Escenario
Domingo 15 de Enero de 2017

Nuevas tecnologías del disparate en clave de comedia

El Teatro Municipal la comedia estrenó "mi vecino es un wifi" bajo la dirección de Juan Nemirovsky.

El Building Managment System es sólo una excusa para hablar de las perplejidades y complejidades a las que, paradójicamente, las nuevas tecnologías han arrojado a las sociedades contemporáneas. Sobre todo cuando el BMS deja de funcionar, el edificio deja de ser inteligente y ni al baño se puede ir porque la tapa del inodoro se levanta con una señal del celular. Sobre las esclavitudes de la sobremodernidad y las actuales prácticas de incomunicación, pero siempre atravesada por la humanidad de quienes aman, o dejan de hacerlo, versa "Mi vecino es un wifi", una comedia de enredos divertida y llevadera dirigida por Juan Nemirovsky que continúa el ciclo veraniego del Teatro Municipal La Comedia.

Se trata de una obra con dramaturgia de Juan Pablo Giordano, quien ya escribiera por ejemplo el music hall "Dos x uno" dirigido por Manuel Cansino. En verdad son dos obras cortas de Giordano reescritas en una sola junto a Nemirovsky. Este último trabajó además con la asistencia de Simonel Piancatelli.

CON SPLIT. La obra es una co-producción entre el teatro La Comedia, dependiente de la Secretaría de Cultura municipal, junto a los artistas involucrados y se enmarca en el ciclo de humor Un Verano Fresquito en su tercera temporada. En la primera Gachy Roldán y el Negro Moyano hicieron "Sospechosos" con dirección de Pablo Razuk y Luis Rubio ofreció su "Falso vivo", así como Liliana Gioia y Juan Carlos Abdo montaron "Monólogos del Paraná"; y el año anterior Silvina Santandrea estrenó rodajas de mí. Memorias de la diva oculta de Fontanarrosa" dirigida por Adrián Giampani, y Jorge Fossetti, Martín Mazzucchelli, Maru Murno, Camilo Orlando, Luciano Redigonda y Tincho Zaragoza protagonizaron el stand up "Temporada alta".

PISO X PISO. En "Mi vecino es un wifi" una carta de amor en manos equivocadas es la culpable del malentendido generalizado y la oportunidad de conocer a los protagonistas. El consorcio es simpático y, como debe ser, es en realidad la suma de los habitantes del edificio: actrices y actores con varios años de PH, muchas veces en proyectos disímiles y, otras, en propuestas que ya lxs reunió. O sea, la experiencia teatral que aporta cada vecino y haberse visto en las amenities de otros predios son constitutivos de la solidez y gracia del elenco.

Allí entonces es donde aparecen las particularidades. Mumo Oviedo colabora con su histrionismo y una veta under que bien le cabe a su encargado, tan servicial como entrometido, y con una cuota de perversión y vulgaridad tan típica de ese métier.

Tres pisos más arriba, en el departamento G, Juan Pablo Yévoli lleva con ternura y adolescente ampulosidad a Marcos, la pareja acusada de infidelidad por Mariana, una chica apunto de casarse a la que Romina Tamburello dota de belleza, locuacidad y una presencia escénica propia, al parecer, de quien disfruta del género.

En el 4G conviven dos hermanas, una manager de chamanes, con sahumerio incluido, y la otra una aprencía de polidiz, perdón, una aprendiz de policía. María Laura Silva se sirve de los clishes del personaje, personifica a Carolina, y queda bajo el pulgar de Andrea, una Maru Lorenzo en un rol que esconde tras una máscara de dureza y paranoia a una hermosa mujer, musa inspiradora de Darío, el tímido y autosatisfecho muchacho del piso siguiente, un Tincho Ovando tan solitario como enamorado, en un muy representativo papel de quien ofrece su corazón a escondidas.

PLANTA BAJA. La puesta llega hasta la planta baja haciendo reír, fin último de una comedia, colmando la expectativa de quien espera hacerlo y sorprendiendo con un dispositivo escenográfico que resuelve con holgura e imaginación el devenir de los actos.

Pero también se asoma al palier luego de remontar el mote de "comedia de verano", con el prejuicio que ese nombre conlleva. Añísimos de marquesinas llenas de oportunismo estival, comediantes de ocasión y supuestas vedettes contorneadas a fuerza de bisturí y televisión han dejado maltrecho a un género (y a los espectadores sensibles) que, si vale la alegoría, "Mi vecino es un wifi" reivindica sin grandes pretensiones pero con un impecable trabajo de dirección y puesta escenográfica, muy buenas actuaciones, un humor blanco sin tetas ni culos a la vista y la irrenunciable intención de acercar a los locales a que vean teatro rosarino. Y encima fresquito.

Comentarios