Escenario
Sábado 05 de Agosto de 2017

"No hay nada que una botella de mezcal y unas cuantas lágrimas no puedan resolver"

La cantante y compositora mexicana adelanta su disco "Salón Lágrimas y deseo", que presentará el jueves en El Circulo.

Guelaguetza es una palabra que en la lengua precolombina zapoteca significa "ayuda mutua, dar y recibir". Es también, por estos días, una fiesta del folclore de la región de Oaxaca en México, parte de los cultos populares a la Virgen del Carmen y que se celebra el tercer y cuarto lunes de julio, donde los oaxaqueños se juntan para intercambiar bailes, ritos y sabores típicos de su región. Es una de las fiestas más importantes para la representación de la identidad de los pueblos mexicanos, y ahí mismo estuvo con su música la cantautora Lila Downs, que no puede dejar de comentar lo simbólico de esta experiencia popular, por la que el mes pasado pasaron más de 250 mil personas.

    "La región de la costa trae cacao, la región de la cuenca trae piñas, es un momento maravilloso que, si tú te acercas bien, puedes escuchar los 16 idiomas que hay en el estado de Oaxaca, donde sobrevive el indigenismo de una manera original", cuenta la mexicana. "La fiesta te remonta a tiempos pre hispánicos y está hoy vibrante y siempre renovándose, la he vivido desde pequeña pero al vivirla de adulta y desde arriba del escenario, es algo maravilloso".

    Con esa misma fuerza y pasión Lila Downs estará presentando su nuevo álbum "Salón Lágrimas y deseo" en el Teatro El Circulo, el próximo jueves. El disco es un homenaje a todas las mujeres y cuenta con la participación de las cantantes Carla Morrison y Mon Laferte, además de Andrés Calamaro y Diego El Cigala.

   —¿Cómo se dieron estas destacadas colaboraciones para el disco?

   —Pues por fortuna, fíjate, tuve la oportunidad de que las estrellas se alinearan y que estuvieran los cuatro. Se lo dije a mi pareja Paul Cohen, quien comparte conmigo la vida y la música, y a él le preocupaba porque es siempre mucho trabajo tener colaboraciones. No me esperaba que aceptaran todos y ha sido un regalo, de verdad que poder cantar con Diego el Cigala ha sido un regalo muy grande, porque yo lo he siempre admirado y todos los cantantes lo tenemos como en un nicho a los cantantes del flamenco, son tremendos músicos y fue toda una experiencia, además de que es una personalidad muy interesante. Con Andrés Calamaro tenía hacía ya rato mucha curiosidad de conocerlo, lo hemos invitado en otras ocasiones al estar en Argentina pero no lo habíamos encontrado hasta ahora que vino a México por un proyecto de José Alfredo Jiménez, lo invitamos y aceptó hacer la colaboración. Con Carla Morrison llevamos una amistad de hace años, tenemos mucho en común, me encanta, me parece una artista verdadera y auténtica. Mon Laferte hace poco que la conozco pero me gusta mucho lo que hace y me parece auténtica también.

   —¿Ves con más fuerza a las voces femeninas en Latinoamérica?

   —Creo que la mujer ahora en el arte es considerada con más respeto sobre su dignidad y tiene más dignidad en este ámbito. Cuesta trabajo pelear y muchas cantantes hemos vivido estos cambios, todas en el disco llevamos quince o veinte años en la música. Aunque de pronto he visto algunas notas periodísticas del Viejo Mundo sobre mi persona o Carla Morrison que tienen opiniones exageradas simplemente porque somos mujeres latinoamericanas. Te encuentras con cosas muy positivas y al mismo tiempo hay mucho trabajo por hacer.

   —¿Tu nueva canción, "Peligrosa", es un blues que refleja estas problemáticas sobre la mujer?

   —Sí, es una canción que empecé a componer hace rato. Tenía la idea de hacer una canción sobre lo que significa ser una mujer luchadora que tiene voz, que opina y defiende lo que dice. Yo crecí escuchando a Janis Joplin, a mi madre le encantaba, era su pasión la Janis. Cuando yo andaba en el movimiento hippie me sentía de la escuela de Janis, y andaba siguiendo también a Grateful Dead, toda una subcultura muy significativa. "Peligrosa" entonces la empecé a componer en inglés pero luego la cambié al español, porque me pareció más fuerte en nuestra lengua. La canción espero hable y camine por sí misma, es lo que esperamos los músicos, que la canción y la letra te hagan sentir y reflexionar. Cada quien tiene su opinión sobre lo que le parezca, pongo en la mesa un tema para el diálogo y eso es bien interesante.

   —¿De qué hablan y qué mensajes dejan las canciones del disco?

   —"Seguiré mi viaje" es un tema que escogí porque me encanta el mensaje, está hecho por mi paisano Alvaro Carrillo que es de aquí de Oaxaca, y trata sobre esa actitud increíble que tienen los músicos de "Allá tú con tus rollos y tus problemas, porque yo seguiré mi viaje!". Me encanta hablar sobre la libertad y en vivo lo acompañamos con imágenes de los paisanos que se van a trabajar al norte. Viste cuando te metes en el mar profundo ves imágenes de los peces que se mueven todos al mismo tiempo, te hace pensar en la madre naturaleza, es mucho más fuerte que nuestro pensamiento individualista, y eso va a seguir sucediendo a pesar de que quieran poner un muro. La vida sigue, la vida es tan fuerte y más grande que nosotros y de eso habla ese tema. "Envidia" es también una dedicatoria a ese gigante del norte que se espanta con la fuerza de las mujeres y con lo latinoamericano. Se espanta de lo atractivos que somos, de lo inteligentes que somos, de nuestra alma tan grande; de que somos tan querendones porque nuestra esencia es dulce. Nos pueden hacer maltratos y nos volvemos a levantar, tenemos un corazón muy grande. Todo eso les espanta y nos tienen envidia. "Piensa en mí" es un clásico de Agustín Lara, a quien queremos mucho por aquí. "Inmortal" es un poema que compusimos para Oaxaca, describiendo un poco la ciudad y esa relación hermosa que tengo con ella, que invito a todos a conocer. Es única y maravillosa, donde se comparten muchas cosas culturales, el arte, la dignidad y el respeto. "El Querreque" es una canción de la Huasteca, que es una región muy grande de México que incluye muchos estados. "La mentira", se lo dedico a mi país, es un tema dolido. En general son canciones de amor y desamor.

   —¿Cómo fue el proceso de producción del disco?

   —Pues fue un poco doloroso, estaba muy deprimida por la situación de Estados Unidos. Sabes, mi pareja es estadounidense, mi padre lo fue también... fue doloroso el rechazo, sentirse rechazado, es una cosa terrible aunque no nueva para mí y creo que no hay nada que una botella de mezcal y unas cuantas lágrimas no puedan resolver, para volver a sentir la necesidad de componer y hacer dedicatorias. Nos da esperanza la idea del deseo, que es nuestra máxima expresión como seres vivientes, nuestra esencia que nos da vida y que al mismo tiempo nos trae cosas muy oscuras.

   —¿De esas vivencias proviene el titulo del disco?

   —Si, todo eso es lo que me pasó y de ahí, por ejemplo, salió la canción "Un mundo raro", una canción ranchera que está en este disco porque estamos viviendo en un mundo raro. En este momento, por una parte hay cosas progresistas y en otras parece que estamos yéndonos al pasado. A veces pienso que si no tuviéramos ese deseo sexual habrían muchos problemas menos en el mundo, pero al mismo tiempo el deseo sexual es uno de los regalos más grandes de la vida. Por otro lado, están las lágrimas y la melancolía de otros tiempos en que nuestros países han sido grandes... La melancolía del pasado que sentimos en toda Latinoamérica es una cuestión interesante, al mismo tiempo que hemos gozado de la independencia de los países europeos los necesitamos y estamos como a la sombra de ellos. Encontrarnos a nosotros mismos nos ha costado mucho pero creo que ahí vamos.

   —¿Y has podido encontrarte en toda esta mezcla de emociones?

   —He encontrado una manera de seguir en esa búsqueda constante; siento que he logrado decir algunas cosas y siento que aún me falta mucho más. Aún falta describir las cosas desde diferentes puntos de vista y mirar la invisibilidad que algunos sectores de nuestra sociedad proyectan sobre otras partes de la población. Sobre todo hacia las comunidades indígenas y eso me preocupa bastante, porque como vengo de esa raíz de mi madre indígena, que fue muy humilde y que caminó hasta la ciudad de México descalza. Esas historias me siguen preocupando, historias que me siguen afectando y quiero generar conciencia con las canciones para que estos mundos de privilegios y no privilegios se encuentren.

   —¿Qué hay de novedad desde los sonidos y lo musical en el disco?

   —Originalmente yo iba del campo a la ciudad, y hasta casi que iba a ser el título del disco. De eso se trata musicalmente, es más sofisticado en sus acordes, es un poco más complejo en su visión también. Buscamos junto con mi productor cubano la manera de hacer un bolero fresco y en vez de utilizar los bongos y las congas, usamos los cántaros de barro y arcilla, con diferentes instrumentos prehispánicos logramos una sonoridad distinta para los boleros. La cumbia para mí fue bien importante de joven; recuerdo que escuchaba que la gente bailaba las cumbias de Rigo Tovar y de Chico Che & La crisis, que eran bien populachones, pero cuando me iba a Minessota sentía nostalgia por esa música y de ahí empezó una pasión por lo popular, por lo que se baila en el barrio y con la gente que lo disfruta. Fui aprendiendo el ritmo porque crecí en un barrio así. La música ranchera también fue muy importante mi, fue mi primera influencia musical.

   —¿Cómo será el show en Rosario?

   —La ciudad de Rosario me trae muy buenos recuerdos... ¡siempre nos tienen preparado el jengibre picado que nos hace sentir como si estuviéramos en casa! Espero si anda por ahí el Calamaro pues ojalá que se deje, nos encantaría tenerlo. Los visuales estarán y tienen que ver con la narrativa de lo social, además de esa tradición de sonidos extraordinarios que compartimos con toda Latinoamérica en la voz de los pueblos. Nos va a acompañar un trompetista maravilloso, Jerzain Vargas, paisano de Oaxaca, quien hizo muchas de las musicalizaciones de los vientos. Vamos de muy buen ánimo, y vamos a seguir mostrando nuestra identidad única.

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