Escenario
Sábado 08 de Julio de 2017

"No hay arte si no hay riesgo"

La directora Carla Saccani habló de la singular y extensa obra que se estrena hoy en Caras y Caretas

Narcotraficantes, líderes religiosos, un barrio marginal de Rosario y una campaña política. Esos son los explosivos ingredientes de "Octaedro 2015 d.C.", la obra del Laboratorio teatral Saccani.Lorenzo que se estrena hoy, a las 20.30, en Caras y Caretas, Corrientes 1518. Escrita y dirigida por Carla Saccani, sobre una idea original de Maru Lozano, la obra es una apuesta inédita en la ciudad: en primer lugar por su duración de cuatro horas (el primer capítulo comienza a la 20.30 y el segundo a las 23), en segundo término por la cantidad de actores que participan (18) y también por las temáticas que aborda, que representan una respuesta política, desde el arte, a la situación actual que vive nuestro país. La puesta se podrá ver los sábados de julio, agosto y septiembre, y los dos capítulos pueden verse juntos el mismo día o por separado en diferentes funciones.

   "La idea que nos impulsó a desarrollar esta historia es la de diseñar un barrio de ficción a partir del cual poder narrar a los rosarinos", explicó Carla Saccani. "Considero que, como artistas, es nuestra responsabilidad hacer una lectura de nuestro momento histórico y ponerlo en escena. En particular, como dramaturga, me interesa poner a Rosario en el centro de la historia", enfatizó.

   El barrio de ficción donde se centra la obra es "el Octaedro, donde tiene su base la banda de narcos más pesada de Latinoamérica. Está construido en un asentamiento ilegal, en tierras fiscales, y busca exaltar el imaginario que los espectadores pueden tener de espacios como la Villa 31 o La Rosiña de Brasil", contó la directora, y aclaró: "Por supuesto, es todo ficción, no existe un barrio de estas características en Rosario". El momento histórico elegido son las elecciones del 2015. Y la trama cuenta las conspiraciones para entregar a Tito, el líder de esa banda de narcos y el retorno en busca de venganza de su hermana Claudia, una líder religiosa travesti exiliada en Paraguay hace unos pocos años por su propio hermano. En este universo también se cruzan una agrupación de izquierda (La Baso) y un medio de comunicación. Según Saccani, "la iglesia a la que se hace referencia es La Mansión del Señor, también de ficción, y que tiene su base en el propio Octaedro. Son una especie de religiosos sanadores que excitan algo del imaginario que rodea en Rosario al Padre Ignacio y, a la vez, son adoradores de los gatos. Es un universo muy barroco desde el texto lo que busco poner en escena", afirmó.

La mujer en el poder. Entre los múltiples temas que se abordan en la puesta, Saccani hace hincapié en el de "la mujer en el poder". "En «Octaedro» se puede ver a diferentes personajes femeninos disputando poder, exponiendo todas sus contradicciones. Se pueden ver personajes femeninos realistas escritos y dirigidos por una mujer y actuados por mujeres. En las ficciones escritas por hombres, las mujeres, la mayoría de las veces, no son más que engranajes de los planes de los hombres. Aquí son el motor principal y eso me interesa que se vea en la obra. Espero lograrlo. Otro tema que me interesa mostrar es el detrás de escena de las conspiraciones. En muchas ficciones, la conspiración, el engaño, es aquello que uno, como espectador, descubre o se entera al final. Aquí es el centro de la historia. Todas las escenas encarnan una conspiración diferente", se explayó.

   En una sociedad donde la norma es la inmediatez, el Laboratorio teatral Saccani.Lorenzo propone una obra de cuatro horas de duración, lo que constituye toda una rareza, aunque los capítulos pueden verse por separado. "No hay arte si no hay riesgo", asegura Carla Saccani. "El riesgo es el que se asume cuando uno decide hacer arte en serio y ponerlo en el centro de la vida. Esta obra es una protesta justamente contra la hegemonía de la brevedad, contra el que todo pase rápido y nada deje mella, contra la pura forma, contra el hacer para zafar y para resolver. El largo de la obra es lo más valioso que tenemos para ofrecerle al espectador. Le damos la oportunidad de venirse de viaje al Octaedro con nosotros durante este tiempo. ¿Por qué en Rosario no podemos permitirnos hacer una obra de esta extensión? ¿Por qué no podemos permitirnos narrar historias que hablen de lo universal?", se preguntó la dramaturga. "La hegemonía de la brevedad me expulsa. No me gustan los formatos breves y mínimos, me aburrieron. Quiero que me cuenten una historia y se hagan cargo de contármela con arte. De dinamismo, ritmo y sorpresas la obra está llena, eso está garantizado. Además Caras y Caretas nos da la posibilidad de que las escenas puedan ocurrir en diferentes partes de la sala, lo cual aporta mucha fluidez al espectáculo", concluyó.

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