Inconfundible con sus anteojos puntiagudos de cristales oscuros, Lucrecia Martel atendió ayer a la prensa en el hotel Excelsior de Venecia,un par de horas antes de estrenar su película "Zama" en la legendaria Mostra de la ciudad italiana. La directora salteña, aspirando con gusto su puro cubano (los fuma desde los 9 años), está vestida con camiseta marinera a rayas y pantalón blanco, un guiño seguramente involuntario a los gondoleros de la ciudad que acoge su esperado trabajo, en el que vuelca a la gran pantalla la novela homónima de Antonio Di Benedetto.

"Zama" se centra en un funcionario de las colonias destinado en una zona remota, que espera el traslado a un puesto mejor y que interpreta Daniel Giménez Cacho con uno de los mejores papeles de su carrera. El actor hispano-mexicano comparte cartel con la actriz española Lola Dueñas. Además, la película cuenta en la producción con el apoyo de Pedro Almodóvar, Gael García Bernal y Diego Luna.

—"Zama" transporta al mundo de las colonias y sumerge al espectador en la experiencia vital del protagonista que, cansado de esperar un traslado, se ve arrastrado por su desesperación. Y todo ello en un entorno en el que la naturaleza es salvajemente abrumadora. ¿Era esa su intención?

—Cuando uno hace una película, lo que desea es compartir con el espectador una percepción del mundo. Ya no más proponerse eso es ambicioso, y te diría un fracaso, pero toda esa conjugación de sonidos, de imágenes y de decisiones de imágenes en torno al color, al encuadre, a los personajes, a cómo hablan son todas las elecciones que uno hace con el propósito de sumergir al espectador en un universo que desea compartir.

—¿Qué le atrajo de la novela de Antonio Di Benedetto?

—Es una obra previa al boom de la novela latinoamericana. Es una novela existencial, muy particular porque es de un existencialismo de unas bases latinoamericanas. Y lo que a mí me interesó del texto es que, cuando se habla de él se dice que es un novela sobre la espera, y lo que a mí me interesó es la identidad como una trampa. Si uno fuese más flexible respecto a quién es uno, y en general eso en las mujeres sucede más que con los hombres, el fracaso sería algo menos estrepitoso. El fracaso es cuando uno tiene una expectativa muy concreta de lo que quiere y una idea muy particular de quién es. La identidad es algo rígido y la rigidez hace que el individuo se quiebre. Para mí es un personaje que tiene una visión rígida de sí mismo.

—Esta película habla de identidad en un mundo que se está desmoronando, pero al mismo tiempo tiene una lectura moderna, porque se trata de un personaje que está aferrado a un sistema.

—Sí, pero sobre todo a miniestructuras de poder que puede haber en ese lugar donde él está. Todo lo que está fijo, sufre. Todo lo que va y viene con el agua sobrevive. Pero sin embargo nuestra cultura se ha empecinado en la rigidez, la identidad, el individuo, el sujeto, ser alguien, tener un título, tener un título de lo que sea. Todas esas cosas que nos alejaron de lo nómada nos han vuelto lo psicópatas que somos. Nuestra cultura es una cultura de psicópatas.

—Hay un hilo conductor en tus películas ("La ciénaga", "La niña santa" o "La mujer sin cabeza") que es el deseo y que también se da en este trabajo...

—El deseo, lo que tiene de interesante, es que tiene una raíz más física que todo lo otro. El deseo se va abriendo sus caminos como puede. Todo lo que nosotros hemos construido casi conspira contra el deseo, esa fuerza enloquecida. Lo que yo siento en común con las otras películas, que es lo que me interesa del mundo, son los personajes que están en los márgenes del poder, que no tienen el poder, son gente que está rasguñando los bordes el poder. O el mundo de las mujeres; lo que es fascinante de su mundo, y es una de sus virtudes, es cómo lograron armar su civilización mujeril en los márgenes del poder. Es muy fácil ver eso en la violencia de género. La violencia de los hombres es la incapacidad de manejar la frustración. En cambio nosotras estamos acostumbradísimas, si no se puede por aquí, nos vamos para el otro lado.

—Con apenas cuatro películas de ficción está considerada una directora de culto...

— ¿Sabés qué? Es una gran noticia para los que estudian cine que no hay que filmar tanto. Es una idea ecológica, no hay que llenar las góndolas de películas de uno. ¿Tanto tenés para decir? Yo no tengo tanto para decir ni tantas ganas de trabajar.

—Esa ha sido la razón por la que ha tardado casi diez años en hacer esta película...

—No, estaba distraída haciendo otras cosas. Quizás no estuve haciendo cine, pero no estuve lejos de lo que me interesa.

María Luz Climent Mascarell

DPA

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