Entrevista | Charlize Theron
Domingo 03 de Septiembre de 2017

"Me siento bendecida de poder lidiar con mis propios demonios"

La actriz Charlize Theron le contó a Escenario cómo fue encarnar a la espía implacable de "Atómica", el filme que se estrena el jueves próximo.

Desde Los Ángeles.- Su carrera podría haberse limitado a la de la chica linda del cine, pero esta altísima sudafricana que llegó a Los Angeles a los 19 años con un pasaje de ida y el sueño de ser actriz no se conformó con los papeles que con una presencia impactante y un pasado de modelo obtuvo casi de inmediato. Esa actitud no se modificó con los años, y ya con un Oscar bajo el brazo y un sitial de gran estrella, a los 42 Charlize Theron sigue buscando desafíos. Por eso trabajó a lo largo de cinco años para preparar "Atómica" ("Atomic Blonde"), su propia versión de James Bond donde de la mano del especialista en escenas de acción David Leitch, a cargo de la nueva "Deadpool", vuelve a demostrar que no le tiene miedo a nada, algo que dejó en claro en sus dos películas previas, "Mad Max: furia en el camino" y "Rápidos y furiosos 8".

   La película, basada en la novela gráfica "La ciudad más fría" de Antony Johnston, cuenta la trayectoria de Lorraine Broughton, una espía del MI6 que es contratada para hallar una lista que contiene los nombres de agentes encubiertos al este de Berlín. Una Berlín, hay que decirlo, situada en el 89 junto al contexto de la caída del Muro de Berlín.

   "Yo me siento bendecida de poder lidiar con mis propios demonios cada vez que me pongo a trabajar y por eso para mí es tan importante confiar en el director porque sino puede ser una experiencia escalofriante", dice Charlize Theron a Escenario.


   —¿Te gustaría convertirte en la nueva estrella del cine de acción?

   —No necesariamente. A mí, por sobre todas las cosas, lo que me gustan son las buenas historias. Nunca me he interesado en una película porque sea de género, a pesar de que me gusten mucho. Para mí el cine no es algo tan compartimentado. Me atraen las buenas historias y si eso implica subir 18 kilos para rodar "Monster: asesina en serie" o adquirir la capacidad física de un jugador de futbol americano para "Mad Max" no me amedrento. Son las historias las que me convocan. Y si he querido experimentar con el cine de acción es porque saber narrar de una manera física es raro. Hay muchas películas de acción con escenas de lucha, pero son muy pocos los directores que saben cómo contar una historia de una manera física y eso me fascina. El ballet fue mi primer encuentro con la narración y había que hacerlo sin usar palabras, sólo con el cuerpo. Eso sigue siendo muy atractivo para mí.


   —¿Es cierto que este rodaje fue particularmente agotador?

   —Sí. El gran desafío fue que David quería filmar continuamente durante 8 o 9 segundos, algo que es inusual en el mundo del cine de acción. Por lo general se filma durante 2 segundos y medio porque las mejores escenas de acción son las que se arman en la sala de montaje. Buena parte de "Mad Max" se hizo así. Nunca se han rodado tomas más largas de dos segundos. El problema es que para superar esa barrera no se pueden usar dobles de cuerpo. Por lo tanto el 98 por ciento de lo que ves en la película soy yo. Hay un par de cosas que yo hubiera hecho, pero que por cuestiones del seguro la tuvo que hacer una doble. Saltar de un edificio en llamas usando una manguera de bombero fue una de ellas. Dicho sea de paso, mi doble de cuerpo era también mi entrenadora. Le debo mi estado físico a ella. Me ayudó a entender cómo funciona el cuerpo de una mujer en este tipo de situaciones de una forma que no hubiera logrado un hombre. Ella tuvo mucho que ver en que estuviera preparada para poder hacerlo todo. La escena en la escalera soy yo menos en el momento en que me caigo. Fue un gran desafío, pero lo superé.


   —¿Te soprendés de lo mucho que podés hacer en el cine de acción?

   —Por supuesto. No hubiera podido poner tanta energía y esfuerzo en este proyecto si no hubiese habido un desafío, y en este caso lo fue el aspecto físico de la narración. El hecho de que yo haya sido una bailarina de ballet en mis inicios hace que siempre me haya interesado este tipo de cine. Han habido grandes realizadores en Hong-Kong que han sabido como usar la acción para contar historias en lugar de usarla solo porque sí. Por eso me atrajo mucho la idea de colaborar con alguien como David Leitch, que siempre está buscando como ir un poco más allá. El siempre tiene grandes ideas, pero claro, en este género para poder concretarlas tienes que ser capaz de hacer ciertas cosas a la hora de filmar. Hubo muchas mañanas en las que ni siquiera podía bajarme del auto, porque me dolían muchísimo los músculos. Mis hijos se rieron mucho de mí en ese sentido. Pero también es cierto que hay un momento en que superas ese punto y te sientes como si fueras una verdadera máquina. Me sentí muy fuerte y capaz de todo, y a partir de ese momento tuve mucha más seguridad para intentar aún mas cosas. Había dos escenas en el guión que no iban a ser de acción y al final incorporamos algunos golpes porque sentí que eso iba a ayudar a hacer una mejor película.


   —¿Cómo te hizo sentir lo de liquidar a tantos villanos?

   —Lamento desilusionarte pero todo eso es una ilusión. No liquidé a nadie. Hablando en serio, algo ocurre cuando te entrenas tan intensamente. Tu cerebro libera endorfinas y eso genera una transformación mental. No sólo me sentía muy fuerte sino que tenía una lucidez inusual para manejar mis movimientos y calcular la distancia de un rostro y de un puño. Los combates se sentían muy reales a pesar de que obviamente es todo una coreografía y que uno jamás podría llegar a luchar así.


    —Te caracterizás por no callarte la boca, algo que en Hollywood no es habitual.

   —Es que no puedo hacer las cosas de otra manera. Tal vez debería echarle la culpa a mi mamá. Fui criada de manera muy específica para no sentir que el hecho de ser mujer me colocaba en una posición de inferioridad. Nunca sentí eso, lo cual es mucho más valioso por el hecho de haber crecido en un país en donde la gente vivía con verdades a medias, propaganda, susurros y mentiras, pero nadie decía nada. Supongo que todo eso influyó mucho en mí cuando era adolescente. Vivir en ese mundo me sirvió para darme cuenta de que tenía que decir lo que sentía, para que cuando esta vida se termine pueda sentir que viví con la verdad.


   — ¿Te resultó difícil demostrar que podías ser algo más que una cara bonita?

   —No. Creo que cuando uno hace algo que realmente adora es difícil pensarlo como un trabajo, o como un esfuerzo. Yo creo que no hubiera podido hacer otra cosa. Tengo un sentimiento de orgullo que no me permite dejar que me regalen nada, yo necesito trabajar para ganarme lo que me merezco... y creo que esa ética del trabajo me la inculcaron mis padres, como parte de mi crianza. Mi madre en especial siempre creyó firmemente en que uno tiene que trabajar para conseguir lo que quiere, que las cosas no van a caer del cielo necesariamente. Además, también ayudó el hecho de haber sido bailarina durante tanto tiempo, de haber vivido en un mundo tan disciplinado donde todo es trabajo duro: si uno no entrena no puede actuar, así de simple. Me crié de esta forma y me gusta esa ética, me gusta pensar así.


   —La clave es la disciplina.

   —Sí, en absoluto. Y la pasión.


   —Querías ser bailarina y durante un tiempo trabajaste de modelo, pero, ¿dónde estaba la idea de ser actriz cuando eras niña?

   —No existía. En la cultura en la que crecí, no se leía todo el tiempo sobre celebridades y actores, no se sabía cómo se hacían las películas... estábamos muy alejados de todo eso, era otro mundo. Y creo que fue la ingenuidad de no saber la que me permitió tener la valentía suficiente como para intentarlo.


   —¿Hacer películas te ayuda a mantener tu sanidad mental?

   —Claro. Hay gente que va a terapia, yo me pongo a trabajar. Yo me siento bendecida de poder lidiar con mis propios demonios cada vez que me pongo a trabajar y por eso para mí es tan importante confiar en el director porque sino puede ser una experiencia escalofriante para mi. Tengo que saber que puedo confiar en alguien que me pueda sacar de ese mundo, para que yo me pueda meter en sitios oscuros y encender luces que yo no he encendido antes, descubrir emociones y sentimientos con los que durante mucho tiempo no fui capaz de lidiar. Yo suelo sentirme mucho mejor conmigo misma después de terminar cada rodaje, por lo que para mi filmar es una forma de terapia.


Comentarios