Escenario
Sábado 13 de Mayo de 2017

"No me pregunto cómo mejoro esto porque es perfecto"

La actriz y cantante llega a Rosario junto al sexteto Escalandrum para presentar el disco "3001", que incluye versiones de Astor Piazzolla.

"Astor Piazzolla es el mejor músico del mundo", afirma Elena Roger y comparte la opinión con Daniel "Pipi" Piazzolla, nieto de Astor, un creador legendario y prolífico del cual "todavía hay mucho por explorar".

La actriz y cantante llega a Rosario junto al sexteto Escalandrum para presentar el disco "3001", que incluye versiones de "Balada para un loco", "Los pájaros perdidos", "Balada para mi muerte", "Chiquilín de Bachín", "La bicicleta blanca" y "Vuelvo al sur", entre otros clásicos. Roger y Piazzolla, también a cargo de la batería y la dirección, estarán acompañados Nicolás Guerschberg (piano y arreglos), Mariano Sívori (contrabajo), Damián Fogiel (saxo tenor), Gustavo Musso (saxo alto y soprano) y Martín Pantyrer (clarinete bajo). La cita será hoy, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

   —¿Cómo se dio la colaboración con Escalandrum?

   —Hace muchos años que conozco a Martín Pantyrer porque hicimos una obra juntos en el 2002. La banda tiene 18 años, nunca los había ido a ver, pero sabía de su evolución. Me llamó mucho la atención cuando sacaron el disco "Piazzolla Plays Piazzolla" por cómo una banda de jazz tocaba ese repertorio. Siempre había querido tocar ese repertorio pero no me lo imaginaba ni con un bandoneón ni como en general se interpreta. Cuando yo estaba haciendo "Evita" en Broadway, en el 2012, ellos fueron a tocar a un club de jazz que se llama Birdland y los fui a ver. Ahí conocí a Pipi Piazzolla, que es el nieto de Astor y el líder de la banda, y ellos vinieron a verme a mí a "Evita". Tuvimos muy buena onda y quedó ahí. Después de un año, ya estaba en Buenos Aires y me convocan para hacer un concierto sobre las canciones de Mina Mazzini en el Museo Mar. Yo no podía, pero el productor de ese evento no se quedó con eso y me dijo después si quería cantar con Escalandrum. Ellos estaban en Buenos Aires y yo en Ushuaia, me mandaban el audio, y el día del espectáculo nos encontramos por primera vez y fue tal la armonía, todo salió como perfecto, sin ningún tipo de histeria, ni de divismo de ninguna de las partes. Después surgió la posibilidad de grabar un disco, y nos pareció que ya era el momento.

   —Encarás los clásicos desde una actitud personal...

   —El sonido que me dan ellos es un sonido distinto. Ellos me proponen algo y yo contesto lo que a mí instintivamente me surge que tendría que ser para interpretarlo. A algunos temas los escuché mil veces y a otros no mucho, pero traté de hacerlo siempre desde algún lugar personal, sacarme el sonido de lo que ya está interpretado y hacerlo dándole mucha importancia a las palabras, encontrar el significado y poder transferir al público el significado de las canciones, de lo que me pasa en el cuerpo y en el alma. Son muy espirituales, muy metafóricas.

   —Esa apropiación se ve claramente en el inicio que hacés de "Balada para un loco", que quedó muy ligado al trabajo de Amelita Baltar...

   —Es distinto porque es de ahora, me surge decirlo así. Si no sería copiarla a Amelita. La idea no es copiar a nadie sino hacer cosas auténticas de lo que me surge en ese momento. En ningún momento estoy tratando de ser mejor que Amelita Baltar ni ninguno de los que interpretaron Piazzolla. Partiendo de eso, no estoy preguntándome cómo mejoro esto, porque esto es inmejorable, es perfecto porque se hizo como se hizo en el momento en el que se hizo y se nota que cada uno de los artistas lo interpretó desde el alma y el corazón, pero cada uno con su impronta. Y yo lo que pensé es poner mi impronta. A mí no me salió decirlo como Amelita, sino como lo digo yo. Traté de entender ese texto, porque también es como un versito que tenemos en la cabeza que recitamos con la entonación que ya escuchamos y capaz que ni siquiera sabemos qué quiere decir. Traté simplemente preguntarme qué quiere decir para mí esto y qué imágenes le pongo a este texto que ya lo tengo aprendido como el Padre Nuestro.

   —¿Tiene que ver con una cuestión generacional? Las tardecitas de Buenos Aires nunca van a cambiar, pero Bachín desapareció...

   —Por supuesto que yo no puedo transmitir lo puro del mensaje de esa canción porque yo no viví eso, (Horacio) Ferrer nunca me dijo nada sobre eso; leí, pero ni yo ni nadie va a tener la esencia pura porque habría que haber vivido en esa época para tener esa esencia, entonces son imaginaciones. Por eso digo que no quiero mejorar nada, simplemente ver qué significan para mí las tardecitas de Buenos Aires, pero va más allá de eso, porque estamos hablando de otras cosas que dice "Balada para un loco", de volar, de ser distinto, de animarse a la locura, de no estar triste, de no ser parte del mismo mecanismo".

   —Algo también muy relacionado con la actitud del rock...

   —Eso lo hablamos con Pipi, cómo Piazzolla está ligado con el rock y que Ferrer también tiene eso.

   —¿Cómo resiste el paso del tiempo la poesía de Ferrer?

   —Le tengo que preguntar a Pipi que se lo pregunte bien al papá porque siempre estoy en la duda. Me parece que Bachín, que era el restaurante al que iba ese chiquilín, ahora se llama "Chiquilín", y está en Montevideo y Sarmiento. Y se dice que el niño para el cual hicieron esa canción sigue yendo a comer con su familia a ese lugar. También se dice que un niño le dijo a Ferrer si él podía ser el chiquilín en el cual él se había inspirado. Esas cosas que no sé cuales son las verdaderas. Pero de todas maneras, un periodista un día me dijo que ojalá que ese chiquilín de Bachín no existiera más y pudiéramos decir "te acordás cuando los niños pedían plata o vendían rosas o hacían malabares". Entonces no es viejo esto; es totalmente actual y todas las canciones son actuales porque todas tienen imágenes de Buenos Aires. Yo creo que es desgarrador cuando pensás en esa canción.

   —El título hace referencia a la canción "Preludio para el año 3001". ¿Por qué eligieron específicamente ese tema?

   —Nosotros pensábamos que esto era el Piazzolla moderno. Pensamos que lo que estábamos haciendo era aggiornar el repertorio de Astor, por eso le pusimos ese título, nos pareció interesante.

   —¿En qué consiste la vigencia de su música y cuál fue el quiebre que marcó en el tango, con sectores que refractarios al trabajo de Piazzolla?

  —Creo que todavía es nueva la música de Piazzolla porque en el momento en que él la estaba haciendo muy pocos la valoraba en Argentina. Se valoró primero afuera, después acá y creo que todavía se sigue valorando. Piazzolla tiene muchísimas obras, creo que casi 2000, que no paraba de escribir. Pipi siempre me cuenta que hay cosas que ni conoce. Y son obras muy buenas. También creo que todavía hay mucho por explorar y que es nuestro y que también es lindo tocarlo en el exterior, siendo argentino. Ya no decimos esto es tango o no es tango. Creo que todos estamos orgullosos de cantar Piazzolla donde sea porque es parte de nuestra música.


  —Tus repertorios son diversos, la canción italiana, francesa, Kurt Weill. ¿Sentís nostalgia por determinado estilo?

   —Creo que soy como un poco antigua. Soy una persona muy nostálgica en todo sentido y como no escribo yo, siento que mi música, lo que yo interpreto, un poco es el pasado. Aunque en realidad reviso un poco los repertorios y "Tiempo mariposa" tenía canciones actuales, y tenía que ver con el momento que estaba viviendo en mi vida. Es un poco el momento que estoy viviendo. Yo voy como fluyendo. Después lo de Edith Piaf fue una especie de suerte o de casualidad porque como soy actriz también interpreto cosas del pasado. También ser Evita o Mina. Lo de Mina tenía que ver con mi abuela porque era italiana y yo conviví con ella hasta el año 95 cuando falleció y para mí el italiano es parte de mi vida. El primer show personal, de autogestión, que fuera en italiano no era menor, tenía que ver con mi familia, con mis raíces y me parecía muy interesante la vida de Mina. Ahí también empecé a forjar un poco mi personalidad, con todas esas cantantes que pasaron por mi vida. Y aprendí también a ver qué quiero hacer. Pero fluyo mucho con respecto a lo que quiero hacer en cada momento de mi vida. No me gusta ser cantante de una cosa. Me gusta ser cantante.

   —¿La apuesta por la excelencia musical que mencionaste se choca contra lo económico?

   —Siempre he buscado que las cosas se hagan muy bien. De hecho "Tiempo mariposa" tiene una excelencia musical y de sonido que tienen que ver con muchas búsquedas, pero lo que me pasa con Escalandrum es que ya antes han tenido un proceso de búsqueda grande donde están muy seguros. No estamos experimentando en este disco. Quizás yo esté experimentando acá en poner la voz. Pero jamás en ningún espectáculo pienso "¿voy a ganar plata con esto? ¿va a ser popular? ¿lo va a ver mucha gente? ¿gustará? No. No pienso eso. Pienso en que cuanto más auténtica sea como artista, en lo que necesito transmitir, llegará donde tenga que llegar, irá bien o irá mal, según lo que tenga que ser pero no me pongo a pensar en eso, de ninguna manera.

   —Aunque podrías haberte quedado en Londres o Estados Unidos, te decidiste por volver a Buenos Aires...

   —Amo mi país, me gusta mi gente, estar cerca de mi familia, me gusta estar cerca de mi familia. Para mí la profesión es algo que acompaña mi vida, no mi vida a la profesión. Y yo en el momento que sentí que hice todo en Inglaterra cuando gané mi premio Oliver que fue lo máximo, vine acá, me sentí muy bien, y cuando fui a Estados Unidos fue un período intenso y la verdad es que en ningún momento de mi vida fue estar en un lugar luchándola en otro lugar que no fuera Argentina. Acá lucho todo lo que quieras, puedo estar sin trabajo, sin proyectos, pero no me bancaría estar en otro lugar sin tener un trabajo. Solamente voy a los lugares cuando tengo un trabajo. Las puertas de Estados Unidos y Londres están abiertas, todavía no llegó un proyecto que amerite mover toda mi familia, ahora tengo una hija, y la verdad es que sigo haciendo un montón de cosas que quiero contar, no tanto lo que quiere contar un director. Estoy haciendo cosas que tienen que ver conmigo y para mí eso es muy valioso. Yo no podría estar haciendo lo de Escalandrum en Inglaterra o Estados Unidos. Estaría haciendo obras y obras, seis u ocho veces por semana, en un teatro, contando cosas que quizás no me interesen, y creo que esto desarrolla mi ser humano y mi artista de otra manera y por eso estoy acá.

   —Cantaste en la inauguración del CFK y tenés una fecha prevista con la nueva administración...

   —Yo estuve en la inauguración simplemente porque me pareció que tener un centro cultural de esa magnitud era increíble, la sala es preciosa, era arte para todo el mundo y me pareció un honor inaugurar eso. Yo no tengo partido político, no siento que nadie sea mi dios y siento que todos los presidentes deberían trabajar para el pueblo y el pueblo debería no alabar a los presidentes por mejor trabajo que hagan, sino entender que son nuestros empleados. Lo que siento es que a veces nos ponemos en los extremos y peleando por política y poder, y sinceramente no me interesa.


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