Escenario
Martes 07 de Febrero de 2017

Porque no hay fin, siempre hay más

En el taxi, en el medio de bulevar Rondeau, comenzó a sonar una intro enigmática, con diálogos como salidos de una película con Humphrey Bogart, una melodía que seducía en cámara lenta, bajo algunos efectos de un sintetizador y con los primero acordes del Nocturno Opus 9 Nº 2 de Chopin. Era él, acababa de llegar, y no era un extraño. Después de siete años volvía a sonar una nueva canción de Charly García en las radios. Era "La máquina de ser feliz". Y el estribillo estallaba con un Charly en estado de gracia, con sus planteos existenciales y sus acordes certeros: "Y la felicidad/Persiste en soledad/La máquina lo puede dar". Su ADN está más fuerte que nunca y viene a traer luz en esta era oscura de chatarra musical con un guiño a su formación clásica y con sus estándares artísticos altísimos, convocando como productor a Joe Blaney, responsable de la joya "Clics modernos". Charly sigue demostrando que es una leyenda viva del rock iberoamericano, dotado de una genialidad que traspasa las fronteras del tiempo y del alma, un pasajero en trance que avisa que no hay fin, siempre hay más.

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