Escenario
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Maximiliano Calvo presenta "Quema Vol 2"

"El baile es nuestro escape más sincero", asegura el artista rosarino, que tocó con Roberto Carlos,

En una era donde la hipervelocidad amenaza los procesos naturales de conocimiento, conexión, duelo y evolución, la filosofía de Maximiliano Calvo seduce e invita a la pista de baile: "Vinimos a sacarnos las ataduras, a cantar sin remordimiento, porque solo tenemos una vida, porque si no lo decimos se queda adentro y nos mata de a poco, porque muchas veces la única forma de liberarnos es prendernos fuego, llegar al final, al fondo, y que duela, que queme, que nos haga volver a renacer, como el Fénix o como un simple mortal que anda sobreviviendo intentando de todas las formas posibles ser feliz".

Luego de una extensa gira europea, el cantautor y multinstrumentista rosarino regresa a su ciudad natal para presentar "Quema Vol 2", que formará parte de su primer álbum. El EP producido por Tweety González contempla un puñado de canciones con concepto gitano y sabor latino. Antes de su show, que será hoy, a las 20.30, en Amigos del Arte (3 de febrero 755), Calvo dialogó con Escenario acerca de su lírica gobernada por el desamor, de su nostalgia por los discos de su infancia y de sus andanzas por el viejo continente.

—Te instalaste en España el último año, ¿qué estuviste haciendo por allá? ¿Hay más posibilidades para los artistas que en Argentina?

—Fui por dos festivales y tenía algunos conciertos aislados en París y parte de España. Pero todo cambió una noche en Madrid cuando Jorge Drexler, en medio de algunas copas, me dijo que me quede a vivir en Madrid, que me iban a pasar cosas increíbles. Y al otro día ya estaba instalándome. Creo que él ni debe recordar aquella conversación pero a mí me cambió la vida. Luego de eso cantamos juntos y tuve la oportunidad de ser parte de su fin de gira en Valencia, fue un sueño. Luego cerré con una productora de conciertos y empezamos a recorrer España, Andorra, Francia y algún que otro rincón de Turquía y Marruecos. Comencé a componer para otros artistas del país y a forjar amoríos, amistades y un público que hacía posible que los días pasaran con bienaventuranza. Fue así que conocí la bohemia madrileña, su universo de actores, poetas, músicos, locos, extranjeros, extraviados, perros flautas, cantores y gitanos. No creo que un músico tenga más oportunidades en un lugar que en otro. Copi dice que él lucha por el pasaporte de artista. Creo que para dividir ya tenemos otros rubros. En el arte mejor borrar las fronteras.

—Llegaste a telonear a bandas de trascendencia internacional y a girar por México con Onda Vaga. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Lo de Onda Vaga fue similar a lo del Drexler. Recuerdo que tenía 23 años, se acababa de separar mi conjunto de esa época (Intrépidos Navegantes) con el que habíamos ganado la Bienal de Arte Joven y veníamos de tocar en el Lollapalooza. Yo creía que me iba a dedicar a otra cosa y los Onda Vaga me brindaron la posibilidad de abrir varios conciertos de ellos que me devolvieron el oficio. Con ellos recorrimos el Caribe, Ciudad de México y Puebla. Recuerdo que el día que volví a BA me fui directo del aeropuerto al Luna Park. Esa noche le abría a Roberto Carlos. Llegué a la prueba con todas los valijas. Y eso le causó tanta ternura a Roberto Carlos que toqué una hora más tarde de lo estipulado para que el estadio esté lleno. Eso si que fue un quiebre en mi carrera.

—¿Cuáles fueron tus influencias y referentes cuando decidiste que ibas a dedicar tu vida a la música?

—Yo soy muy de la música de Rosario. Mi infancia es mi madre limpiando la casa con "El amor después del amor" sonando en el antiguo Aiwa del living. Nebbia produjo y editó mi primer disco, y apenas tuve edad de conciertos ya estaba en todas las fechas de Degradé. Nahuel Marquet es mi mayor referente. Luego crecí y fui conociendo compositores que me marcaron para siempre. Mateo, Fernando Cabrera, los Fattoruso, Jaime Ross, Leo Maslíah, Jorghino Gularte. El candombe cubrió una necesidad que estaba latente en mí y que no sabía cómo saciar.

—¿Cuál es el concepto de tu nuevo disco "Quema Vol. 2"?

—Se grabó mitad en Buenos Aires, mitad en Madrid bajo la producción de Tweety González, curiosamente el productor de "El Amor...", que fue el disco que me inició en este oficio. La idea fue unir la música de raíz con recursos más actuales. Mezclamos a un percusionista con programaciones y coros gitanos con vocoder. Con respecto a la lírica investigué un poco más en los poetas del decadentismo francés pero con la tragicomedia que me caracteriza. Fue un proceso de recordar mucho los amoríos de Buenos Aires. En "La Melodía" cuento la historia del Parque Saavedra, en "Que La Vida Disponga" claramente se ven los bares porteños y ese juego de miradas, esa histeria de las grandes ciudades. "El Llanto universal" contiene declaraciones de Houllebecq que te adentran en ese sollozo tropical y en "Ya No Te Quiero Pensar" solo retrato aquellas noche en vela que cada tanto suelo tener.

—¿Es posible matar las penas bailando como reza el mito gitano?

—Bueno, lo hacemos cada fin de semana. El baile es nuestro escape más sincero. Por eso estoy tan de acuerdo con la música bailable.

—Tu lírica se centra en el desamor, habla mucho de "ellas". ¿De dónde surge esta idea que planteas de que "vinimos a sacarnos las ataduras, si no lo decimos se queda adentro y nos mata de a poco"?

—Siempre fui un gran melancólico. Contar historias es fundamental para mí. Vengo de esa escuela. No me salen líricas y poesías etéreas. Suelo ser más cotidiano. Puedo ver nostalgia en todo, poetizar cualquier pequeño instante de vida rutinaria. Creo que los días en sí mismos esconden el abanico de recursos para ser compositor...

—Tus ritmos de cumbia y funk van a otra velocidad que la que dicta la tecnología... ¿cómo toma el público tu propuesta? ¿Te interesa encajar en este biorritmo o sólo expresar tu arte?

—A mí me interesa cantar, poder mostrar mi música como sea. Mi propuesta intenta mezclar esa cosa atemporal que tiene la música de raíz con esa instantaneidad que tiene la tecnología, el día de hoy. No quiero correr. No formo parte de ninguna carrera, tampoco soy un outsider.

—¿Cómo va a ser el show?

—Va a ser muy emotivo. El teatro es divino. Hace más de un año que no toco en la ciudad que me vio nacer. Tengo preparado un concierto especial, un ritual de encuentro que necesito que compartan conmigo.

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