Escenario
Jueves 28 de Septiembre de 2017

"Se necesita una dosis de locura para pertenecer a la sociedad"

La directora Lucrecia Martel, que triunfó con "La ciénaga", regresa a las salas después de nueve años para contar la historia de un burócrata en la época de la Colonia en "Zama".

Tras nueve años de ausencia, la directora Lucrecia Martel vuelve hoy a los cines de todo el país con su nueva película, "Zama", basada en la célebre novela homónima de Antonio Di Benedetto. El filme construye una idea del pasado —extraño y surreal— para recorrer la mente perturbada del funcionario colonial Diego de Zama, un héroe absurdo que vive esperando lo imposible: una carta del Rey de España que lo aleje del puesto de frontera en el que se encuentra estancado.

Protagonizado por el mexicano Daniel Giménez Cacho, la española Lola Dueñas y los argentinos Juan Minujín, Rafael Spregelburd y Daniel Veronese, el cuarto largometraje de la autora de "La ciénaga", "La niña santa" y "La mujer sin cabeza" llega a las salas tras su paso por los festivales de Venecia y Toronto, con una historia ambientada en el Gran Chaco, en tiempos de una América salvaje y misteriosa.

"En el fondo de la película está la idea de que cualquier persona que se resiste perece", dijo Martel en entrevista con Télam. "Los huracanes a los árboles rígidos los arrancan de raíz, mientras que las palmeras se doblan pero sobreviven. Sólo queda lo flexible. La mejor forma de oponerse a algo malo que te toca vivir es la flexibilidad. Y también no creerse tanto algo, porque mutar es la acción más vital posible. No hay que resistir, sino mutar", señaló la directora en relación a la situación que sufre Zama.

La película describe la pesadilla real de un burócrata mediocre rodeado por un entorno decadente, en el que se ve obligado a "hacer cosas que preferiría no hacer, actuando como si sus días no fueran parte de su vida sino un interludio que hay que soportar hasta que llegue su esperado traslado para reencontrarse con su familia", agregó Martel.

—"Zama" no es muy diferente a tus filmes anteriores: una indagación en la subjetividad del protagonista. ¿Cómo pensaste una puesta en escena para eso?

—La decisión número uno fue que yo tenía que filmar lo que Di Benedetto había visto y escuchado. Había una idea de mantenernos adentro de la cabeza del personaje con pequeñas apuestas, entre ellas la idea de que muchos textos de diálogo estuvieran sobre planos de Zama. Me parecía que la repetición de ese dispositivo iba a generar una especie de voz interior hecha de muchas voces. Genera la sensación de que la película es muy subjetiva y que todo lo que estás viendo está dentro de la cabeza del protagonista, como un soliloquio.

—¿Podría decirse que "Zama" es una película sobre la desesperación y la locura?

—Para mí es una película de liberación. La idea era armar todo este dispositivo sobre un hombre que cree algo de sí mismo que lo único que le genera son insatisfacciones, y que cuando abandona eso entra en un terreno de aventuras que a cualquiera nos gustaría, aunque también sabe que puede salir mal. Eso para mí es una peripecia positiva.

—¿La película se corre de la realidad para crear un mundo de locura surrealista?

—Ser parte de la sociedad ya significa de por sí una capacidad de locura enorme. Que todos tan mansamente nos sometamos a las horas de trabajo que son sacrificios sin ningún beneficio más que el económico es una demencia. Se trabaja para la supervivencia. Se necesita una dosis de locura para pertenecer a la sociedad. No hay tanta normalidad como parece. Cada época genera su propia locura y solamente con locura se puede vivir en esta sociedad.

—También llama la atención el papel de héroe absurdo, condenado a la esperanza, que tiene Zama...

—Claro, hasta el final, cuando le dice al otro personaje: "Hago lo que nadie hizo por mí, digo no a sus esperanzas". Di Benedetto seguramente estaba imbuido por ese espíritu, porque vivió los años 50 y es difícil creer que no haya leído a Albert Camus. Estamos en una cultura tan predeterminada por el catolicismo que creemos que al final de nuestros sacrificios todas las cosas malas que sufrimos van a ser recompensadas. La recompensa por el sacrificio y la idea de que el sentido está siempre más allá es la base de la locura católica. Y en ese sentido "Zama" es muy humana, muy asentada en el hombre.

—Como en tus otras películas acá también le das mucha importancia al sonido...

—Pero no es el sonido como banda sonora. Cuando hablo del sonido, hablo del sonido antes de hacer la película, incluso antes de escribirla. El sonido es una materia que me permite perturbar algunos esquemas de nuestra cultura: la idea de causa-consecuencia, la línea de tiempo. Es algo que está preestablecido por una cultura muy visual. Porque emocionalmente las causas y consecuencias no se organizan en una línea, ni las experiencias humanas. Hay mucha simultaneidad, muchas cosas del pasado que pesan sobre el presente y se proyectan sobre el futuro. Nuestra percepción física del tiempo no es una línea y esa arbitrariedad predetermina mucho un modelo narrativo.

—En tu caso, ¿cómo atacás esos modelos narrativos?

—El sistema con el que yo me sentí cómoda para sacudir mi propia educación fue pensar una idea del tiempo a partir del sonido. Y eso ya me genera muchas posibilidades de trabajo con la imagen y la reorganización del relato. En la banda de sonido de mis películas nunca pienso que el sonido es una emisión de la imagen. No es que suena lo que se ve. El sonido en mis películas es una construcción paralela a la imagen, nunca suena lo que se ve.

Paulo Pécora

Télam


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