Escenario
Domingo 25 de Junio de 2017

Música y muerte en los 70

con dirección de ignacio amione, la comedia "vai tomar no cu" se montó en el teatro la morada.

Suenan Supertramp y la Electric Light Orchestra. Y Donna Summer y The Bee Gees. No se trata de música ambiental sino de un recurso que define a los personajes. Es más, se constituye en el quinto personaje de un texto del escritor rosarino Ernesto Gabenara que fue revisado por el director Ignacio Amione y se convirtió en una nueva versión de "Vai tomar no cu", una "comedia vinílica", como dice la gacetilla de prensa, de una cuidada estética, con una particular y bizarra poética, con buenas interpretaciones, quizás un poco estirada, y con un final de pista de boite que subió al escenario del teatro La Morada.

   Juan Manuel Raimondi, Gustavo Di Pinto, Flavio Esteban y Almendra Andenmatten son cuatro conocidos que en los años 70 deciden robar un banco, y los preparativos y sus avatares son el marco en el que se desarrolla la acción.

   La obra es hija directa de una prolífica política de producción cooperativa. Aquí el grupo Gente Que Produce lo hace para el colectivo Esse Est Percipi que funciona desde 1995. Dos de sus cofundadores, el autor y el protagonista, vuelven al trabajo juntos. Gabenara ya escribió junto a Di Pinto obras como "A la gran masa argentina", "Pop Choclo" y "Eufóricos los ojos estremecida la nariz" junto al fallecido David Anica. Del propio escritor y director rosarino es "La noche del orador" y "Vai...". De todas formas, se trata de un elenco formado ad-hoc, es decir, con un director e intérpretes elegidos para la ocasión.


DISCOS AL PODER. De por sí el adjetivo "vinílica" direcciona una puesta y una apuesta arriesgada. Aquí la música no es precisamente decorativa, sino que asume formas de particularización de los personajes. Y sirve además como ruptura de lo concreto y construcción de un quinto personaje que es la música, "corporizada" en el operador de sonido de la obra que, obviamente, nunca aparece.

   También es evidente la intencionalidad de sus hacedores de plantar el acto teatral en el terreno del juego, donde la dimensión lúdica no subvierte pero sí reactualiza el texto función a función.

   Ese método es puesto al servicio de un compromiso con el teatro independiente, donde la innovación, la desfachatez y hasta la grosería (como la frase del título) son un mandato a obedecer cuando de intentar hacer humor se trata.


UNA OPCIÓN ESTÉTICA. A lo mejor por eso el inicio de la obra es chocante y hasta impúdico. Prejuicios sexuales asociados a la música y mucho grito atentan contra la inicial digestión de la propuesta. De todos modos, con el correr de la historia, la comicidad comienza a tomar el control, los personajes se relajan (el público también) y luego esa relación es más fluida.

   En "Vai..." el humor se erige como una opción estética, propia, en la que raramente se escuchan pocos chistes y que funciona en la medida de la búsqueda de los actores y la actriz de la constitución de sus personajes.

   Así, con la extrañeza de referirse al fracaso y la muerte en un tono a veces más que bizarro, "Vai tomar no cu" descarta el carácter ornamental de la música, la hace propia y corre los límites de lo que pudo sólo ser una comedia de enredos. Eso sí: hay que compartir códigos y lenguajes de aquellos años para participar del evento. Y ponerse un pantalón pata de elefante para ir al teatro.

Comentarios