Escenario
Sábado 15 de Julio de 2017

Litto Nebbia a Escenario: "En esta profesión hay vanidad y desconcierto"

El músico acaba de editar "Mi banda sonora", un libro en el que bucea en su extensa obra, su infancia en rosario y sus convicciones

El músico acaba de editar "Mi banda sonora", un libro en el que bucea en su extensa obra, su infancia en rosario y sus convicciones

"Siempre habrá una melodía", le repetía el cantante de boleros Félix Nebbia a su pequeño hijo Litto. Esa frase quedó grabada en el músico que después se convirtió en el líder de Los Gatos y en el gran pionero del rock argentino. Y también es la idea que atraviesa al nuevo libro de Litto Nebbia, "Mi banda sonora", que acaba de ser editado por Aguilar. El libro no es precisamente una autobiografía: es más bien una colección de vivencias y anécdotas, y funciona además como una declaración de principios. El autor de clásicos como "La balsa", "Viento dile a la lluvia" y "Sólo se trata de vivir" empieza relatando su infancia en Rosario EM_DASHen un hogar marcado por las privaciones pero también por la música y el cineEM_DASH, y desde ahí va entrelazando historias sobre sus discos, sus viajes y sus incontables colaboraciones con otros músicos. En un puñado de capítulos certeros y combativos, Nebbia también habla abiertamente sobre su incansable lucha por los derechos de los compositores y contra los abusos de las grandes compañías discográficas.

Justo a 50 años de la edición de "La balsa", la canción que abrió las puertas del rock nacional, Litto charló con Escenario sobre los temas que aborda en su libro: la influencia de sus padres, los recuerdos de una Rosario que ya no existe y la voracidad de la industria: "No pueden seguir explotando y desvirtuando a la música", afirmó.

—En los últimos años editaste dos libros: "Una mirada" y "Mi discografía". ¿Qué te impulsó a escribir "Mi banda sonora"? ¿Qué querías rescatar especialmente en este libro?

—"Una mirada" es un libro de anécdotas y algunas entrevistas, que no tuvo desarrollo editorial, ni siquiera la mínima corrección literaria, salvo mi particular visión. "Mi discografía" no es un libro realmente. Es un gran cuaderno que detalla obsesivamente toda mi discografía hasta finales de 2013: discos solistas, sesiones, producciones y convites, y conforman un listado de 586 discos. Es algo interesante para el coleccionista o seguidor de mi trabajo. "Mi banda sonora", en cambio, es en verdad el primer libro que me pongo a escribir, corrigiendo, mutando y releyendo. Escribí diversas crónicas durante dos años y al sobrepasar las 300 páginas me puse a compaginar el material como si fuera el montaje de un filme.

—Tu papá era cantante y tu mamá era concertista y profesora de piano. Tu infancia estuvo rodeada de música. ¿Creés que estabas predestinado a ser músico? ¿O podrías haber elegido otro camino?

—Creo que era imposible que no fuera músico, habiendo vivido prácticamente desde mi nacimiento en ese mundo de ensueño con la música y el cine. A esto sumale que mis padres al toque advirtieron que yo tenía condiciones, buen oído, inventiva para las melodías y el canto...

—En el libro hablás mucho de la relación con tu padre, un tipo "talentoso, intuitivo", pero con una "tendencia autodestructiva", un jugador empedernido. ¿Qué aprendiste de él? ¿Cómo marcó tu vida?

—Entre otras cosas aprendí el concepto de la originalidad, el riesgo por algo en lo que uno cree, el buen gusto por las melodías. Pero todo esto él lo mostraba naturalmente, a pesar de que no fue consecuente para llevar adelante su vida con los propósitos nobles en que creía. Fue un ser con mucho talento que se extraviaba con facilidad. Lo mejor que podía transmitirte jamás lo usaba para él.

—En el primer capítulo escribís: "Rosario siempre fue una tierra de adversidad, llena de encuentros y desencuentros". ¿A qué te referís con esa expresión?

—Rosario es un lugar muy especial. Te da mucho a nivel sentimiento e identidad. Pero también te da la adversidad. Tenés que esforzarte mucho para salir adelante, para sobresalir, porque si te quedás sin hacer nada siempre está el asunto de que "sos de Rosario". Creo que esto no es exclusivo de nuestra hermosa ciudad, sino que sucede en muchos lugares del interior de nuestro país. Es increíble lo que pasa: cuando lográs un poco de éxito, el primer lugar en el que están orgullosos es donde naciste, pero al inicio, cuando estás gestando lo tuyo, el único lugar donde nadie prácticamente te presta atención es justamente el lugar donde naciste (risas).

—En el libro recordás con detalle los cines Belgrano, San Martín y Sol de Mayo, y las películas que veías ahí. ¿Sentís nostalgia por esa ciudad que ya no existe? ¿Qué sentís ahora con respecto a tu pasado cuando recorrés Rosario?

—Tengo esas imágenes guardadas en mi corazón. Gracias a Dios no he perdido nada de esa épica, no sólo de los recuerdos, sino de la actitud conceptual, de vivir y disfrutar de esa manera con el arte y la vida. El otro día le contaba a un amigo sobre los cambios en el tiempo... Cuando voy a Rosario me compro unas camisas raras coloridas en el negocio que tiene la mujer de Fabián Gallardo. Pero resulta que, cuando yo tenía 14 ó 15 años, iba a ese mismo local todos los miércoles a comprar el ejemplar del "Melody Maker", donde salían las primeras noticias del Mersey Beat de Inglaterra, y allí leía sobre The Kinks, The Zombies, Them y pila de cosas que hoy son valoradas internacionalmente. En ese momento sólo las consumíamos yo y mi loco amigo Cacho Marchetti... Eramos como dos marcianos.

—¿Seguís yendo al cine en la actualidad? ¿El cine sigue siendo una inspiración para tu música?

—Voy muy poco al cine, se ha tornado dificultoso movilizarse. Pero además, las series han ocupado mi actividad cinematográfica ahora. Creo que las series han llegado para que el cine no desaparezca. La preocupación comercial y los millonarios presupuestos han hecho que la calidad de las películas deje mucho que desear. Sólo en algunas series podés encontrar un buen desarrollo de personajes, guiones ingeniosos y esa cosa artística que hoy día ya el cine no tiene. Muchas cosas que suceden en series como "Homeland", "The Americans", "House Of Cards", "Ray Donovan" o "Game Of Thrones" están al nivel del mejor cine de los años 60 y 70.

—Siempre luchaste por los derechos de los músicos, y sobre ese tema te extendés en el libro. ¿Por qué pensás que a algunos músicos todavía les cuesta plantarse ante las discográficas y los empresarios de espectáculos y exigir mejores condiciones?

—En esta profesión hay mucho amor, corazón y talento, pero también hay mucha ignorancia, vanidad y desconcierto. A muchos músicos les han hecho creer que cuidar sus derechos les puede hacer perder su "inspiración". Quien inventó eso la hizo bien. Es lo mejor para que alguien esté distraído y abusen de él. La profesión de músico es una de las más desprotegidas. Recién hace aproximadamente un año se creó el Inamu (Instituto Nacional de la Música) y la gente que lo maneja es bárbara. Pero no existía esto. El teatro tenía la Casa del Teatro y el Cine el Incaa, su instituto, pero la música nada. Hay músicos que no saben siquiera dónde queda Sadaic (Sociedad de Autores y Compositores). No saben que es Aadi (Asociación de Intérpretes). No saben si les conviene poner su música en una Editorial. Y como esto, docenas de asuntos... El músico tiene que tomar conciencia de sus derechos, porque ¿de dónde saldrá el dinero cuando precise comprar un nuevo instrumento? ¿O pagar la luz, el gas y la cantidad de impuestos que tiene que enfrentar la ciudadanía?

—Con el avance de Internet y la divulgación de la música on line. ¿Creés que las discográficas ahora tienen menos poder? ¿O no cambió nada?

—La industria discográfica sigue teniendo todo el poder de siempre, sino más. Pero sucede que también tienen cada vez más desprestigio internacionalmente. En los años 60, para un grupo que recién aparecía, era una gloria si era contratado por alguna de estas discográficas. Ahora cada vez más existe por suerte la producción independiente. La industria deberá aggiornarse comercialmente, en el mejor sentido del término. No pueden seguir explotando y desvirtuando a la música. Y me refiero a la verdadera música, que en parte es con la que se hicieron millonarios y poderosos en todo el planeta. Hay numerosos ejemplos de lo que está sucediendo: The Beatles ha sido un número artístico que les ha hecho y les hace ganar millones a la industria. No puede ser que más de 50 años después Paul McCartney tenga que estar haciendo una demanda a Sony para recuperar sus canciones.

—Vos no quisiste ceder tu canción "Viento dile a la lluvia" para la serie "Breaking Bad". ¿Cuál es la historia detrás de eso? ¿Es cierto que te ofrecieron 3.500 dólares?

—Me ofrecieron mucho menos que eso, con el argumento de que me podía hacer "conocido" en Estados Unidos. Son tremendos e irrespetuosos. Los mandé al diablo, lógicamente. Te ofrecen arbitrariamente un dinero en concepto de derecho internacional, del cual se lleva una parte la productora (Sony), otra parte la editorial (Warner Chappell) y luego de impuestos y etc. no te queda nada... Menos mal que uno es el autor de la canción (risas).

—En "Mi banda sonora" admitís: "Muchos me han acusado de ser bravo o calentón". ¿Vos te ves así? ¿Sentís que te han pasado factura por defenderte frente a la industria?

—Soy una persona que cuando siente algo injusto o recibe mal trato, reaciono y me defiendo. De igual manera, cuando no estoy de acuerdo con alguien, soy franco en hacer mis comentarios, para que no haya confusión. Desgraciadamente, muchas veces, para algunas personas en el ambiente, eso quiere decir "bravo y calentón" (risas). Por supuesto que si no querés tener problemas absolutamente con nadie, tenés que aceptar de una todo lo que te propongan. Pero no es mi manera.

—En el libro hay un capítulo muy interesante: "El poderoso amor de la verdad (al rescoldo)", donde respondés a algunos agravios. Ahí contás la historia de "La balsa", que tuvo una participación muy mínima de Tanguito, y sin embargo el mito y la leyenda le reconocen un aporte más grande. ¿Cómo era tu relación con Tango? ¿Pensás que su obra o su figura están sobredimensionados?

—Mi relación con Tanguito era inexistente. Era un chico muy complicado desde su hogar y siempre estaba haciéndose daño tomando porquerías. Pero él no es responsable del mito y la leyenda, y tampoco de la calumnia que en algún momento tiraron sobre mi persona (que no era el verdadero autor de "La balsa"). Los responsables están marcados claramente en ese capítulo de mi libro. Todo el mito montado sobre Tanguito forma parte del negocio que hay alrededor de la necrológica del rock. Y comen muchos ineptos de ahí.

—"La balsa" ya es un símbolo. Pero tiene 50 años y todavía se mantiene fresca en las diferentes interpretaciones. ¿Por qué creés que ha soportado tan bien el paso del tiempo?

—Es una cuestión de destino y también del valor original que tiene la canción, no sólo su composición, sino la interpretación que hicimos con el grupo. Fue una cosa novedosa que no existía en ese tiempo: ningún grupo sonaba así, nadie cantaba con mi estilo. Todo eso abrió la puerta a que la canción se comenzara a hacer muy popular. Y cuando un tema "la pega", como dicen, eso no lo para nadie. Luego la canción ha tenido la suerte de ser recogida generación tras generación, cantada internacionalmente, y eso no ha parado nunca. Es una canción que se la escucha sincera y natural. No es como los hits de otras épocas, que pueden ser recordados nostalgiosamente. Aquí el protagonista del tema sigue siendo actual para el mundo de hoy: es alguien que está cansado del exceso de materialismo y de la violencia diaria.

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