Cine | "El Pampero", con Julio Chávez
Jueves 03 de Agosto de 2017

"Quise mostrar a un tipo necesitado de afecto, pero que se sale de la vaina"

El director cordobés Matías Lucchesi, que antes sorprendió con "Ciencias naturales", rodó una historia intimista sobre el autoconocimiento.

Matías Lucchesi, que en 2016 sorprendió con su opera prima "Ciencias naturales", estrena hoy "El Pampero", película que aborda el curioso encuentro de dos desconocidos que intentan huir de sí mismos en el interior de un pequeño velero que navega sin rumbo, interpretados por Julio Chávez y Pilar Gamboa.

Un hombre decide alejarse de todo y encara un viaje en su antiguo velero para refugiarse en medio de la naturaleza, pero una joven mujer que huye de un crimen que asegura no cometió lo hará cambiar de ruta, hecho que lo obligará a ayudarla a escapar de un guardacostas y se convertirá en su única opción para sentirse vivo nuevamente.

El cineasta cordobés pone especial atención en estos dos seres que tienen en común su necesidad de superar los límites de sus propios pequeños universos, y para lograrlo reunió a Chávez y Gamboa con el uruguayo César Troncoso, los tres finalmente atrapados en el paisaje salvaje del río que separa Argentina de Uruguay y que sirve de marco perfecto a este cruce de géneros.

—¿Cambiaron muchas cosas desde "Ciencias naturales"?

—Sí, en realidad el guión de mi primera película fue posterior a este. Escribí ambos guiones con Gonzalo Salaya, pero por dificultades técnicas para llevarlo adelante "El Pampero", incluso por tener que esperarlo a Julio Chávez, en ese interín hice la que terminó siendo la primera.

—Es frecuente que este tipo de cosas ocurran...

—Cada uno lleva las esperas como puede. Había hecho una serie de cortometrajes y hasta había escrito guiones de largometrajes, pero cuando terminamos este guión supimos que íbamos a tardar al menos dos años en poder filmarlo, y por esa cuestión de seguir en movimiento avanzamos con la otra, fuera del Incaa, en Córdoba y muy saludable para mi en el sentido laboral. Los tiempos de espera se sienten como estancamiento, y eso no sirve.

—Antes de lanzarse en carrera, ¿los cineastas tienen conciencia de que las esperas son frecuentes?

—Ahora no tengo mucho contacto con estudiantes de cine, pero sí puedo decir que yo no lo tenía tan incorporado. Pensaba que era mucho más simple, más veloz, pero eso no quita la idea de quien en Argentina si sigue los pasos y se dedica, filma, algo que no es menor. Lo de la espera no es queja sino realidad.

—Los proyectos pueden cambiar en estas esperas...

—Totalmente, porque en este caso al tener yo una película anterior, fue positivo para "El Pampero". La experiencia te va modificando muchas cosas, aunque sean películas muy diferentes. La situación de estar cuarenta días con un equipo tratando de llevar adelante una película cambia muchas cosas sobre todo cuando se trata de la primera vez.

—Esta vez se trata de una historia en buena medida acotada al compartimento de un velero...

—Hacer "El Pampero" fue muy complejo a nivel técnico. En realidad ese interior se reprodujo en un estudio, al que se le podían mover las paredes porque si no hubiese sido imposible, muy incómodo lograr el tiro de cámara que necesitábamos. En ese punto creo que la película tiene un valor importante porque todo el equipo hizo un muy buen trabajo. Habíamos subestimado la complejidad que tenía el agua, el río, para filmar.

—También hay un tema con trabajar con el sonido en esas condiciones...

—Sobre todo para empatar lo del exterior con el interior, porque se filmaba muy separada una cosa de la otra. Pero creo que en ese sentido lo que ayuda, y mucho, es la fotografía de Bill Nieto. Pensaba que al ser tantas cosas de guerrilla, con barcos que se movían a veces caóticamente, las luces iban cambiando de lugar. Todo eso a nivel creativo es muy complejo, porque eso podía trabar el trabajo con los actores

—Actores muy rigurosos en este caso...

—Contar con Julio, Pilar y César fue un privilegio total en ese mundo que, además, era complejo de materializar tal como lo habíamos pensado. Hace varios años, cuando surgió la idea y el proyecto era otro, pensé en Arturo Goetz, y cuando se convirtió en este pensé en Julio, pero no en el resto de los actores, que aparecieron después. Goetz era un actor increíble que tenía algo de esa impronta que finalmente le aportó Julio.

—Es una película de actores...

—Sí. Los tres sostienen su trama. Podría definirla como una "river movie", es decir una "película de río" con condimentos de thriller que no se profundizan, por darle primer plano a lo intimista en el tono, es decir a los personajes

—Son tres perdedores...

—Lo que traté de relatar es la historia de un tipo que no puede enfrentarse a sus dificultades afectivas, de tiempo, de su propia enfermedad. El encuentro casual con una chica que está tratando de escapar de un crimen que dice no haber cometido, lo hace darse cuenta de que está dejando atrás algo que no está bueno que abandone. La idea es que este viaje, de alguna manera, le resulta positivo.

—El prefecto que compone Troncoso es el más llano y básico de los tres, que opera por instinto, el que marca el tono de thriller...

—Lo que intentamos hacer es mostrar a un tipo necesitado de afecto, pero que se sale de la vaina. El desafío de la película era manejar estos dos tonos, la cosa más intimista y el costado de thriller, una jugada, porque es como que transita los dos tonos.

—Un contrapunto que también se juega entre lo urbano y lo salvaje...

—Si no aclarás que es el Delta podría ser Vietnam... Es como un viaje a lo natural para conectar con algo más esencial. Es como que el tipo trata de escapar de todo eso pero su experiencia lo vuelve a conectar con lo que está dejando atrás, que en este caso es el hijo.

—¿Fue un desafío es sostener la tensión de esta trama casi sin diálogos?

—Lo que intenté es transmitir lo máximo posible sin decir sino simplemente con intentar que suceda. Hay mucho trabajo en la edición de Delfina Castagnino para sostener ese ritmo, y también con el aporte de Pablo Barbieri, tres puntos de vista que creo aportaron a los resultados. Y muy importante la fotografía de Bill Nieto que logró unas imágenes y un clima que siento es espectacular.

—También la música casi subliminal de Sebastián Escofet...

—Que está presente pero trata de no invadir, sino proponer ciertas texturas que procuran unir y generar ciertas sensaciones pero no más que eso.

exilio interior. El personaje de Julio Chávez decide hacer un viaje en velero que le cambiará la vida.

Comentarios