UNR
Domingo 26 de Junio de 2016

Luciano Piantino, un saxofón con voz propia en la nueva escena del jazz local

El músico rosarino es una de las caras más visibles y reconocidas de la escena nueva del jazz de la ciudad.

El músico rosarino es una de las caras más visibles y reconocidas de la escena nueva del jazz de la ciudad

Leonardo Piantino rompe líneas y avanza. Su nombre se asocia con la escena nueva del jazz en Rosario, y su búsqueda musical con John Coltrane. Aún cuando él cite un puñado de otras influencias, es el "espíritu Coltrane", sus formas abiertas, el que late en Piantino, un saxofonista que desde los 17 años no ha parado de estudiar, y que desde hace unas temporadas hace escuchar su voz propia. Esta no se emparenta con una renuncia a los cánones del jazz, sino con la experiencia de releer desde allí a Frank Zappa o poner en práctica las maneras de improvisar diseñadas por John Zorn, por ejemplo. Lo particular en el recorrido de Piantino, lo atractivo y eficaz artísticamente, es su manera de vincularse con las mejores tradiciones del género, poniéndolas a dialogar, en forma y contenido, con esas otras voces, ajenas y cercanas a la vez.

"La música de Zappa es una de mis preferidas y siempre tuve la idea de hacer arreglos de sus obras y formar un grupo para tocarlas. Intuía que la combinación de las increíbles composiciones del maestro con espacios abiertos para la improvisación individual y grupal con un sonido eléctrico de rock-funk funcionaría muy bien con la gente y nos permitiría salir un poco del nicho del jazz". Eso es, hoy, las Ratas Calientes, el octeto con el cual ha salido del "nicho del jazz": "Estoy exclusivamente dedicado a eso y a la dirección de la Orquesta de Jazz de la Escuela Municipal de Música, un trabajo que me tomo muy en serio y que me ha dado enormes satisfacciones artísticas. En mi mente está también una nueva agrupación con la cual volver a tocar mi propia música, algo que desde hace unos años no hago".

Y tu vínculo con la obra de John Zorn?

—Lo de Zorn no fue una obra musical propiamente dicha sino un sistema para organizar de modo totalmente democrático la improvisación libre de un grupo grande de músicos, y así lograr siempre resultados inesperados. Aprendí el sistema de Myra Melford (una pianista que a su vez lo aprendió del propio Zorn), en un curso al que asistí y me pareció interesante enseñarlo en Rosario. El grupo que se interesó por aprenderlo resultó ser un seleccionado de los más interesantes improvisadores de la escena joven del jazz. Pasamos de la idea original de hacerlo sólo una vez a realizar varias actuaciones. Fueron un éxito, musicalmente, en convocatoria y repercusión.

Tu energía está en esos proyectos, no sos un músico que haya puesto empeño en grabar lo suyo...

—No soy un músico que haya grabado muchos discos propios aún. A diferencia de algunos de mis colegas, a quienes les encanta grabar discos. Me parece que hay un exceso de discos grabados que nadie va a escuchar. Muchos de mis proyectos están pensados para tocarse en vivo y no necesariamente grabarse. La mayoría de la gente, hoy en día, si quiere conocer a un músico no lo busca en sus discos sino en YouTube.

—En la escena del jazz rosarino actual, ¿ves entusiasmo, renovación?

—En los últimos cinco o seis años se ha expandido notablemente la cantidad de músicos que están tocando, con un nivel excelente, a diferencia de lo que ocurría cuando yo empecé a tratar de tocar jazz. Hoy coexisten grupos y formaciones con varias posibilidades de reemplazos en cualquiera de los instrumentos. Hay músicos tocando jazz que quieren hacerlo cada vez mejor, que estudian y tratan de perfeccionarse. Entusiasmo entre los músicos y renovación constante hay, mucha.

¿Hay entonces una escena del jazz aquí?

—Así y todo no podemos a aún hablar de una escena saludable. Si bien todo lo que depende de los músicos y de sus ganas está creciendo, falta mejorar mucho las condiciones de trabajo. Es difícil encontrar lugares donde tocar con un trato digno. En la zona de Rosario teníamos, el año pasado, cuatro big bands, todas con músicos diferentes y cada una en una búsqueda estética distinta. Sin embargo era casi nula la posibilidad de trabajar y tener una ganancia acorde con el esfuerzo y el trabajo realizados. Son proyectos de música no comercial, y aún con la gran convocatoria que tienen, a la hora de dividir lo recaudado entre dieciséis o más músicos no resulta rentable. Es necesario un gran apoyo del Estado y del sector privado para sostener las big bands y formaciones grandes. Eso es posible, pero no estamos ahí aún y lo que está pasando en este momento en el país seguramente nos afectará mucho.

¿Y qué panorama observás desde tu lugar de docente?

—Estoy contento con trabajar en la Escuela Municipal de Música, que es la única de la ciudad que hasta ahora le ha dado un lugar a gente con ganas de estudiar y tocar jazz. Salvo algunas excepciones, la mayoría de los músicos de menos de cuarenta años que están tocando jazz con buen nivel han pasado, aunque brevemente, por el curso de jazz de la escuela o por su Orquesta de Jazz. Sería bueno que otras escuelas, como la de la UNR por ejemplo, consideren dar formación en esta música, que da tantas posibilidades para el desarrollo de la creatividad y la expresión individual y grupal.

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