Escenario
Sábado 04 de Octubre de 2008

Los nuevos directores de teatro copan el under y sueñan con llegar al gran público

Tienen entre 30 y 35 años, y hace más de 15 que se abocan de lleno al mundo del teatro. Conquistaron el privilegio de poder vivir del arte como profesión, y hoy son claros exponentes de un circuito alternativo al de las salas tradicionales.

Tienen entre 30 y 35 años, y hace más de 15 que se abocan de lleno al mundo del teatro. Conquistaron el privilegio de poder vivir del arte como profesión, y hoy son claros exponentes de un circuito alternativo al de las salas tradicionales. Allí donde no existen acomodadores, ni plateas preferenciales, escriben y dirigen sus obras sabiendo cómo captar la atención de un público que no emerge en cualquier parte. Lideran la taquilla del under y, en algunos casos, pujan por abrirse paso entre un auditorio masivo. No obstante, sus miradas sobre el territorio de la producción local e independiente son bien distintas, a pesar de que a ninguno le gusta trabajar para unos pocos. Y en eso sí coinciden: el factor público es determinante.

Matías Martínez reconoce que tras haber montado obras como "Main Karl", "Horacio amigo de Hamlet" o "Mabel", abordó una puesta más popular, de mayor llegada, porque estaba "agotado de hacer espectáculos para muy poca gente en circuitos donde hacía muchos años que venía trabajando". Así fue que asumió la dirección de "Esperando la carroza" con la esperanza de llegar a una audiencia masiva, ya que para Martínez el público, en su mayoría, prefiere la comedia y la rápida identificación, frente a una puesta desconocida o con altos tintes dramáticos.

"Estamos muy pendientes de que laburamos para el público, nadie trabaja para sí mismo o para tres o cuatro boludos. El problema actual es el público. En Rosario no hay público", sentencia Leonel Giacometto cuya formación proviene de la escritura de textos dramáticos, por lo que certifica que, en tal sentido, Rosario carece de buenos dramaturgos.

Para el autor de "Fingido", "Real", "Todos los judíos fuera de Europa" y "Desenmascaramiento —que se estrenó ayer—, a las tablas locales le faltan ideas. "La estructura del teatro rosarino viene de la creación colectiva y de un teatro con mucho olor a teatro adolescente", dispara Giacometto quien trabaja permanentemente entre Capital Federal, Santa Fe y Rosario.

Romina Mazzadi Arro es fundadora del grupo Hijos de Roche, con el que estrenó obras como "Hasta la exageración", "La viuda del ciclista", "Amilcar" e "Insoportable". Ahora pone en escena por segunda vez "Criminal", en el Centro de Estudios Teatrales, que durante varios meses funcionó a sala llena. Mazzadi Arro opina que en esta ciudad hay mucha gente talentosa, que eso puede verse en los festivales a lo largo y ancho del país, donde "Rosario realmente se destaca porque produce bien".

Sin rodeos dice también que Rosario se está volviendo pacata. "Si se le da poca pelota a las producciones locales y la gente va a ver «El champán las pone mimosas», entonces, ése es el público rosarino; que dejen de creer que tienen algo especial".

Giacometto, por su parte, asegura que la tan promocionada identidad del teatro vernáculo no existe, que en Rosario "se hace lo que se puede y hay un problema jodido que es que el artista no puede madurar".

Coordinados por Rody Bertol, desde el Centro Experimental Rosario Imagina se ha trabajado siempre en pos de la creación conjunta y atendiendo a un modo de producción que se acredita particularidades. Desde ese espacio, Federico Tomé empezó a hacer sus primeras armas en la dirección, a cargo de "Hotel Capricornio" (una obra con dramaturgia de Giacometto) y codirigiendo una puesta anterior, "Artificio Casamiento".

Para Tomé en cambio sí hay realmente un público cautivo del teatro alternativo, interesado en ese tipo de propuestas. Argumenta incluso que las puestas venidas de Buenos Aires, lejos de perjudicar a los grupos locales, terminan por hacerles un favor: "Genera una especie de incitación al público a salir a ver cosas, y en ese sentido hay gente que tiene cierta curiosidad; un día van a ver una cosa y otro día van a una sala más pequeña y también lo disfrutan". A Tomé la creación colectiva no le huele adolescente sino un modo de trabajo, parte de una dinámica donde hay más de una cabeza creadora.

Y mientras continúan las variadísimas búsquedas estética y narrativa, las adversidades son más homogéneas: hacer del teatro independiente un negocio rentable en Rosario parece casi imposible. No hay productores privados y los subsidios del Estado acarrean profundas polémicas. Entretanto, otros trabajan solos.

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