Escenario
Domingo 08 de Octubre de 2017

"Los desafíos nos mantienen vivos", reveló Luciano Pereyra

El cantante habló de su nuevo álbum, de los prejuicios y del valor de la disciplina en su trabajo. El 20 de octubre se presenta en Rosario.

Hay un ritual que no falla. Luciano Pereyra saca un nuevo disco y enseguida corta hits instantáneos. En las radios ya está sonando la pegadiza cumbia urbana "Como tú", y la balada "Es mi culpa" calza perfecto en la banda de sonido de la novela "Las estrellas". Esos son los primeros —y estratégicos— singles de "La vida al viento", el décimo álbum del cantante que comenzó su carrera hace casi 20 años. El disco se grabó en Estados Unidos, México y Argentina con músicos de diferentes países, bajo la producción del colombiano Andrés Castro, que ganó varios Grammy por sus trabajos con Carlos Vives. En la lista de canciones se combinan baladas con ritmos latinos, aunque hay un color folclórico que se mantiene con el sonido de charangos, quenas y sikus.

   Luciano Pereyra defiende esa fusión en su música, y está convencido de que no se pierde personalidad en la mezcla. "La esencia no se cambia, pero musicalmente se puede ir mutando", aseguró. El próximo 20 de octubre el cantante estará en Rosario para presentar "La vida al viento" en Metropolitano. El show es parte de una gira que ya tiene nueve funciones programadas en el teatro Gran Rex de Buenos Aires y que además recorrerá Latinoamérica. Antes de llegar a la ciudad, el músico habló con Escenario sobre la disciplina en su trabajo, su admiración por el boxeo y el vínculo inalterable con el público.

   —¿Cómo nació "La vida al viento"? ¿Buscaste diferenciarte de "Tu mano", tu disco anterior?

   —Sí, siempre estoy tratando de renovarme. El hecho de haber trabajado con otros autores y con otros músicos fue alimentando las canciones de otra manera y el concepto de este nuevo material. Trabajé con músicos de Cuba, Venezuela y México. Esa mezcla está reflejada en las canciones. Estoy muy contento con la reacción que tuvo la gente con este nuevo disco. La esencia no se cambia, pero musicalmente se puede ir cambiando, se puede ir mutando y agregando cosas nuevas. Eso es parte del sonido más urbano que tiene "La vida al viento".

   —El disco empieza con una cumbia. ¿De dónde vienen esas influencias?

   —De toda la vida, de lo que suena alrededor. De la cumbia santafesina. Cuando hablamos de folclore también estamos hablando de todo eso. La cumbia es parte de la música que se escucha cotidianamente. Vas a una fiesta y se escucha cumbia a full. Esos sonidos se van colando, son parte de mi cultura. Además, en la casa de mis padres, yo escuchaba todo tipo de música: desde Frank Sinatra hasta Los Wawancó, pasando por Los Fronterizos. Yo me crié con toda esa mezcla.

   —¿Es cierto que compusiste "Llegaste" escuchando un hip hop? ¿Cómo surgió ese tema?

   —Fue muy loco porque estaba en Nueva York y de casualidad escuché un hip hop que me encantó. Se me ocurrió que para los americanos eso también es folclore, entonces intentamos transformarlo como en un huayno, con el sonido de charangos, quenas y sikus. Me parece que todos los géneros en el fondo se relacionan y los podés llevar a una forma folclórica. La música se puede fusionar de muchas maneras y los resultados están en este disco. Fue muy dinámico y muy divertido el proceso de trabajo para este material.

   —¿Creés que el concepto de la palabra folclore se amplió en los últimos años?

   —Sí. Basta escuchar a Mercedes Sosa cantando "Un vestido y un amor", de Fito Páez. O a mi padrino Horacio Guarany cantando en ruso. O a Andrés Calamaro cantando tangos. Esos prejuicios se vienen rompiendo hace mucho, por suerte. Quizás también ha habido momentos en que se ha querido encasillar a los artistas, marcándote que si hacés un género no podés hacer otro. Pero creo que en ese sentido la música es sabia: sola se va abriendo y se va fusionando. Todos tienen la posibilidad de juntarse a hacer música, más allá de los géneros. Eso ya lo empezaron a hacer hace años los grandes precursores de la música nacional. Nosotros somos unos simples eslabones que tratamos de seguir aprendiendo y copiando de quienes son nuestros maestros.

   —En el disco hay una fusión de ritmos. En esa mezcla, ¿no se corre el riesgo de perder personalidad?

   —No, me parece que no. Riesgos hay en todo. Y si el riesgo es musical, ¿por qué no correrlo? Seguir creciendo y aprendiendo no es un riesgo, es una bendición. No me gusta limitarme y quedarme quieto en un solo lugar. Los desafíos son los que nos mantienen vivos.

   —La industria discográfica entró en crisis hace años y se está reformulando. Sin embargo vos seguís vendiendo discos y llenás todos los teatros. ¿Qué convierte a un músico en alguien realmente popular?

   —El vínculo que establece con la gente. Es un ida y vuelta muy especial. Uno entrega pero recibe mucho. La gente hace un gran esfuerzo para comprar un disco o una entrada para un concierto, pero yo desde el escenario veo el espectáculo más lindo: la gente cantando las canciones, emocionada. Cuando veo eso me siento bendecido. Todos los músicos soñamos con nuestro primer disco, y yo ahora estoy sacando mi décimo disco. Eso no tiene precio. También creo mucho en el trabajo, en perfeccionarme día a día. Yo sigo estudiando, sigo tomando clases de canto y de piano para entregarle a la gente lo mejor que puedo dar.

   —En una nota reciente dijiste que la disciplina para tu carrera es algo que aprendiste de tus padres. ¿En qué consiste esa disciplina? ¿Te cansa ser disciplinado?

   —Tengo mis momentos de estar desestructurado, por supuesto. No soy Mister Disciplina (risas). Mis padres son gente de clase media muy trabajadora, del interior. Para ellos no era fácil pagarme los estudios, entonces me enseñaron el valor de eso. Yo valoro que me hayan dado las herramientas para poder formarme como persona, como músico, como profesional. Ese es el trabajo que hicieron mis padres y se los voy a agradecer eternamente. Tengo disciplina en mi trabajo porque es parte de lo que me gusta hacer. Tengo mucho amor por mi trabajo. Es un privilegio trabajar de lo que me gusta. Entonces me cuido y trato de aprender. No creo en la suerte. Si hay un poco de suerte hay que acompañarla con sacrificio y con trabajo. Los resultados se consiguen por ese lado.

   —En el video de "Es mi culpa" participa el Chino Maidana. ¿Por qué decidiste ponerte en la piel de un boxeador en el video y por qué lo elegiste a Maidana?

   —A mí el boxeo me gusta muchísimo. Es una de las disciplinas físicas más completas que existen. Me encanta el entrenamiento y me encanta el deporte. Tenerlo al Chino fue un lujo. Lo llamé, le pregunté si quería participar en el video y de una dijo que sí. Se vino de Madrid a Buenos Aires a grabar el video conmigo y fue un honor. Es un campeón del mundo que peleó con Floyd Mayweather. El justamente me hablaba de la disciplina de su entrenamiento: se levantaba a las cinco de la mañana, iba a entrenar, corría en tal horario, dormía tantos minutos de siesta, tenía todo absolutamente reglado. Yo valoro mucho ese tipo de trabajo para lograr un objetivo.

   —Las redes sociales llevaron a los artistas a un nuevo nivel de exposición, ¿cómo te llevás con ese mundo?

   —Trato de llevarme (risas). Mostrarse tanto no me parece divertido. Yo aprovecho las redes sociales para comunicarme con la gente que sigue mi música, para mantenerlos al tanto de los shows y para agradecer. También me gusta postear cuando los clubes de fans hacen obras solidarias. Eso me parece importantísimo para que la gente se enganche a ayudar. Me parece que la cosa va por ahí: usar las redes para un fin solidario, para el bien común. Cuando en Luján tuvimos el problema de las inundaciones pudimos informar sobre el trabajo de diferentes asociaciones a través de las redes sociales. En las redes también hay mucha boludez, y gente que se larga a decir cualquier cosa, pero toda esa parte, la más frívola, no me interesa.


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