Escenario
Sábado 10 de Junio de 2017

"La vida es un eterno retorno"

El cantante y guitarrista habló de su último disco, "Transformación", y reflexionó sobre el paso del tiempo a 30 años del álbum debut de Don Cornelio, su primera y mítica banda. Hoy se presenta en la Plataforma Lavardén.

Hace exactamente 30 años, Palo Pandolfo se sumaba a la historia del rock argentino con el álbum debut de Don Cornelio y la Zona, su primera banda. Ya desde entonces quedaba claro que su figura iba a destacarse: el cantante y guitarrista construyó una estética propia, intensa y rockera, poética y política, que se reflejó en canciones inolvidables de Don Cornelio y Los Visitantes, y también en su carrera solista. "Transformo mi pasado, por eso esto vivo", canta Palo en "Ojos del mañana", uno de los temas de "Transformación", su último disco, que se editó el año pasado. Y él sabe mucho de mutaciones: del post punk oscuro de fines de los ochenta pasó a lo rioplatense y al ritual criollo, para después volver a un rock sensible, entre visceral y místico. Esa es justamente la impronta que tiene "Transformación", su segundo álbum junto a su banda La Hermandad, que lo encuentra nuevamente en un estado de gracia.

Pandolfo regresa hoy a Rosario para presentarse con su grupo, a las 22, en el Gran Salón de la Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento). En el show mostrará sus nuevas canciones y también repasará temas de los 80 y los 90. Antes de llegar a Rosario, en charla con Escenario, Palo habló de las influencias de David Bowie y Lou Reed en su último CD y recordó la grabación del mítico primer disco de Don Cornelio: "Nos topamos con todos los demonios del rock and roll en un mes", aseguró.

—Ya llevás un tiempo presentando "Transformación", que fue muy elogiado por la crítica. ¿Cuál es tu balance del disco?

—Me parece que en este disco está bastante equilibrado lo que es la búsqueda de la fuerza y la búsqueda de la calidad. Buscábamos esa vibración de la banda en vivo pero compartida en el estudio. Al disco lo grabamos en cuatro días después de más de seis meses de preproducción y de ensayos. Así pudimos llegar al estudio cancheros para poder grabarlo en vivo. Hay temas como "Sonido plateado", "El conquistador", "Galáctica" y "Ojos del mañana" que son bien pesados. Y también hay algunas canciones más pop rock como "Morel" y "Niña de metal". Lo interesante del disco es también la postproducción, porque trabajamos con muchos invitados: con coros, cuerdas, saxos, teclados... Estuvieron Hilda (Lizarazu), Los Tipitos, Ricardo Mollo... Creo que eso le dio belleza y contundencia de sonido.

—Cuando uno lee el título "Transformación" lo primero que recuerda es el "Transformer" de Lou Reed, que es un disco maravilloso. Y en la tapa vos aparecés maquillado, con un look cuasi glam, y eso también remite a David Bowie. ¿Qué influencia tienen estos artistas en tu carrera?

—Mucha. A Bowie lo empecé a escuchar en los 80. Antes no lo escuchaba mucho. Escuchaba más a Zeppelin, a Yes, a Crimson y al Genesis de Gabriel. Con Bowie empecé con "Let's Dance" y "Scary Monsters", y después llegué a toda su discografía de los setenta. Bowie para mí es un número uno como influencia, en la manera de encarar la carrera de un artista pop. Recién estaba colgado mirando videos de Lennon en YouTube. Creo que Lennon fue el gran maestro de toda mi generación, a nivel del rock anglosajón. Y después viene Bowie. A mediados de los 80 también conocí a la Velvet. El disco de la banana ("The Velvet Underground & Nico") me partió la cabeza. Pero primero lo conocí a Lou Reed. Me compré el cassette de "Mistrial", en el 86, y después llegué a la Velvet y morí. Y me hice fan de Lou Reed. Velvet es un grupo muy estimulante, muy inspirador y te hace sentir como un recareta (risas). Lo que hacen ellos es muy extremista, es de un juego de libertad asombroso. Cuando se me ocurrió el título de "Transformación" también pensé en "Transformer", y me dije a mí mismo que eran muy parecidos, pero después pensé "mala leche" (risas). Igual la palabra "transformación" aparece en varias letras del disco. En "Ojos del mañana" canto "transformo mi pasado, por eso estoy vivo". Y en "Niña de metal" escribí: "Para los santos, vida es transformación".

—Tus dos últimos discos son muy intensos. La palabra "intensidad" está ligada a toda tu carrera. ¿Creés que hay que pagar un precio por ser intenso?

—Todo se paga en esta vida (risas). Todo lo que das recibís y todo tiene un precio. Tus dones te dan y te quitan. Pero sí, hay que pagar un precio por la intensidad, aunque no sabría decir bien cuál. Imagino que hay gente que me tiene miedo (risas). Me han llegado comentarios del tipo "Palo es bravo". Como que tengo una fama de bestia. En realidad yo soy una persona bastante sensible, cuasi intelectual, leo como loco. La intensidad es una búsqueda de trance, un trance del tipo chamánico. Y a veces mucha intensidad asusta.

—Este año se cumplen 30 años del primer disco de Don Cornelio. A los que escuchamos temas como "Ella vendrá" y "Tazas de té chino" por la radio esa cifra nos da un poco de vértigo. ¿Cómo tomás vos el paso del tiempo?

—Son etapas. Yo soy muy numerológico. Vengo analizando el horóscopo chino desde hace 25 años. Son ciclos que van pasando. Para mí la vida es un eterno retorno, al decir de Nietzsche. En el mejor de los casos en esa cosa circular vas ascendiendo. Vas a volver al mismo punto pero un poco más elevado, si hacés un trabajo para no quedarte en los mismos vicios y las mismas taras. Yo tengo 52 años, pero a mí me gusta mucho la etapa de los 40. Para mí la vida empieza a los 40, y eso tiene que ver con las elecciones conscientes. Uno a partir de los 40 puede elegir algo conscientemente, que no sea una bola de impulsos. Uno sabe lo que le gusta, lo que le conviene, lo que lo hace vibrar en armonía con la naturaleza. Lo terrible es cuando hacés algo a los 22 años y después toda la vida tenés que sostenerlo, como me pasó a mí con Don Cornelio. Lo bueno es que Don Cornelio es maravilloso (risas). Creo que formar La Hermandad pudo haber tenido un poco de relación con Don Cornelio. Yo dije: armemos una banda de rock que busque la vanguardia, en lo posible, y tratemos de buscar un sonido propio a través de la comunión entre los integrantes, en las ganas de estar juntos, de ensayar y de ir de gira, o de armar un asado. Me refiero a buscar un grupo humano además de una banda de rock.

—¿Cómo recordás la grabación del álbum debut de Don Cornelio?

—Fue una experiencia reveladora. Eramos unos jóvenes de barrio muy inocentes. Y en la grabación nos topamos con todos los demonios del rock and roll en un mes. Fue como crecer de golpe. Por otro lado éramos gente del barrios del sur de Buenos Aires. Eramos de Flores, Floresta, Devoto... El rock argentino, hasta ese momento, era bastante de zona norte de Capital. Fue como un choque sociocultural. En un momento nosotros dijimos: "El rock argentino es cheto" (risas). Todo ocurría en la zona norte. Creo que "Patria o muerte" (el segundo disco de la banda) fue también una reacción a eso, una reacción arlteana. ¿Viste la disyuntiva Florida-Boedo? Yo creo que en Don Cornelio se cristaliza un poco esa disyuntiva. Eramos gente del sur y de los barrios que se topa con una inteligentzia de una clase media alta. La grabación en sí estuvo plagada de momentos felices en lo artístico, de darse vuelta y quedar reloco, en el sentido de expresar cosas que ni sabías que podías sacar. Tengo muchos buenos recuerdos. Las grabaciones terminaban a altas horas de la madrugada y quedábamos siempre los mismos: Andrés Calamaro (el productor del disco) y yo (risas). Los dos nos íbamos caminando desde el estudio Panda, en Floresta, hasta nuestras casas. Caminábamos un montón de cuadras juntos. Ahí me hice amigo de Andrés, porque cuando vos caminás con alguien por la calle y dialogás a las cuatro de la mañana te terminás hermanando. Yo tenía 22 años, era muy virgen, y Andrés me desvirgó un poco (risas).

—A través de la escena actual del rock argentino, ¿cuál creés que es el principal legado de Don Cornelio?

—Creo que Don Cornelio marcó una huella con una estética bastante personal. Me parece que todo el rock de los 90, lo que se llamó rock barrial o chabón, está influido por "Patria o muerte". Cuando salió "Patria o muerte" nadie lo entendió, pero los músicos sí lo entendieron. Yo lo veo en esa cosa visceral y polenta de Los Piojos y La Renga, que antes mucho no existía en el rock argentino. Con los años también sentí influencias de Don Cornelio en Viva Elástico, que está en esa línea de darkie-post punk, bien ochentoso.

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