Escenario
Domingo 02 de Abril de 2017

"Los tangos y los días", un lanzamiento del dúo Data-Tejeda veinte años después

El Dúo Data-Tejeda -conocido por entonces en Rosario desde su debut en 1989- grabó el disco en los estudios Big Audio, de calle Moreno al 1600

Es mediados de 1996 y el tango en Rosario está próximo a reinventarse. Pero no aún. Eso sucederá en el transcurso de los años que siguen. Por entonces en la ciudad todavía no está el enjambre de orquestas buscando dónde presentarse, tampoco las decenas de jóvenes bandoneonistas dispuestos a comerse el mundo en una noche, menos aún el fulgor de las milongas, y no existen, literalmente, ediciones discográficas de producciones tangueras contemporáneas.

En aquellas noches de ese paisaje finisecular, el gigante Domingo Federico recién empieza a ver los primeros brotes verdes de su cátedra de bandoneón, creada en 1993 en la Escuela de Música de la UNR (una suerte de útero desde el cual se alumbrará toda una generación de músicos en los años subsiguientes). Es un momento de crisis para el tango rosarino en términos estéticos, una geografía donde lo nuevo aún no ha llegado y lo viejo no termina de irse. En ese contexto histórico y astral el guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda se dispusieron a grabar un disco de tangos. Se trata de "Los tangos y los días" (BlueArt Records), que constituye una singular marca de época y, si de particularidades se trata, hay que sumar esta otra: se publica recién por estos días, casi veinte años después de haber sido grabado.

El Dúo Data-Tejeda -conocido por entonces en Rosario desde su debut en 1989- grabó el disco en los estudios Big Audio, de calle Moreno al 1600, en el fugaz sistema A-Dat (los viejos dispositivos de videocasetes); la grabación fue salvada en un Dat (el diminuto casete digital) y alguien, luego de unos años, hizo afortunadamente una copia en CD que terminó guardada en un ropero familiar. Dos décadas después la copia fue hallada azarosamente, su contenido remasterizado, y hoy esas músicas ven la luz y se disponen a ser compartidas.

Años de poco tango. "Estuvimos fuera de época: cuando nosotros dejamos de tocar apareció todo lo otro, empezó a explotar el tango en Rosario", dice ahora, entre risas, Alejandro Tejeda. "En ese momento no había ni un joven bandoneonista tocando en la ciudad", apunta Gabriel Data, un dato contrastante con los tiempos actuales. "Han pasado veinte años pero podemos decir con convicción que hay un trabajo muy honesto detrás de todo esto, y además mucho: ensayábamos toda la semana y buscábamos un sonido, una forma. Desde luego, algunas cosas no venían del lenguaje tanguero, yo nunca fui un estudioso del tango, y también eso marca lo que hicimos", dice Tejeda.

Quizás por todo ese contexto y por la osadía de los músicos, "Los tangos y los días" resulta una obra sostenida por matices y originalidades. El dúo no tiene la impronta del legendario Salgán-De Lío, y no sólo porque Gabriel Data tocó una guitarra con cuerdas de nailon (a diferencia de De Lío, que pulsaba cuerdas metálicas), sino por la aproximación interpretativa a cada una de las piezas. En los once tracks, que arrancan con "A Don Agustín Bardi" y concluyen con "Tinta Roja", el dúo da cuenta de un diálogo que parece no tener final: hasta la conclusión de cada pieza, un eterno contrapunto.

"Sí, la particularidad del dúo era la forma de diálogo -señala Data-. Por momentos el arreglo no está nunca quieto, hay mucho contrapunto y el tema está repartido. La música se junta y se separa todo el tiempo. Lo interesante es cómo se relacionan los dos instrumentos, y eso es algo que se fue dando: no había una forma de llevar el tema de modo preestablecido. Yo, sobre todo, escribía después algunas cosas, pero nada más para no olvidar lo que habíamos tocado en el ensayo. Y habíamos incorporado también la improvisación, algo no común en el tango".

"Había muy pocas cosas escritas, cambiábamos ideas y tocábamos. Hay arreglos que son de ambos y algunos individuales; claro que teníamos a Salgán-De Lío como referencia, pero ni podíamos llegar a ese nivel ni queríamos parecernos a ellos, lo nuestro era todo muy inconsciente", dice Tejeda. A propósito de las inquietudes en las que reparaban, Gabriel Data agrega: "A veces nos deteníamos en un acorde y yo lo armaba en la guitarra de manera que se empastara mejor con la mano izquierda del piano; o sea: explorábamos por otro lado, no estaba el arreglo escrito desde el vamos. Nuestro punto de partida era una partitura conseguida en las casas de música locales".

Con esos materiales (una partitura conseguida y el recuerdo sonoro que ambos tenían de los temas que elegían) y ese procedimiento (juntarse a tocar) el dúo Data-Tejeda comenzó su camino en 1989. Lo hizo en la Sala de la Cooperación en un festival de la revista Hipótesis que dirigía Eduardo Aliverti, y en esa ocasión compartió escenario con Tangata, un grupo de mujeres que también interpretaban tango entre las que se contaban Alicia Petronilli en bandoneón y Adriana Notta en guitarra. El Berlín, La Muestra y el Centro Cultural Bernardino Rivadavia fueron algunos de los lugares donde el dúo dejaría su huella en los años que seguirían; también en la Bienal de Arte Joven Rosario Imagina de 1990, donde fue distinguido ("Nos distinguieron sí, pero ya no éramos tan jóvenes", bromea Tejeda). El grupo dejó de tocar en 1997, año en el que concluyó también la grabación que ahora se edita. Entre nostalgias, Alejandro Tejeda medita: "Me pregunto muchas veces por qué no seguí tocando estos tangos, pero así fue. El disco en algún punto es también el dolor de lo que no pudo ser. Pero reitero, es un material valioso".

"Los tangos y los días" es un material valioso, pero no sólo porque se trata de un registro de época, siempre requerido y funcional a la escritura de la Historia, sino porque es una música que sensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para el abordaje de un género que los emocionaba. Las versiones de "Nocturna", "Milonga de mis amores" y "Tinta Roja" dan cuenta de ello. Apenas unos años después de la grabación de este CD, el tango de Rosario, otra vez, reclamaría para sí todo su esplendor.

Piano histórico

Detrás de la grabación de "Los tangos y los días" hay un piano con historia. Unos años antes de 1996, Alejandro Tejeda trabajaba en el noviciado que estaba ubicado en la intersección de Moreno y Ocampo, donde daba clases de música. Allí, en una pieza, había un piano: un Steinway & Sons de media cola, propiedad de un médico de la ciudad. "Un tiempo después le comenté esto a Alberto Gollán (a la sazón titular de los estudios Big Audio Records) porque él estaba a la búsqueda del piano que había sido de su abuelo, y resultó ser este. Finalmente lo compró, el piano fue restaurado y afinado por Carmelo Miele y Guido Maranzana, y fue la nota distintiva en los estudios Big Audio, donde grabamos el disco", comenta ahora Tejeda. Gollán supo enseguida por qué ese era el mueble musical de su abuelo, y no otro: ese piano tiene las firmas, las marcas, las rayas hechas autográfos, de leyendas que alguna vez visitaron la ciudad y lo tocaron. Entre estas firmas están las de Igor Stravinsky y Claudio Arrau.

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